miércoles, 7 de abril de 2010

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Crítica Soul kitchen

Comedia sin gracia 1 2 3 4 5
Escribe Marcial Moreno

Cartel Soul kitchen
No es fácil hacer una película después de Al otro lado. Fatih Akin, su director, parecer haberlo tenido claro, o al menos la realidad le ha llevado a esa inexorable convicción, y en lugar de intentar un remedo que difícilmente saldría airoso al compararse con la obra precedente, y que por tanto asumiría de entrada cierto aire de decepción, ha optado por cambiar el enfoque y realizar una comedia. No es que la apuesta suma un riesgo menor, pero al menos parte de una posición más original en cuanto a la valoración que de ella se haga.

Tampoco es que se haga tabla rasa respecto a todo lo anterior. Las claves del director alemán de origen turco continúan presentes aunque el tratamiento haya variado. El género le obliga a restar gravedad a los asuntos, a adoptar una mirada más distanciada y a relativizar el dramatismo de sus anteriores propuestas, pero eso no evita que continúe nutriendo el núcleo de su relato con los problemas de una ciudad (Hamburgo) multicultural en la que las relaciones entre sus habitantes, aún no siendo del todo conflictivas, se muestran ásperas e incómodas. Todo ello en el marco de una transformación social que refleja en el microcosmos elegido para contar su historia un ámbito de resonancia mucho más vasto, y que acompaña lo humano con lo físico, dando protagonismo no sólo a los personajes, sino también al barrio en el que habitan, el cual sirve de espejo en que la vieja Europa y sus orillas son invitadas a mirarse.

Soul kitchen
El cambio de registro no impide tampoco reconocer alguna de las marcas estilísticas del autor. Es el caso de la relevancia otorgada a la música, que como en casos anteriores se nutre de tradiciones dispares para acabar construyendo una amalgama en la que todo convive sin contradicción, acorde con la propuesta cultural que la película nos plantea. O lo es también la idea de tránsito, que tan magistralmente expresaba en su anterior película a través de los trenes que constantemente seccionaban la pantalla, y que son retomados aquí con una presencia insistente.

Pero hacer una comedia, y que funcione, requiere algo más. Requiere ante todo un guión férreo, en el que las situaciones cómicas se dosifiquen adecuadamente, en el que el ingenio no se deje vencer por la grosería, y en el que los tópicos, si existen, reciban un tratamiento cuanto menos original. Y casi nada de esto sucede aquí. Lo cual no hace sino demostrar las dificultades intrínsecas del género, y no sólo la falta de pericia de quien en este caso lo aborda. Y lo decimos porque Akin demostró sobradamente en Al otro lado su capacidad como guionista, y así se le reconoció entre otros en el Festival de Cannes. Sin embargo de aquellos logros no queda ahora rastro. En su lugar nos aparece una historia manida y sin gracia, nutrida de gags repetitivos y caracteres gritones, llena de lugares comunes y con una hilación argumental que avanza a golpes injustificados, incoherentes. ¿Qué es si no el uso y abuso de la hernia discal del protagonista, o su actitud vociferante a lo largo de toda la película, o la súbita transformación, vía enamoramiento, del hermano, o el absurdo robo, como si de un kiosco callejero se tratase, en la oficina del especulador inmobiliario? En cierto modo la película peca de cierto desprecio hacia el espectador, por cuanto da por supuesto que aceptará cualquier ocurrencia que le presente, quedando absuelta de este modo de todos los excesos que pueda cometer. Y son muchos.

Soul kitchen
Queda además cierta sensación de desaprovechamiento de los personajes. Cuando son tratados de manera esquemática, como aquí ocurre (aunque en ocasiones los esquemas se sucedan unos a otros en el seno del mismo personaje. Véase el caso de Ilias, el hermano del protagonista), la decepción no surge sin más de lo que vemos, sino de lo que podría haber sido la película en manos más sabias. El desarrollo de alguno de ellos, como el cocinero o la novia que viaja a China, es casi nulo, aunque inicialmente prometían mucho más.

La comedia inteligente que cabría esperar acaba convirtiéndose en un intento burdo de hacer comedia, carente de cualquier atisbo de complejidad, y que sustituye la acidez y finura que ha consagrado al género por una sucesión de tonterías que en ocasiones llegan a resultar ofensivas para la inteligencia del espectador. Algo parecido a la muerte de éxito.


1 comentario:

  1. Además es una película muy blandita, que se va haciendo cada vez más artificial, buscando el happy end.

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