domingo, 31 de enero de 2010

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Crítica de Un tipo serio


Libertad, determinismo y caos. 1 2 3 4 5
Escribe Ángel Vallejo


Cartel de Un tipo serio

Un tipo serioHace pocos días nuestro compañero Juan Ramón Gabriel escribía sobre la película que nos ocupa. Redundar en lo ya dicho es tarea más que banal, dado que comparto fundamentalmente su criterio y su opinión sobre esta extraña y a la vez excelente película de los Coen, que retrotrae tanto al particularísimo universo religioso/cultural de su educación hebraica como a la renovadamente esperpéntica perspectiva de algunas de sus más logradas realizaciones.


Sin embargo me gustaría llamar la atención sobre uno de los términos que Juan Ramón empleó y que en mi opinión vino a señalar lo más enjundioso de la misma: su carácter ontológico. Para los no versados en términos filosóficos, semejante palabro no viene a decir otra cosa que en ella se remite a las condiciones del “ser” mismo, algo por lo demás nada extraño en una película de tan profunda (e irónica) carga religiosa.


Así pues, cuando se nos introduce en la historia principal por medio de una especie de parábola aparentemente desgajada de la misma, hemos de tener en cuenta esta premisa: en ambas se nos habla de la vida y la muerte, de las consecuencias de nuestras acciones, de realidad y apariencia, de religión y de ciencia. Del ser, en una palabra y de las dudas que nos asaltan mientras somos.


Larry Gopnick, el protagonista de la película, se enfrenta a esas dudas desde la perspectiva de un profesor de física teórica de la universidad a punto de obtener su plaza. El problema de la perspectiva es central, y a ello remitirá uno de sus consejeros espirituales. Gopnick vive en un sistema cerrado (la comunidad judía) en el que todo parece funcionar a la perfección hasta que (según el físico Boltzman casi inevitablemente) la entropía o tendencia al caos y el desorden, aumenta. Así, su matrimonio comenzará a degradarse, su hermano no cesará de buscarle problemas, sus hijos abusarán de la escasa autoridad paterna y sus estudiantes pretenderán no se sabe bien si sobornarle o hacerle chantaje. Cuanto más intervenga dentro de ese sistema cerrado, acudiendo a rabinos que nunca acaban de aclararle las cosas, más aumentará la entropía.

En esa tesitura no es extraño que a Gopnick le aceche la incertidumbre: su pretensión de ser un tipo serio se halla constreñida por sus dudas sobre si es un sujeto libre o todas sus acciones se hallan determinadas por HASHEM (el nombre que emplean los hebreos para referirse a Dios sin nombrarlo) con un propósito desconocido. Subrepticiamente, los Coen vuelven a bromear con los conceptos introduciendo a Heisenberg, otro de los más famoso físicos del pasado siglo cuyo teorema esboza Gopnick en la pizarra. Heisenberg prefería el concepto indeterminación al de incertidumbre, menos alejado de la racionalidad científica; no obstante, el nombre del principio que le hizo pasar a la historia conserva caprichosamente las dos acepciones y la película juega muy bien con la menos académica: aún cuando ese principio refería al comportamiento de las partículas subatómicas, su fuerza explicativa fue tal que no se dudó en extrapolar sus predicciones a lo macroscópico. Trasladado al ámbito de la moral o de la simple acción humana, el indeterminismo viene a decir que nuestras decisiones no están prefijadas: dependen del capricho de lo infinitesimal y son fruto en última instancia del azar. Ni siquiera HASHEM puede decidir sobre nuestras actuaciones; a lo sumo puede estadísticamente preverlas.

Lo quisiera o no Heisenberg, al inseguro ser humano le acomete la incertidumbre cuando constata que sus acciones son más bien fruto del azar indeterminista que de la inapelable decisión divina. No hay respuesta para Gopnick en el cerrado sistema religioso judío. Necesita un cambio de perspectiva y quizá Schrödinger, el último gurú de la mecánica cuántica pueda ser quien se la proporcione.

Un tipo serio
¿Está vivo o muerto el rabino del prólogo?¿Y el gato de Schrödinger, acosado por la doble posibilidad del azar indeterminista? Sólo cuando tomemos la decisión de mirar dentro de la caja del gato o de apuñalar al rabino, resolveremos la parábola/paradoja; hasta entonces, nos hallamos en la inquietante ambivalencia de considerarlos muertos y vivos a un tiempo.

Decidirse, actuar, cambiar la perspectiva tal y como le aconseja el joven rabino es lo que le hace ampliar las fronteras del viejo sistema familiar/religioso, introduciendo nuevas variables como los escarceos con la vecina y las drogas, para terminar con la verdadera apertura del sistema cerrado simbolizada en el sobre de su escritorio.

Aunque como sugiere Ilia Prigogine ello puede tener consecuencias imprevisibles: En teoría de sistemas abiertos e interrelacionados, el aleteo de una mariposa en Korea puede desencadenar un tornado en los Estados Unidos. En la última de sus bromas científicas, los traviesos hermanos se atreven con la teoría del caos. Pequeños actos pueden tener imprevisibles consecuencias: el derrumbe de la integridad personal con la apertura del sobre compromete a todo un país, y ello nos proporciona quizá la última de las claves de la película, su carácter moral y en última instancia político.

Como bien sugiere Juan Ramón, no puede ser baladí el hecho de que la bandera norteamericana se agite impotente frente a la tempestad que se avecina. La incapacidad de los ciudadanos y sus representantes de contemplar con perspectiva global los problemas le ha llevado a encararlos en absoluta soledad. Aquéllos se corrompen y estos apenas aportan soluciones. Los más importantes rabinos se ocupan de minucias de adolescentes mientras sus fieles se traicionan unos a otros.

Los Coen han vuelto a diagnosticar con precisión matemática aunque un tanto hermética los males que aquejan al país más poderoso del mundo y a sus habitantes, sin dejar apenas títere con cabeza: hay leña para las nuevas generaciones, para las viejas, para la América profunda (sus vecinos) y para la clase intelectual (abogados y profesores) y sobre todo económica; el hermano que se ocupa de problemas absurdos sólo para ganar dinero en los casinos, al modo de los brokers de Wall street es un ejemplo claro de esa élite inmadura y codiciosa.

Un tipo serio


La película sigue así la senda marcada por No es país para viejos y en menor medida Quemar después de leer, haciendo un retrato descarnado de la nueva (in)moralidad estadounidense. Han tenido, eso sí, la delicadeza de hacerlo desde una perspectiva nada complaciente, ni por supuesto, sencilla. Los grandes problemas requieren de grandes y complejas soluciones y de un importante grado de compromiso. Que los artistas diagnostiquen, es el quizá primer paso para alcanzar la senda de la curación.

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Crítica de Garbo el espía

Superhéroe por accidente 1 2 3 4 5
Escribe Marcial Moreno


Cartel de Garbo el espía
Contar la historia (real) de los agentes secretos acarrea una dificultad añadida derivada de la naturaleza de lo que se cuenta. El carácter evanescente del protagonista de la historia obliga bien a una exhaustiva investigación adicional que fije los detalles de lo ocurrido, bien a rellenar con altas dosis de creatividad aquello que a pesar de todo permanece indefinido.

En Garbo el espía esta dificultad no sólo está presente sino que, a la manera del yudoca que aprovecha en su propio beneficio la fuerza del contrario, se eleva a protagonista del filme. La imposibilidad de mostrar imágenes de lo que se quiere contar se transforma en una representación de la ficción misma, de la mentira que constituye la esencia de los agentes dobles.

