domingo, 28 de febrero de 2010

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¿Quién construye la percepción?


Hay algo que no estamos viendo, pero lo vemos realmente.


Lemon (Hollis Frampton, 1969)



Lengua e imagen, cada una trasgrediendo la casa de la otra, secretan disyunciones que preocupan, los acertijos, las circularidades. En el campo del lenguaje, estamos acostumbrados a la estrategia poética de poner entre paréntesis un nombre dentro del género de otro nombre más, que puede venir de una filiación ajena, un reino extranjero. La traducción de esa estrategia en la economía de las imágenes convertidas en artefactos… salvajemente grotescos, arco, tonto… que parece escapar a los rigores de autorreferencia; imágenes contradictorias, lejos de unirse en un encuentro dialéctico, se aniquilan mútuamente en un gesto que barre el lenguaje limpio de especificación y parece a punto de sugerir un mapa crudo del trabajo del subconsciente – la ACCIÓN material – del lenguaje.

Es como si la formación de los significados tuviera algún origen último químico, `las partes de la oración´ se combinan en moléculas lógicas por medio de la atracción electrovoltáicas, o, donde hay carencia de esa atracción, permanecen en la solución como radicales libres. Si el arte ha tenido una misión científica, nosotros la encontramos en la exposición de tales mecanismos, en una presentación no lineal de las OCASIONES de significado. Para dotarse de significado, ni para la imagen ni para la palabra, se logra a través de las cosas; sino es está en las personas. Pero, además de los alrededores del arte, hay otros campos donde cazar esas ocasiones
”.
Hollis Frampton
False Impressions series, 1979
hollisframpton.org.uk



Blow Up (Michelangelo Antonioni, 1966)



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Crítica Historias de San Valentín

Popurrí amoroso 1 2 3 4 5
Escribe Eva Cortés

Cartel Historias de San Valentín
El Día de San Valentín es una celebración tradicional de los países anglosajones que poco a poco se ha ido extendiendo por todo el mundo. La tradición manda regalar flores y el mundo en general está más perceptivo al amor.
Con esta premisa Garry Marshall nos presenta una historia de relaciones de amor y desamor que se entrecruzan justamente el día de San Valentín. Para ello ha recurrido a un conocido plantel de actores como principal reclamo promocional del filme.
Pero a pesar de todos estos actores, la historia no cuenta con un guión lo suficientemente convincente y al final lo negativo supera a lo positivo.
Historias de San ValentínEl primero de los desaciertos es precisamente el localizarse en el día de San Valentín. Y es que una cosa es que las historias se contextualicen y otra hacer propaganda consumista. Aunque el protagonismo pretende ser coral, en realidad Ashton Kutcher lleva la voz cantante del reparto. Él trabaja como florista en un centro comercial lo que produce que haya varias escenas que transcurren en su ámbito laboral; en muchas observamos a la gran masa comprando flores. ¿Cuál es el mensaje que se pretende transmitir con esto, que si no compras flores ya no estás enamorado?
Este es sólo un ejemplo de la incitación a comprar que la película lleva implícita y desmejora el mensaje real de buscar el amor.
Pero hay más. En su afán por abarcar todo tipo de relaciones desde el amor infantil hasta el maduro pasando por el juvenil, sin diferencias de razas y sexos, Garry Marshall no encuentra el equilibrio de metraje entre ellas.

Así las menos ricas en matices, como es la rubia (Jessica Alba) con el floristero (Ashton Kutcher), quien al final acaba colgado de su mejor amiga (Jennifer Garner), o la de esta misma amiga que es maestra y tiene un novio que es médico (Patrick Dempsey), con el que parece estar empezando una relación formal, se llevan la palma en minutos. Mientras que Garry deja para un segundo alguna más controvertida, como es la de Julia Roberts y el chico del avión (Bradley Cooper).

Y la verdad, siendo objetivos cinematográficamente hablando, Julia Roberts junto con Anne Hathaway, es la mejor de todo el plantel. Ella sola llena la pantalla. Con menos minutos que el resto, su historia es de las pocas que consigue mantener el ritmo, captar la atención del espectador. Su final sorprende y nos deja con buen sabor de boca; y es que donde hay experiencia se nota. El resto también es verdad que poco pueden hacer al encontrarse ante un guión al que le falta fuerza para transmitir.

Historias de San Valentín
¿Inspiración o copia?

Otro de los puntos negativos es que se nota demasiado parecido a Love Actually de Richard Curtis. Historias de San Valentín recuerda a la ya nombrada en el formato de puzzle de historias, pero la diferencia es que Curtis las entrelazó de una manera mucho más verosímil, encontró el equilibrio de metraje entre unas y otras, y la evolución de los personajes fue mucho más rica que en esta.

Siempre es lícito inspirarse, pero hay veces que se sobrepasa la línea llegando a parecer más una copia. Cuando hablo de esto, lo digo por partes del guión como son por ejemplo: la historia del niño enamorado, donde el espectador no sabe de quien hasta el final emulando al querido Thomas Sangster que se enamora en Love Actually de una niña de su clase y aunque esto se nos dice bastante pronto, la intriga residía en descubrir la identidad de la chica y ver si Thomas la conquistaba con sus dotes a la batería; también es similar la historia entre Shirley MacLaine y Hector Elizondo con la formada por Emma Thompson y Alan Rickman en Love Actually; ambas son parejas maduras donde la infidelidad comienza a abrirse paso en su tranquila vida.
Así pues, más predecible y empalagosa que la anterior, más forzada y menos original que la de Curtis. Y por si fuera poco, para llenar más aún el cupo de dulce, no podía faltar en ésta como viene ya siendo habitual - y yo siempre reseño- , en las comedias románticas actuales, una boda. Claro que Garry Marshall ha intentado ser sutil y la ha incorporado sin formar parte de la trama principal.

