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En 2007 se anunciaba la contratación de Tim Burton por parte de los estudios Disney para el rodaje de dos filmes, Alicia en el país de las maravillas y Frankenweenie (basada en un corto de Burton realizado en 1984). En relación con el primer proyecto, Alicia en el país de las maravillas, parece ser que el realizador quiere mantener la naturaleza clásica de la obra de Lewis Carroll pero dándole cierta frescura y llevándola al terreno de la iconología personal del autor de Eduardo Manos Tijeras.
No sabemos el porqué pero hay un deseo en la crítica cinematográfica por encontrar nuevos directores a los que inmediatamente se les califica de autores respetables. Parece que una o dos películas bastan en estos tiempos de rapidez consumista para encumbrar la figura del director. En este contexto sus obras son aplaudidas o denostadas por una parte de la crítica. Un personaje que encaja como un guante en este modelo es James Gray (Nueva York, 1969), guionista, director y productor norteamericano, estudió en la School of Cinematic Arts, un instituto cinematográfico dependiente de la University of Southern California (que cuenta entre sus ex alumnos a gente del cine como George Lucas o Ron Howard).
En su siguiente obra, Gray insiste con un filme de temática similar, La otra cara del crimen (2000). En este caso, un hombre que ha salido de la cárcel intenta retomar su vida apostando por la honradez pero el entorno criminal en que se mueve la familia no es el camino más adecuada. Una vez más la familia se constituye en el marco referencial donde encaja el argumento. La otra cara del crimen es la película donde ya podemos observar las pautas temáticas que guían el trabajo artístico de James Gray: un personaje masculino que debe luchar contra su entorno y donde el peso familiar se convierte en el detonante de situaciones trágicas. Pero junto a aspectos temáticos comunes también encontramos una tendencia a la inverosimilitud de los argumentos que termina desacreditando el resultado final, un hecho que en el caso de James Gray es más punible pues él es el autor de todos sus guiones. El problema principal es que el filme se ve correctamente pero conforme se va desplegando la historia el espectador percibe las grietas de la narración.
El ejemplo más claro de este problema lo podemos apreciar es su obra más reconocida, La noche es nuestra (2008). Otra vez un thriller que ambientado en las disputas entre la policía y la mafia, donde un hermano pertenece al cuerpo de la policía siguiendo la tradición paterna (Mark Wahlberg) y otro está implicado en el entorno criminal (Joaquin Phoenix). Al final, como en todos sus filmes, aparece la figura del hijo pródigo que se ve en la obligación de retornar al hogar para salvar el honor familiar. En La noche es nuestra, la falta de coherencia en el guión es ya palpable y resulta muy difícil de entender cómo es posible que un personaje pueda estar integrado en la mafia sin que los criminales sepan que su familia (hermano y padre) pertenecen a la policía como oficiales destacados.

Continuando con el análisis de escenas cinematográficas de interés y aprovechando que estos días se ha hablado del 40 aniversario de la llegada del hombre a la Luna se ha citado frecuentemente la película 2001, una odisea del espacio, y hablando de esta película no podemos pasar por alto el mejor ejemplo de elipsis. La elipsis es una figura gramatical que consiste en la supresión de una o más palabras en una frase, sin que esta eliminación suponga una pérdida de significado.2001, una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1969)
Afortunadamente el cine está plagado de este tipo de efectos. En el cine español tenemos una de las elipsis más hermosas que se puede ver en una pantalla. En la película El sur de Víctor Erice, el director utiliza una elipsis para mostrar el paso de los años representado el crecimiento de la protagonista que pasa de niña a adolescente. Para este caso Erice utiliza dos planos encadenados donde la niña se va por una alameda con la bici y en el siguiente plano, fundido con el anterior, nos muestra su regreso donde vemos que ha ha crecido. En esta escena se juega con los colores, el sonido y la profundidad de campo que se acrecienta por el efecto de los árboles, además de incorporar el perro que es un elemento más para insistir en el paso del tiempo . Pero lo más bonito de esta escena es que el director refuerza el efecto con ese fundido que a la vez que enlaza el espacio (un mismo plano en un mismo sitio) mientras escenifica el salto en el tiempo.El Sur (Víctor Erice, 1983)

Durante años, fue el Congreso internacional de música de cine de Valencia el punto de encuentro habitual para los forofos de las bandas sonoras, los analistas o, sencillamente, los aficionados que querían disfrutar de la presencia de unos músicos de primera línea y de algún concierto de alto nivel.
El verano es una época ideal, por aquello del tiempo libre, para recuperar películas o libros olvidados. Ahora que en Encadenados estamos revisando los clásicos para el especial de John Ford, he recuperado un film que tenía olvidado por casa que me ratifica el valor del cine clásico. En este caso es Un marido en apuros (el título original es Rally 'Round the Flag, Boys!), una película de 1958, la penúltima que dirigió Leo Mc Carey. Guionista y director americano que cultivo con frecuencia el género de la comedia.




Tanto desde el sector profesional cinematográfico como desde diferentes artículos de prensa se viene reivindicando el factor incentivador que está teniendo de cara a la taquilla las nuevas películas en 3D, películas que desde hace algún tiempo tenemos posibilidad de ver en los cines de las grandes ciudades. Parece que, de momento, es la única acción posible para atraer público a las salas combatiendo la piratería en Internet.