Y qué mejor plasmación de lo irreal, si de películas hablamos, que el propio cine. A falta de un acceso directo a la realidad se intenta penetrar en ella mediante la apología de la mentira: se trata de contar la historia del espía utilizando imágenes de películas que por sí mismas nada tiene que ver con lo narrado, pero que si delatan, indirectamente, su naturaleza. La simulación y el engaño, la traición a la verdad, el fingimiento convincente, es la tarea de Garbo, y al mismo tiempo es la idiosincrasia del cine. Garbo, como cualquiera de su profesión, es el cine, y por lo tanto qué mejor herramienta que las películas para darnos noticias suyas. Películas que, además, aparentan referirse a Garbo cuando en realidad hablan de otra cosa: ficción sobre ficción, doble engaño. Agente doble.

Garbo el espía
La idea es brillante, pero el problema aparece cuando comprobamos que no trasciende lo conceptual, lo teórico. Y para que una película funcione se requiere algo más. Cuando se intenta llevar a la práctica la estrategia diseñada, se constata que su funcionalidad es muy limitada y que, a fin de cuentas, la pretensión de la película no puede realizarse sólo con ella. Es decir, queda pendiente contar la historia (real) del espía. Y para hacerlo no queda más remedio que recurrir a otra estrategia, punto en el que lo cinematográfico comienza a desmoronarse.
De este modo el peso de la narración, una vez descubierto el escaso rendimiento de la pretensión inicial, recae en el encadenamiento de varios discursos que van desgranando los hechos. Se cuenta una historia, en definitiva, con herramientas literarias, son que la puesta en imágenes aporte casi nada específico para su comprensión. La ilustración cinematográfica que se intercala entre los discursos acaba cobrando el aspecto de un recurso para aligerar la monotonía de lo que se cuenta, pero sin que por sí mismo posea entidad propia, rendimiento comunicativo.
Cabría, al menos, elegir bien el texto, construir con él una especie de novela que despertase el interés del espectador/lector y tornase interesante la personalidad del protagonista. Tampoco esto se consigue. La exposición de los hechos es farragosa, confusa... En un momento dado se abandona por completo para focalizar la atención en el relato histórico del desembarco de Normandía, creando la sensación de querer alargar la trama lo necesario para alcanzar un metraje acorde con el convencional.
Pero es que además las pretensiones hagiográficas no acaban de corresponderse con lo mostrado. Si lo que se quiere es darnos a conocer al hombre que salvó el mundo, como reza el subtítulo de la película, la tarea encomendada hubiese requerido una mayor dificultad. El personaje se trivializa hasta la caricatura, y sus oponentes aún más. Parece como si todo lo que consigue Garbo fuera fruto de la casualidad, de un azar que, siguiendo sus ignotas leyes, le ha sido esta vez favorable. Pero ni su intención, ni su preparación, ni mucho menos el enemigo, presentado con una mezcla de candidez e incompetencia absolutas, permiten reconocer en su trabajo el carácter de gesta que la historia se empeña en reservarle.

Garbo el espía

Bien es cierto que tal planteamiento no tiene que resultar necesariamente fallido. Mostrar el lado pueril de Garbo podría ser la base sobre la que llevar a cabo una tarea de disección del héroe, de todos los héroes, que condujera a una reflexión sobre los mecanismos que hacen que determinados individuos resulten ensalzados aún a su pesar. Sin duda ahí había una película, y si la intención del director en algún momento apuntó en esa dirección, el resultado no está a la altura, ni de lejos, de sus posibilidades. También en esto la película promete más de lo que ofrece.
Quizá la figura de Juan Pujol García merezca un reconocimiento que la historia ya le ha otorgado. Quizá sus peripecias ofrezcan el material adecuado para construir una buena película. Sin embargo lo único que podemos decir de Garbo el espía es que esa oportunidad ha resultado por completo desperdiciada.


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`Atrapa el Goya´

web Premios Goya
Los Goya premian a los espectadores con la promoción “Atrapa el Goya


La Academia de Cine ( web), junto a la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales Españoles (FAPAE), la Federación de Distribuidores Cinematográficos (FEDICINE) y la Federación de Cines de España (FECE), impulsan esta iniciativa que quiere promocionar el cine español.

Los espectadores que acudan a las salas de cine adheridas a la promoción a ver una de las películas españolas finalistas a los Premios GOYA 2010 del 30 de enero al 10 de Febrero, recibirán en taquilla un código que les dará acceso a participar en la “Quiniela de los Goya” en http://premiosgoya.academiadecine.com

El ganador de la quiniela recibirá como premio un crucero de cine para dos personas, y entre todos los participantes se sorteará una invitación doble VIP para asistir a la ceremonia de entrega de los Goya y una invitación para dos personas para ir gratis a las salas de cine asociadas a FECE durante todo un año
”.


web Premios Goya
Gala de los XXIV Premios Goya
14 Febrero

sábado, 30 de enero de 2010

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Crítica Donde viven los monstruos


Volver a ser un niño 1 2 3 4 5
Escribe Roberto Osa López


Cartel Donde viven los monstruos
Siete años ha habido que esperar para que el director Spike Jonze vuelva a la gran pantalla con un nuevo título. Donde viven los monstruos narra la historia de Max, un niño inquieto e incomprendido que vive con su madre y su hermana. Como ninguna de las dos le presta la atención que necesita, Max anda de un lado para otro construyendo sus propios mundos. A raíz de una fuerte discusión con su madre, Max se escapa de casa. En su huída, llega a una isla habitada por unas criaturas misteriosas y salvajes: los monstruos. Para evitar que se lo coman, el joven inventa una historia con la que les hace creer que él es su rey. Max les promete crear un mundo donde todos sean felices, pero pronto se dará cuenta de que reinar es más difícil de lo que parece.

Se ha dicho de Donde viven los monstruos que es una película para niños. Basada en el aclamadísimo cuento infantil de Maurice Sendak, es justo decir que el film de Jonze es ante todo una película sobre la infancia, sobre los sentimientos que a todo ser humano le han abordado durante esa época tan maravillosa de nuestras vidas. Como cualquier niño, como usted cuando lo fue, Max crece entre sentimientos contradictorios, entre emociones que a veces no puede controlar y que necesita sacar.

Donde viven los monstruosLa historia transcurre fiel al punto de vista del niño, con las alegrías y decepciones de quien se encuentra empezando a entenderse a sí mismo y a los demás. Uno de los mayores aciertos del director es la forma en la que decide tratar la relación del niño con el mundo que le rodea, evitando la típica complacencia del cine con la infancia. En numerosos filmes, hemos visto a los niños comportarse y tener pensamientos de adulto, lo cual siempre resta credibilidad a la historia y añade ese punto mediocre de telefilm de sábado por la tarde. En palabras del propio director: “A los niños se les da mucho material que no es sincero, por lo que una historia como ésta llama su atención. Yo mismo recuerdo que a esa edad necesitaba saber que otros niños estaban pasando por lo mismo que yo y que pensaban igual”.

En Donde viven los monstruos, Max, como Rey de los Monstruos, toma decisiones, que es lo que se espera de un dirigente. Obviamente, son medidas que nada tienen que ver con lo racional, porque es un niño: saltar, correr, gritar, hacer guerras de arena e incluso prometer cosas que no va a poder cumplir. Este último punto es el que más disgustos va a traer a Max, ya que los monstruos, al igual que Max, también se comportan de una forma impulsiva e imprevisible, lo que hace que su relación con ellos sea complicada, porque al fin y al cabo, Max está rodeado de monstruos y eso a veces le complica su reinado.

Tanto en el cuento de Sendak como en la película, vemos claramente cómo detrás de los Monstruos que habitan la isla se esconden todas y cada una de las emociones que están dentro del ser humano y que en un niño son más difíciles de enmascarar: la inocencia, la alegría de vivir, el amor, pero también el egoísmo, la dificultad de la relaciones sociales o el miedo a la soledad.

Tras Cómo ser John Malkovich (1999) y Adaptation: El ladrón de orquídeas (2002), Donde viven los monstruos es el tercer trabajo de Spike Jonze como director. La adaptación del cuento de Sendak al cine ha sido realizada entre el novelista Dave Eggers y el propio Jonze, ambos guionistas noveles. El director asegura que el reto que les suponía escribir un guión de cine por primera vez ha sido una de las razones de que la película rebose frescura de principio a fin. En cuanto a la frescura de la película, también conviene apuntar lo curioso que resulta que en 2009 un director decida rodar con muñecos reales, con patas, cuernos y pelo, y restar importancia a las posibilidades del 3D. A priori, esto puede parecer un retroceso, pero el factor fisiológico de la construcción de los monstruos, así como el rodaje en escenarios naturales, hacen que todo sea más cercano, que los monstruos sean más familiares y creíbles, y que realmente nos veamos inmersos en ese mundo maravilloso que Max quiere construir.

Donde viven los monstruos
La interpretación de Max Records, a pesar de ser su debut en el cine, está a la altura de los gigantes de la interpretación que ponen su voz a los monstruos: James Gandolfini (Los Soprano), Forest Whitaker (El último rey de Escocia, La habitación del pánico) o Chris Cooper (American Beauty, El ladrón de orquídeas).

Con Donde viven los monstruos, Spike Jonze ha conseguido que regresemos a la época más imprescindible de la vida, despertando sueños que llevaban mucho tiempo apolillados en un rincón de nuestra memoria. El escritor checo Rainer M. Rilke dijo una vez la ya famosa frase: “La única patria del hombre es su infancia”. Gracias a Sendak y a Spike Jonze yo lo tengo desde hoy un poquito más claro.

viernes, 29 de enero de 2010

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La mujer sin piano

web `La mujer sin piano´

La mujer sin piano


web `La mujer sin piano´, distribuida por Avalon




Dirigida por Javier Rebollo, Concha de Plata al Mejor Director en el Festival de San Sebastián 2009, sobre ella dijimos:


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La mujer sin piano es Rosa, el conocido rostro televisivo de Carmen Machi. Rosa es un ama de casa. Un ama de casa que ha montado en su piso una consulta casera de estética y durante el día no tiene más compañía que la televisión. Su marido, taxista, se preocupa por su oído. Desde hace meses, Rosa oye permanentemente un zumbido. Pero los médicos de la seguridad social —porque ha sido remitida a varios especialistas— no saben ponerle solución. Subir el volumen del televisor puede ser una opción para disimularlo. Pero el pitido sigue ahí. Al igual que su hastío por una vida que se quedó anclada en los años 70.

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Todo es muy ordinario en la vida de Rosa: hule a cuadros sobre la mesa de la cocina, el tocador sobre la cajonera del dormitorio, un sofá convencional, la maleta de cuero guardada en lo alto del armario, un cuadro de caza sobre la cabecera del dormitorio… y dos huevos duros. ¡Ay no, que no estamos en el camarote de los hermanos Marx! Aquí se pide un coñac en copa pequeña. Porque todo es muy sencillo, a excepción de la consulta de estética. A pesar de que esté montada en un domicilio particular, se trata de un trabajo profesional. O, al menos, lo ha de parecer.

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La mujer sin piano es simplemente la vida de una mujer corriente. ¿Simplemente! Una mujer mayor corriente. Esperpénticamente ordinaria. Con un hijo que hace años abandonó el nido familiar. Que está necesitada de sexo. Y que compra a través de la teletienda el último ingenio tecnológico que, en teoría, tendría que hacerle la vida más fácil. Sin embargo, al ir a buscarlo a la oficina de correos, la burocracia le impide recoger el paquete. ¡Hasta qué punto puede llegar a desquiciar que se cumplan las normas a rajatabla! Porque, si hay un cartel que prohíbe fumar, es que no se puede fumar. Y si es hora de cierre, hay que chapar. Pero, por favor, póngame un coñac en copa pequeña.

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Rebollo no nos cuenta acciones, si no que nos describe sensaciones. Rosa, esa ama de casa hastiada, profesional de la depilación, está cansada de que las llamadas incesantes de los comerciales no le permitan masturbarse con tranquilidad. Por todo ello, o quizás por que no tiene ningún aliciente, ha decidido dar un giro en su vida. Una vez acostado su marido, se apresura a recoger alguno de sus bártulos y salir en mitad de la noche hacia un destino incierto. Poco importa el destino cuando se puede soñar con alcanzar la felicidad cogiendo el primer bus. Rosa, esta profesional de la depilación cuyo rítmico taconeo retumba en la soledad de la noche, inicia su andar en una noche que se antoja larga. Decidida, se dirige con firmeza hacia su nuevo destino. La música épica va en crescendo hasta que, en el momento culmen, su destino pasa de largo. ¡Ya es mala suerte lo que carga Rosa en la maleta! Por favor, un coñac en copa pequeña.

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No, no es que no haya cobertura. Sólo es que no hay nadie que te llame, Rosa. Y no, Rebollo no hace cine francés. Sólo es que recuerda tanto al humor de Aki Kaurismaki. ¡Qué larga se les va hacer a algunos espectadores la noche en que transcurre La mujer sin piano! Por favor, pónganles un coñac en copa pequeña.



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Crítica de Up in the air


Abajo en tierra 1 2 3 4 5
Escribe Juan Ramón Gabriel
Cartel de Up in the air
Up in the airResulta decepcionante que una película con un desarrollo argumental tan débil y previsible haya sido premiada con el Globo de Oro al mejor guión, premio que, a su vez, la sitúa entre las favoritas para alzarse con el Óscar. La historia se agota en los primeros veinte minutos de metraje, aquéllos en los que se lleva a cabo la presentación del personaje protagonista y de su modus vivendi. Ryan Bingham (George Clooney) es una especie de "liquidador" de puestos de trabajo, es decir, el mejor ejecutivo de una empresa especializada en despedir empleados, ingrata labor que las empresas afectadas delegan en la firma para la que Ryan presta eficazmente sus servicios. Tan despreciable tarea se soporta por la representación en pantalla de un simpático canalla (papel en el que Clooney se ha encasillado) para desempeñar tan canalla función. Con un montaje trepidante, unos planos breves y rápidos, unas cuantas pinceladas, se nos ofrece un retrato ajustado y preciso del personaje, afanado en conseguir acumular diez millones de millas en vuelos para así engrosar la exigua lista de poseedores de una tarjeta vip especial que suministra la American Air Lines. Sus privilegios en hoteles y en aeropuertos, las atenciones que recibe en la clase businnes, su pericia a la hora de encarar los controles de pasajeros, su sabiduría como hacedor de equipajes, su conocimiento de restaurantes y de las mejores ofertas, delinean a un perito en el manejo de ofertas y servicios.

Como contraste, su vida privada brilla por su ausencia. Sólo ha pasado cuarenta y cinco días en casa (Omaha) el último año, una casa caracterizada por su frialdad y funcionalidad, un apartamento que se asemeja más a una habitación de motel de segunda, sin ninguna huella de calor humano, sin ningún rastro de hogar. Un espacio para el tránsito, para aparcar los días de ocio mínimo, pues en su caso el negocio es su vida. Y le gusta, está satisfecho. En uno de los tiempos muertos en el bar de un hotel, conoce a un álter ego femenino, Alex (Vera Farmiga), con la que se establece un duelo profesional que halaga el ego de Ryan y despierta su apetito sexual, puesto que ella le seduce, aparte de con su belleza y encanto, con la promeso del no compromiso y de la no petición de ningún tipo de responsabilidad o intercambio emocional: que la use para su disfrute.

Ejemplo de su satisfacción es el símbolo de la mochila o de la pequeña maleta, verdadero eje axial de su filosofía de vida y compendio de su sapiencia: en ella ha de caber aquellas cosas (y personas) que faciliten la "portabilidad", que sean el bagaje ligero y básico que se puede acarrear constantemente, no una pesada impedimenta que impida la perenne movilidad.

El detonante del conflicto proviene de su propia cosecha: su empresa decide innovar en los métodos de despedido para ahorrar costes. Se quiere poner en práctica el proyecto de una joven psicóloga de veintitrés años, Natalie (Anna Kendrick): despedir a través de la red, mediante video-conferencias. Ryan, viendo peligrar el objetivo de acumular millas, intentará boicotearlo. El jefe decide que ambos, Ryan y Natalie, trabajen juntos durante un periodo de prueba para perfeccionar el sistema de Natalie. Este personaje esconde un bullicio sentimental y emocional bajo su fría apariencia de ejecutiva, debido a su juventud, fisura que el sagaz y experimentado Ryan utiliza para intentar ganar el duelo, aunque en seguida se intuye quién será el vencedor profesional, a la par que la actitud de Natalie empezará a sembrar de dudas la granítica coraza de Clooney, pues aquí el guión se deshilacha y trasmuta, sin ton ni son, o sin convicción, porque sí, al fiero león en un gatito deseoso de mimar y ser mimado.

Up in the air
A estas alturas, el aburrimiento y el sopor ya llevan rato presentes en la película y en la butaca de espectadores, pero el director se empecina en profundizar en la arritmia en la que se ha instalado: ni corto ni perezoso hace aparecer de pleno a la familia de Ryan, que la tenía, a sus dos hermanas, una de las cuales está a punto de casarse, y allí se dirige el tío Ryan, en compañía de su cada vez más querida y más comprometida Alex, no sin antes haberse regodeado en una fiesta en la que la fría Natalie se consuela por el abandono sufrido: su novio, por el que había renunciado a un brillante puesto de trabajo en San Francisco, la abandona a través de un SMS. La escena en la que Ryan regresa al núcleo originario es sonrojante, con visita al instituto en que estudió y mostración de un recorrido sentimental a su acompañante Alex. La boda de la hermana, su casi frustrada celebración, salvada in extremis por la intervención del "frío" y "falto de compromiso emocional" Ryan, vergonzante.
Puestas así las cosas, hundida la película en el fango de la indefinición y del lugar común, desorientada, el director recurre a dos golpes de efecto en paralelo: uno en la vida sentimental y otro en la profesional del protagonista.

En un arrebato de amor, o de miedo a la soledad, o de efluvio sentimental, qué más da, Ryan se planta en el domicilio de Alex, para, oh sorpresa, encontrarla felizmente casada y madre de familia. En el profesional, una de las mujeres a las que Natalie ha despedido, ya asimiladas las enseñanzas del maestro, ha cumplido su amenaza y se ha suicidado, oh desgracia. Alex llama a Ryan, en una secuencia innecesaria y enfática, para recordarle el pacto de no compromiso, a la vez de que le espeta lo que él ha sido (y puede seguir siendo): una evasión, un divertimento, un escape, en medio de la feliz rutina de su vida "real".
Natalie, a su vez, se despide y se presenta en San Francisco, para soilicitar el puesto de trabajo al que había renunciado por "amor". Gracias a una elogiosa carta de recomendación de su ex-jefe y maestro, es contratada.


Up in the air

Ryan obtiene su ansiado y ahora amargo premio: ha conseguido ser el séptimo poseedor (y el más joven) de la anhelada tarjeta vips. La película se cierra con la voz en off del protagonista alabando lo que no tiene: los afectos, los sentimientos, la familia, el hogar…


Jason Reitman persiste en la destilación de un discurso moral, de raíz conservadora y esencialista de defensa de valores trascendentes para él: lo sentimental-emocional a través del cauce familiar. Nada habría que reprocharle si ése es su parámetro ideológico. El problema reside en el timo de querer vendernos como moral lo que no es más que moralina, una moralina tan omnipresente que ahoga la criatura narrativa que debía expresarla.

Si en Juno el discurso ideológico anti-abortista convivía con una película fluida, con un ritmo sostenido y con cierta naturalidad y frescura narrativa, en aras del presupuesto moral y del coraje y madurez de la protagonista, aquí el esqueleto argumental sólo sustenta un cadáver narrativo que va dando tropiezos, mientras intenta vendernos, de mala manera y con trampas, las bondades de lo privado y subjetivo frente al malestar del éxito a cualquier precio.

Si a ello añadimos la resignación positiva con la que afrontan los empleados despedidos su nueva situación, como una ocasión para desarrollar sus vocaciones preteridas, para reverdecer sueños abandonados en una segunda oportunidad que les ofrece la vida, el dislate alcance niveles enojantes. Como colofón extradiegético, durante la proyección de los títulos de crédito, se incluye un mensaje telefónico grabado por un joven en el que le ofrece a Jason ( Reitman) una canción para que, en caso de que le guste, la incluya en la película. La incluye, por supuesto. ¿Será la medicina de Obama?

miércoles, 27 de enero de 2010

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Llega el Superhombre (una vez más...)


En tierra hostil / The hurt locker (Kathryn Bigelow, 2009) (ampliar)






La razón es la causa de que falseemos
el testimonio de los sentidos.
En la medida en que los sentidos
muestran el devenir, el pasar,
el cambio no mienten… […]
El mundo aparente es el único:
el mundo verdadero es sólo
una mentira agregada…


F. W. Nietzsche
El ocaso de los ídolos (2. VI, 75. V)


La campaña de marketing de En tierra hostil / The Hurt Locker se aferra a la frase:
“es una película de guerra”

Pero resulta ser una película sobre un hombre enganchado a las emociones fuertes

En tierra hostil / The hurt locker (Kathryn Bigelow, 2009) (ampliar)
Para la trama de la película, poco importa que el contexto sea Iraq, Afganistan, Kuwait o la luna. Extraterrestre en tierra desconocida, la misión del soldado estadounidense no es, ni mucho menos, comprender el modus vivendi de la población local. Todo lo contrario. La empatía es un lastre. La misión, como en cualquier juego de arcade, es superar las pruebas para pasar al siguiente nivel. Y si el grafismo es en alta definición, mucho más se disfrutará el instante en que se hace explotar la psicología por bobalicona.



Cuando Nietzsche pasa a
filosofar “con el martillo,
la voluntad de poder no es ya entonces
anhelo inextinguible de creación y recreación,
ni el eterno retorno
es incitación a la re-creación
(o a lo que suelo llamar en mis libros
“principio de variación”).
La voluntad de poder deja
de pensarse como poesía y poema
y se concibe en el sentido, tosco,
de voluntad de dominio y dominación,
o voluntad gestadora de instrumentos de dominación
(el estado, en especial)”
.

Eugenio Trías
en El Cultural (consultar)


El reverso de la moneda son películas como Apocalipsis Now o El cazador, donde se toma plena consciencia del estado de enajenación que conlleva sumergirse en la barbarie y, después, integrar en la vida diaria a quien ha sido adiestrado para matar. O La delgada línea roja, en la que se tantea la renuncia a la valentía. Incluso las crepusculares El ocaso del samurai, Letras desde Iwo Jima o Banderas de nuestros padres, en las que se pone en entre dicho el sentido de la acción cuando, tanto si se gana como si se pierde la batalla, la percepción de la derrota es una cuestión personal y menos una cuestión de estado.

El ocaso del samurai / Tasogare seibei (Yôji Yamada, 2002); Cartas desde Iwo Jima / Letters from Iwo Jima y Banderas de nuestros padres / Flags of our fathers (C. Eastwood, 2006) (ampliar)

La estadounidense Deborah Stratman ahondaba en O´er the Land cómo la exaltación patriótica que se inculca a sus conciudadanos se sostiene sobre los pilares de la valentía y la guerra. O´er the Land (Deborah Stratman, 2009)Con semejante tradición no es de extrañar que, por ejemplo, la Unión Europea (en un primer momento) pusiera el grito en el cielo ante el masivo desembarco del ejército estadounidense en Haití. País (EE.UU.) forjado en la conquista salvaje del oeste (incluyendo la reclusión de los indios en reservas), fieles a su primer derecho hobbesiano de disparar antes que preguntar, y crecido el ego con la premisa protestante de “querer es poder”, ¿porqué no van a poder caminar con determinación por la barandilla, a pesar de abrirse al abismo de un río seco?

Sólo quien se considera marcado con la distinción de la excelencia puede menospreciar el riesgo y cultivar la desafección.

La cinta blanca (M. Haneke, 2009)
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Crítica de Capitalismo: una historia de amor


Demagogia barata 1 2 3 4 5
Escribe Gloria Benito


Cartel de Capitalismo de Michael Moore
Desde Roger & me, aquella descarada, irreverente y fresca denuncia de la devastación social y económica producida por la multinacional General Motors en la población de Flint (Michigan) al trasladar su producción a México en aras del sagrado principio de los beneficios a toda costa, ha llovido bastante. Entonces, las conciencias del espectador de cine, sensibles a los excesos del capitalismo salvaje y depredador, agradecieron que hubiera una mirada como la de Michael Moore, que pusiera en imágenes la injusticia económica fruto de las argucias macroempresariales de una eufemística "deslocalización" y diera voz a la desesperada situación de los más desfavorecidos. Y así siguió este paladín de las clases trabajadoras denunciando la avaricia de los inversores neoliberales y conservadores del sistema financiero, que rige la economía estadounidense como paradigma de un sistema mundial y globalizado. Esta especie de "robinhood" del cine documental gozó de ciertas simpatías entre el público más progresista, que admitía como un mal necesario la superficialidad de sus análisis en aras de la sintética brevedad del lenguaje cinematográfico. También se entendió como un valor el hecho de que Michael Moore fuera capaz de acercar el género documental al gran público, con una amenidad y desfachatez hasta entonces desconocidas. En fin, se le toleraba porque sus producciones resultaban simpáticas y además necesarias, ya que estaba bien que alguien dijera al mundo aquellas verdades como puños, y que lo hiciera de una forma clara y divertida. Así se producía cierta catarsis colectiva, ya que liberaba a los espectadores -cómodamente sentados en sus butacas- de la responsabilidad de denunciar las consabidas injusticias de los depredadores financieros y empresariales. Y encima salían del cine con una sonrisa y tema de conversación para sus tertulias. Pero el talento de Moore se agotó en 2002 con Bowling for Columbine, acertada exposición de la violencia causada por la defensa del uso de las armas en EEUU, propiciada por la Asociación Nacional del Rifle. Desde entonces, la prolija producción cinematográfica de este director ha caído en picado


Capitalismo: una historia de amor
En 2007, el estreno de Sicko, filme que pretendía denunciar la precaria situación de los servicios sanitarios estadounidenses y los abusos de las compañías de seguros, ilustró la falta de imaginación de un director poco riguroso con la información y demasiado interesado en ofrecer un producto deformado por una selección de hechos simplista y manipulada, mediante la cual se dirigía de forma burda y grosera a un espectador al que se privaba de la libertad de pensar por sí mismo. Más de lo mismo en su último documental sobre la crisis financiera y las hipotecas sub-prime, Capitalismo: una historia de amor. Moore nos ofrece un batiburrillo de secuencias mal articuladas sobre el sufrimiento de los pobres ciudadanos a los que los bancos embargan sus viviendas y despiden sus avariciosos jefes, de tal manera que no sabemos si estamos contemplando un reality show propio de la televisión basura o una lacrimosa telenovela. Las descaradas alabanzas a los civiles que se rebelan y a las autoridades que los apoyan, junto a las infructuosas incursiones del director - megáfono en vano- en los templos financieros de Wall Street destilan un tufo notablemente demagógico, propio de un mensaje exclusivamente dirigido a las vísceras de un espectador al que se supone estúpido e ignorante. Lamentamos que Michael Moore haya optado por lo más fácil: ofrecer un producto enlatado y listo para el consumo, dirigido a unos destinatarios emocionalmente dependientes, que no necesitan pensar, pues están habituados a los mensajes sensibleros de algunos programas televisivos más interesados en excitar los sentimientos que en estimular el pensamiento crítico. Porque lo más lamentable de este filme es que no se explican con claridad las causas de la crisis y los fallos del sistema capitalista. Sólo se muestran, y además de una forma incoherente y caótica, las consecuencias de la crisis económica mediante una serie de secuencias lacrimosas claramente insuficientes. Ya sabemos que el género documental no es totalmente objetivo, pues la selección de las imágenes filmadas y su montaje posterior no son inocentes. La creación y la personal mirada del director conllevan una necesaria manipulación del material fílmico tanto en los géneros ficcionales como en los documentales. Pero tanta y tan grosera demagogia es intolerable.

Michael Moore, Capitalismo: una historia de amor
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Crítica No es tan fácil

Sonrisas y alguna lágrima 1 2 3 4 5
Escribe Gloria Benito

Cartel de No es tan fácil
Cada dos o tres años, Nancy Meyers estrena película romántica con protagonista femenina, género cinematográfico que le asegura la fidelidad de un público tan incondicional como los ingresos que genera el cine comercial. Tras la anodina y previsible Vacaciones (2006) vuelve Nancy Meyers a retomar el tema de la mujer madurita e independiente, divorciada y moderna, que se ve obligada por las circunstancias a tomar decisiones que afectan a su vida sentimental y amorosa. Como en casi todas sus películas, las mujeres y hombres que pueblan los argumentos de esta directora pertenecen a las clases medias acomodadas de la sociedad estadounidense, cuyas vidas transcurren felices y tranquilas en espléndidas urbanizaciones pobladas de bosques tapizados de verde césped y en las que se asientan casas tan bellas, cómodas y amuebladas con tanto gusto que harían las delicias de la más exigente revista de decoración de interiores.

Los protagonistas de No es tan fácilComo en Cuando menos te lo esperas (2003) la protagonista de la historia es una mujer madura, Jane (Meryl Streep), que regenta una panadería-pastelería en la ciudad de Santa Bárbara. Divorciada de Jake (Alec Baldwin) , casado en segundas nupcias con la joven y pasional Agness (Lake Bul), se dispone a celebrar una reunión familiar en Nueva York con motivo de la graduación del hijo de ambos. El encuentro de todos los miembros de la familia a la que se suman los novios, prometidos y nuevas esposas, da lugar a una serie de situaciones, encuentros y desencuentros de los que se sirve la directora para hilvanar las típicas secuencias propias de la comedia, que se resuelven sin sorpresas ni especiales muestras de talento. Por ejemplo, las graciosas peripecias del futuro yerno de Jane para ocultar a las hijas de ésta las sospechas de una posible e inconveniente relación entre la protagonista y el exmarido se resuelven con los clásicos gags de toda la vida, a base de provocar la risa fácil mediante la sorpresa y la complicidad entre los espectadores y los personajes, que permanecen ignorantes de lo que sucede a sus espaldas. O más adelante, cuando la situación se complica con la aparición del arquitecto recién divorciado Adam (Steve Martin), interesado en Jane y tercer vértice del triángulo amoroso. Con un reparto formado por actores consolidados que aseguran el éxito de taquilla y una larga vida para la película en las televisiones de todo el mundo, construye Nancy Meyers una comedia al uso que discurre sin demasiados fallos ni aciertos, con la mediocridad como marca de la casa, que no obstante se deja ver y resulta entretenida para espectadores poco exigentes que se conforman con pasar un buen rato y volver a sus vidas con una sonrisa en los labios. Tampoco llama la atención el trabajo de los actores y actrices que participan en el filme. Destaca quizá Alec Baldwin, en un papel que se sale de su registro habitual, pues el resto de actores hacen lo que se espera de ellos: Steve Martin ejecuta sus habituales contorsiones, provocadas en este caso por fumar un porro de marihuana, y Meryl Streep nos regala con esas abundantes e insoportables risas impostadas que gasta últimamente y que no se sabe si están en el guión o son consecuencia de un doblaje sádico. En suma, una película fácil de ver, sin otra pretensión que la de hacer pasar un rato agradable a un público sobre todo femenino y maduro, que soltará seguramente algunas risas mezcladas con alguna que otra lágrima.
No es tan fácil

lunes, 25 de enero de 2010

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Crítica The Road


Lo que nos espera después 1 2 3 4 5
del Apocalipsis
Escribe Lucía Solaz Frasquet

Cartel The Road
The Road es una fiel adaptación a cargo del guionista y dramaturgo británico Joe Penhall de la novela de Cormac McCarthy La carretera, ganadora del Premio Pulitzer de ficción 2007. Otra notable adaptación de los duros textos de este escritor estadounidense fue la película de los hermanos Coen No es país para viejos (No Country For Old Men, 2007).

AVISO: quien no conozca la novela y no le apetezca que le destripen el argumento, ¡que no siga leyendo!

The RoadJohn Hillcoat (director del memorable western australiano The Proposition) ha puesto en escena esta sobrecogedora historia post-apocalíptica donde nadie tiene nombre. El Hombre (un impresionante Viggo Mortensen) conduce a su hijo, el Niño, (un no menos extraordinario Kodi Smith-McPhee) a través de una tierra devastada. Antes de que naciera el Niño se produjo un cataclismo no especificado que destruyó toda la civilización y la mayor parte de la vida sobre la Tierra. Ante la falta de comida, algunos hombres y mujeres han escogido el canibalismo como modo de supervivencia. Ante la perspectiva de devorar o ser devorados, muchos, como la Madre, se han decantado por el suicidio.

El Hombre y el Niño se mueven por parajes desolados sin vegetación ni animales donde el sol apenas se adivina tras capas y capas de ceniza gris. Es un paisaje gélido, hostil y desasosegante fotografiado con maestría por nuestro cada vez más internacional Javier Aguirresarobe. Se dirigen hacia la costa, guiados apenas por la tenue esperanza de un futuro mejor. El Hombre escupe sangre cada mañana y sabe que se está muriendo. Aparte de tenerse el uno al otro, es muy poco lo que poseen: la sucia ropa que llevan encima, un carrito con la comida que logran encontrar y una pistola don dos balas: bien para defenderse de las bandas de salvajes o para volver contra sí mismos en caso de las cosas se pongan todavía más feas.

The Road ha pasado por varios festivales (Venecia, Toronto, Londres, Sitges,…) y tuve la suerte de poder asistir a la conferencia de prensa en Londres con John Hillcoat, Viggo Mortensen y Joe Penhall. Los tres hablaron extensamente de las dificultades que atravesaron durante el duro rodaje. El guionista, Joe Penhall, comentó que había seguido fielmente la novela y que sólo el papel de la Madre (interpretado por Charlize Theron en flashback) fue ligeramente alterado. Mientras en la novela estaba “un poco majareta”, la película se muestra más comprensiva con ella y la decisión que toma.
The Road
Algo en lo que todos estuvieron de acuerdo fue lo crucial que fue encontrar al niño protagonista, el australiano Kodi Smith-McPhee, que además es tan guapo que podría pasar por hijo de Theron. Kodi tenía diez años y a todos les preocupaba enfrentar a un actor tan joven con un material tan duro. El padre del niño, actor él mismo, fue quien resolvió los miedos del director al enviarle una cinta donde él interpretaba al padre y le enseñaba a Kodi a utilizar la pistola colocándosela en la boca. El director concluyó que era el modo en que el padre de Kodi le daba a entender que el niño estaba preparado para semejante historia (la otra posibilidad era que el padre estuviera un bastante loco). En Kodi encontraron la perfecta combinación de ingenuidad, sabiduría y madurez que requiere el papel.

Viggo Mortensen, que nos ha regalado interpretaciones magistrales en filmes como Una historia de violencia (A History of Violence, David Cronenberg, 2005) y Promesas del este (Eastern Promises, David Cronenberg, 2007), vuelve a impresionarnos en The Road. Llegó a la rueda de prensa con mucho mejor aspecto del que exhibe en la película y sin aparentar en absoluto sus cincuenta años. Da la impresión de ser un actor de gran belleza, tanto exterior como interior, que se toma su trabajo muy en serio y que es extremadamente generoso y libre de egocentrismos. La interacción entre Viggo y Kodi, y el modo en que contrastan sus personajes, es el mayor éxito de la película.
The Road


The Road está llena de momentos de horror indescriptible (la casa donde mantienen a un grupo de personas, lo más parecido a zombies, para írselos comiendo poco a poco) junto con otros de conmovedora ternura (cuando se cortan el pelo, por ejemplo). Otra de las escenas que permanecen en la retina es el momento en que el Hombre limpia la cabeza del Niño (no especificaré de qué) y el pequeño, que se encuentra en estado de shock, se echa a llorar. Mortensen explicó que esto fue espontáneo, pues el agua del río estaba tan helada que resultaba muy dolorosa para el joven actor.

El Niño sólo conoce cómo era el mundo antes del cataclismo por fotos y por lo que le han contado sus padres. Posee una inocencia y una generosidad sin límites que contrasta con el miedo, la desconfianza y el pragmatismo que guían las acciones de su padre, tan cegado por su deseo de protegerlo que su propia humanidad comienza a desintegrarse también. Su visión del mundo es simplista y basada en el maniqueísmo: los buenos y los malos. Los malos son los que comen personas. La salida al mundo, su enfrentamiento con otras circunstancias y personas, tiñen esta dicotomía y el niño pregunta a menudo si “todavía somos de los buenos”. La historia habla sobre la naturaleza del hombre, sobre lo mejor y lo peor que somos capaces. Esto es lo que simboliza el Niño, la esperanza y la confianza a pesar de todo. El filme nos invita a actuar como el Niño y creer en la bondad inherente a la condición humana a pesar de la evidencia.

La historia contiene escenas brutales que no resultan fáciles de ver y deja poco lugar al sentido del humor. El único momento en que recuerdo haber sonreído (por la triste ironía) es en la escena con un irreconocible Robert Duvall, donde el Niño quiere ayudarlo y el padre le dice que no puede quedarse con el viejo, como si se tratara de un perro vagabundo.

Sospecho que el mensaje de la historia no me ha llegado, pues el final me parece poco creíble e incluso fuera de lugar con respecto a lo que se nos ha contado con anterioridad. Una vez el Hombre ha sucumbido y yace en la playa, el Niño se encuentra con una “familia ideal” compuesta de padre, madre, niño, niña y hasta un perro. Una vez queda establecido que son “de los buenos”, su supervivencia (y la de la raza humana, con la presencia de la niña) está prácticamente garantizada. No queda muy claro por qué la familia los ha estado siguiendo todo ese tiempo ni por qué ha elegido precisamente ese instante para darse a conocer.

En un exceso de cinismo uno podría considerar que el perro es, en realidad, un señuelo (¿a qué niño no le gustan los perros?) y que nuestro joven protagonista está destinado a convertirse en la próxima cena de esta familia ideal…



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Estreno cortometraje: El romance de Isacio Perales


El romance de Isacio Perales


Ha sido escrito y dirigido por los cineastas Julio Mora y Jorge González Gómez.

El romande de Isacio Perales retrata en formato de cine mudo cómico (slapstick erótico es como desenfadadamente lo han denominado sus autores) la lucha y viaje interior hacia la autoaceptación personal de un humilde pescador en una pequeña aldea de provincias durante los albores del pasado siglo.

Se trata de la segunda colaboración de los autores bajo el sello de su propia productora tras su primer proyecto conjunto Y ¿por qué no?, comedia seleccionada y premiada en varios festivales del territorio nacional.

El cortometraje pretende estar presente en numerosos festivales, muestras y certámenes cortometrajísticos dentro y fuera de nuestro país. De momento, estará en los cines Verdi de Madrid, del 22 al 28 de enero de 2010.



domingo, 24 de enero de 2010

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Ha muerto Jean Simmons

Jean Simmons

Si hace unos días moría Jennifer Jones ahora le toca el turno a otra de las grandes actrices de una época irrepetible, Jean Simmons. Parece que cuando el cine anuncia cambios revolucionarios mediante filmes como Avatar, que pretende marcar el nuevo sendero a seguir, las antiguas estrellas del cine clásico, basado en el star system, desaparecen del firmamento cinematográfico.

Jean Simmons, nacida en 1929 en Londres, desarrolló una exitosa carrera en el cine y en el teatro británico, siendo dirigida por grandes nombres como Michael Powell, Emeric Pressburger, David Lean o Lawrence Olivier. Éste último la dirigió en Hamlet, papel por el que obtuvo una candidatura al Oscar como mejor actriz secundaria y que junto con su matrimonio con el actor Stewart Granger en 1950, le facilitó el salta a Hollywood.

Durante la década de los 50 su belleza llenaría de color producciones exitosas como La túnica sagrada, Sinuhé el Egipcio, Desiree, Ellos y ellas, Horizontes de grandeza o Espartaco, trabajando con los mejores productores y directores del momento. En la década de los 60, casada con Richard Brooks, quien la dirigió en dos excelentes películas (El fuego y la palabra y Con los ojos cerrados), continuó dejando muestras de su buen hacer en películas como Página en blanco de Stanley Donen.

A partir de la década de los 70, como tantos otros actores de la época dorada, encontraría en la televisión el refugio para continuar trabajando. En España se le recuerda por su participación en la popular serie El pájaro espino que a principios de los 80 fue un auténtico bombazo en nuestro país.

Pero el rostro de Jean Simmons permanecerá siempre unido al cine clásico, donde un primer plano de sus ojos conseguía emocionar a los espectadores mediante el protagonismo de una mirada que la cámara de cine protegía y realzaba. El sufrimiento de Kirk Douglas en Espartaco se acrecentaba cuando se reflejaba en la interpretación dolorosa de Simmons en las imágenes del filme de Kubrick, así eran las grandes actrices.
Filmografía en IMDB


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La Fila Festival de Cortometrajes (3-8 may.) VLL

web Festival La Filla
FESTIFIL

14 Festival La Fila de Cortometrajes



3 – 8 de mayo

en Caja España (Pz. España, 13)
Valladolid

web

organiza:
Asociación Cultural de Cinematografía La Fila
(web )



El Festival de cine La Fila nació en 1997 con el fin de “apoyar y difundir el cortometraje”.



web Asociación Cultural La Fila
inscripción:
hasta el 15 de marzo 2010

Máx. dos obras por realizador
producidas en 2008 ó 2009,
de máximo 30 minutos




PREMIOS Y MENCIONES


Formato Cine (35 mm)
(para España y países CE)
2.500 €


Otros formatos (vídeo, betacam, digital, etc.)
(obras de cualquier país del mundo)

Sección Cortometraje Ficción: 1.500 €

Sección Cortometraje de Animación: 1.000 €

Sección Cortometraje Documental: 1.000 €

Premio y diploma acreditativo a:
Mejor guión original: 180 €
Mejor interpretación masculina: 180 €
Mejor interpretación femenina: 180 €
Mejor banda sonora: 180 €
Mejor fotografía: 180 €
Mejor maquillaje y peluquería: 180 €



viernes, 22 de enero de 2010

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Crítica de El solista


El solista 1 2 3 4 5
Escribe Gabriela Mársico


Cartel de El Solista
El solista, filme dirigido por Joe Wright, escrito por Susannah Grant, basado a su vez en el libro del periodista Steve Lopez (Robert Downey Jr.), nos cuenta la historia de Nathaniel Anthony Ayers (Jamie Foxx) un músico prodigio afro-americano que de la prestigiosa escuela de música Julliard va a parar sin escalas a tocar un raído violín de dos cuerdas a las sucias calles de Skid Row, un reducto en las afueras de Los Angeles poblado por desposeídos, indigentes, drogadictos y enfermos mentales.

La vida tiene una mente

Steve Lopez, sufre un accidente en bicicleta recorriendo los sinuosos caminos de Los Angeles (una toma aérea nos muestra las entrecruzadas rutas que tanto se asemejan al neocórtex de un cerebro) al distraerse por escuchar una bella música... López es el que descubre a Nathaniel tocando el violín bajo la estatua de Beethoven. Conmovido por el virtuosismo del músico devenido callejero, Steve decide escribir para la columna del diario Los Angeles Times la historia de vida del músico homeless: La vida tiene una mente.

Una vez en el diario, Steve se entera de los masivos despidos de periodistas, debido entre otras cosas a los vaivenes de la fatídica economía de mercado por un lado, y a la baja de lectores del diario, por otro, tal vez justamente porque lo que se escribe en los diarios no despierte el interés de nadie...
A través de la columna de Los Angeles Times, escritas por López, nos enteramos de que Nathaniel, previa investigación de Lopez en los archivos de Julliard, por entonces estudiante del segundo año, sufre "inexplicablemente" un ataque de esquizofrenia, que lo pone literalmente patitas en la calle. Lopez rastrea a su hermana Jennifer (Lisa Gay Hamilton) y promueve un encuentro que quizá devele las circunstancias que provocaron la enajenación y la caída en la locura de Nathaniel.
Los lectores de la columna de Lopez comienzan a interesarse a tal punto en la vida de este malogrado talento, que una anciana dona un cello para Nathaniel, y hasta el burocrático alcalde de LA, Antonio Villaraigosa, promete poner fin a la pobreza y revitalizar Skid Row, destinando 50 millones de dólares... ¿para tal fin?

El SolistaLópez, mientras tanto, trata de ayudar a Nathaniel a recuperar su vida, y por ende, su dignidad, sacándolo de la calle primero, y luego llevándolo a vivir al albergue Lamp para desposeídos (la vista aérea de filas de homeless durmiendo en bolsas es una de las imágenes más impresionantes del filme.) Steve comprueba para su horror las condiciones infrahumanas en las que viven los homeless en Lamp, y al ver a su amigo Nathaniel cómo prepara su cama para dormir con la no muy seductora compañía de ratas, y poniendo la bandera norteamericana como almohada, asegurando que puedes descansar sobre esto, Steve decide que de ningún modo se puede descansar sobre eso y comienza a buscarle de inmediato un apartamento en el que lamentablemente Nathaniel no encontrará otra cosa más que una caja de resonancias de su propia esquizofrenia a través de voces, de sonido y de furia. Nathaniel se da cuenta de que no puede vivir encerrado, ama vivir a la intemperie y en libertad, por eso estalla ante la presión, y en un ataque de locura amenaza incluso con destripar a López como a un pescado...
López, sin embargo, no se da por vencido, y lo lleva a ensayos y conciertos de la Filarmónica de LA. Nathaniel comienza a tomar clases de cello con Graham Claydon (Tom Hollander), pero el comportamiento agresivo y errático de Nathaniel, hace fracasar los denodados intentos de Lopez para recuperarlo, y al mismo tiempo, pone a prueba el lazo indestructible e incondicional a través de la amistad que se ha ido forjando entre los dos. Nathaniel escapa y desaparece. Lopez lo busca hasta encontrarlo. Nathaniel descubre que Lopez es su dios, y Lopez, a su vez, ve en Nathaniel a un ser tan extraordinario que merece ser rescatado...

Beethoven, un ser aparte...

La tercera sinfonía de Beethoven que recorre el filme de principio a fin está inspirada en Bonaparte, y así iba a llamarse sino fuera porque el ídolo de Beethoven, puso al descubierto, demasiado pronto, sus dotes de tirano. Por eso se llamó La Heroica, en honor a los verdaderos líderes del pueblo, y en contra de todos los tiranos...

El Solista


La sinfonía se inicia con un primer movimiento vigoroso de fuerza arrolladora: ¿el germen del genio que crece y lucha por desarrollarse? Luego, el segundo, introduce una marcha fúnebre, que mucho se asemeja al alarido de dolor de una voz humana: ¿la lucha infructuosa del genio por desarrollarse contra un medio hostil que aborta toda posibilidad de desarrollo provocando así la caída irremediable en la locura? El tercero es un scherzo, y está planteado como una escena de batalla entre dos fuerzas enfrentadas que bien podrían representar la lucha entre la cordura y la locura.

No es casual que Nathaniel admire con tanta vehemencia a Beethoven y a sus sinfonías, tal vez por eso se cobije bajo su estatua, porque quizás sienta alguna afinidad con el espíritu independiente e indomable que expresa su música plena de alegría, libertad y solidaridad.

Cien años de soledad

Tal vez nos suene conocida la crisis económica, política y social que atraviesa la historia de vida de Nathaniel, una joven promesa que debido a las presiones del sistema, sucumbe y termina sus días en la calle como indigente. Quizás, también nos resulte familiar la crisis de un medio tan poderoso e influyente como el periódico Los Angeles Times que se deshace de periodistas con la misma facilidad y rapidez con la que el gobierno norteamericano despide 30.000 profesionales de la enseñanza produciendo así el colapso del sistema educativo que hace años se encuentra en plena decadencia. Por eso ya no sorprende que los jóvenes no lean ni siquiera los diarios, y que el gobierno junto con los medios masivos de información sean los responsables de que la gente descrea de los funcionarios tanto como de las noticias escritas por operadores de gobierno, y no por verdaderos periodistas, como por ejemplo Steve Lopez que recorre Los Angeles en bicicleta porque sabe o intuye que la verdadera vida está en la calle y el verdadero protagonista de sus columnas es justamente el hombre de la calle.

El filme El solista nos hace reflexionar además sobre el destino de los 90.000 indigentes que se agolpan en Skid Row, un reducto de miseria, crimen y prostitución a unos pocos kilómetros de una de las zonas más exclusivas, ricas y privilegiadas del planeta.

Pero, a no desesperar, porque si bien hace años el gran Jonathan Swift daba una solución para combatir la pobreza en Irlanda instando a los adultos a comer niños, el alcalde de la espléndida y opulenta ciudad de Los Angeles no se queda atrás, llevando a cabo una idea menos original pero mucho más efectiva: envía al Departamento de Policía de los Angeles a arrestar cientos de indigentes de Skid Row por posesión ilegítima de carritos de supermercado...

Y si esto no bastara para poner las cosas en su sitio, podemos recurrir a la nutritiva y siempre edificante cultura corporativa norteamericana que además de producir bienes tanto como miseria, locura y crimen, brinda un consejo a todos los pobres y solitarios del mundo: "si te sientes solo, házte esquizofrénico..."

El Solista
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`Bête humaine´ (3/3): cámera-Stylo

`Textos y manifiestos en el cine´, en Ed. Cátedra
Alexandre Astruc :
Nacimiento de una nueva vanguardia:
la «Cámera-stylo»

En Textos y Manifiestos del cine
Cátedra, 1989



Cualquier pensamiento,al igual que cualquier sentimiento,es una relación entre un ser humano y otro ser humano,o determinados objetos que forman parte de su universo. Al explicitar estas relaciones, y trazar su huella tangible, el cine puede convertirse realmente en el lugar de expresión de un pensamiento(p. 223).

La puesta en escena ya no es un medio de ilustrar o presentar una escena, sino una auténtica escritura. El autor escribe con su cámara de la misma manera
que el escritor escribe con una estilográfica
(p. 224).


un tipo tiznado de hollín.
silbido
gesto de beber
indicar con el dedo
mirar los paneles
accionar una palanca
chorro de vapor
silbido del tren
entrada en túnel
encender un cigarro
buscar señales en las vías
preparar el cambio de vías


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El arranque de la locomotora, su consecución de velocidad y el orgullo del maquinista respecto a la labor que realiza, Renoir lo expresa vivamente a través de la concatenación de planos de Jacques asomándose para comprobar la circulación, la locomotora respirando vapor, el indicador de velocidad ascendiendo, el girar de las ruedas cada vez más rápido... Incluso la perfecta coordinación en su trabajo, queda patente en la sincronización con que Jacques, abriendo la compuerta de la caldera, y Pecqueux, echando paladas de carbón, ejercen su labor. Entre ellos la comunicación se realiza sin palabras. Y es que, al margen de que el ruido ensordecedor de la locomotora no permite la comunicación verbal, a ellos les basta un gesto para hacerse entender.

Jacques y Pecqueux, así como Renoir los retrata realizando su trabajo como maquinista y fogonero, son la encarnación de la teoría de Astruc de la «caméra-stylo». Subidos en la cabina de la locomotora, vemos a Jacques, a los mandos, supervisando los paneles de nivel. Se fija en uno y, ante el retumbar del tren, silba con potencia a Pecqueux. Con un simple gesto, le hace saber que la máquina precisa de agua. El fogonero, continuando con la complicidad gestual que hay entre los dos, asiente que ha comprendido y activa la palanca adecuada. La comunicación sin palabras ente Jacques y Pecqueux continua hasta que hacen llegar el tren a la estación de Le Havre, como vemos al pasar ante un cartel anunciador. Y, a pesar de haber prescindido del lenguaje verbal, tanto ellos como el propio Renoir, consiguen transmitir sus pensamientos y sentimientos.


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