Esta vez se trata de una boda india que se celebra en un restaurante, justo en la mesa de al lado de la cena de los que repudian San Valentin, por aquello del afán de reunir todos los extremos... No veo justificable tanto recargamiento.

Y el final… predeciblemente mega–feliz como no podía ser de otra manera. El caso es que tiene una particularidad diferente de Love Actually, más cercana a lo que vimos hace poco en ¿Qué les pasa a los hombres?, otro filme de enredos románticos; el caso es que casi ninguna de las parejas acaba con la persona con la que comenzó al principio del día. No chocaría porque los sentimientos cambian, pero que suceda en un tiempo tan reducido… llama la atención, no es creíble.

En un día Ashton Kutcher pasa de estar extra-enamorado de Jessica Alba a darse cuenta que su verdadero amor es su mejor amiga Jennifer Garner, ella ilusionada por el médico recorre media ciudad para verle y darse cuenta de que está casado, le da tiempo a volver, ir a la cena para solteros y darse cuenta de que su amor verdadero es su amigo Ashton Kutcher; por su parte Jessica Biel que no cree en el amor, que le gusta su jefe el futbolista Eric Dane, descubre en ese mismo día que este gay, se frustra, y sale del bache al conocer al periodista anti- romanticismo Jamie Foxx; o la recepcionista Anne Hathaway que en un día le da tiempo a tener tres citas con el mismo chico con sus respectivas rupturas; demasiado vaivén para un veinticuatro horas.

Por eso a los amantes de Love Actually que son el público objetivo de esta película, les recomiendo que si van a verla no esperen encontrar la frescura de aquella, que se reíran sí en alguna escena, pero que si con ella pretenden emocionar a su pareja es difícil que lo consigan.

Historias de San Valentín

sábado, 27 de febrero de 2010

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Las cuatro verdades

Escribe Gloria Benito

Las cuatro verdadesEn 1962, cuatro directores europeos estrenan un conjunto de cuatro relatos cinematográficos basados en algunas fábulas de Jean La Fontaine. René Clair (¡Viva la libertad!) adapta La zorra y el cuervo, Alessandro Basetti (La suerte de ser mujer), La liebre y la tortuga y Hervé Bromberger (Mort, où est ta victoire?), Los dos pichones. A Luis Berlanga le corresponde realizar la versión de La Muerte y el leñador, fábula que ironiza sobre la respuesta que un leñador, desesperado por no poder acarrear su carga de leña, da a la Muerte. Cuando ésta le pregunta qué desea y la razón de su llamada, el leñador le dice que la ha invocado para que le ayude a transportar sus haces. Mientras el resto de directores de Las cuatro verdades plantean sus relatos desde un punto de vista exclusivamente psicológico e intentan profundizar en los comportamientos humanos a través de unos personajes individualizados y situados en un contexto social moderno, Berlanga diluye los conflictos de los protagonistas de su historia en el marco social y político de una España económicamente deprimida y moralmente miserable. Para ello utiliza el estilo berlanguiano, con ese peculiar lenguaje que hace oscilar la historia entre el esperpento y el absurdo. A Luis Berlanga le interesan más los detalles cotidianos de una sociedad repleta de personajes secundarios y situaciones ordinarias que, combinados sabiamente con la consabida pizca de humor ácido vertido sobre hiperbólicos comportamientos, conforman un mosaico en que se amalgaman y mezclan las esencias españolas del momento.


Una verdad, siete secuencias

Luis García BerlangaEl interés del director por lo colectivo frente a lo individual se evidencia en el arranque de la historia. La primera parte es un plano secuencia que muestra una oleada humana que sale y entra en el metro de Madrid. En primer plano, un señor con un paquetito en la mano que saluda con una reverencia a una señora y luego se dirige a la entrada del metro haciendo creer al espectador que podría ser el protagonista. Pero no, porque a continuación vemos, entre el gentío, a un obrero que carga con una espantosa estatua de la Virgen, y a otro señor con pinta de funcionario de clase media, que se dirige a la mesa de una terraza en la que le espera otro individuo. Por su conversación entendemos que están negociando la compraventa de un coche de segunda mano. Entran en plano el brazo y la mano de un niño con un platillo de pedir dinero para un organillero rubio al que enfoca la cámara sin perder de vista al conjunto. El campo sonoro también se abre y se llena de ruidos de coches, silbatos de policías, gritos de camareros y clientes, y aviones que cruzan el cielo. Y en ese entorno callejero y abigarrado comienza la acción: negativa destemplada a las peticiones limosneras del niño, expulsión violenta por el camarero y detención por el policía. En estos momentos sabemos muy poco de los protagonistas, pero es mucho lo que se nos dice de la sociedad en la que viven. El niño le dice al guardia: “Como no tenemos quien nos defienda... más le valía detener a los malos de verdad...” Simultáneamente, el policía le exige los papeles al Hipólito Muñiz, el organillero, el cual le enseña el documento de identidad, el certificado parroquial de buena conducta y el justificante de la revista militar. A pesar de tan sumiso comportamiento, el policía le multa por “ruidos molestos” y le requisa el manubrio, mientras la cámara muestra el caos sonoro de silbatos y tubos de escape. El plano se abre con la marcha del organillero, el niño, el organillo y su burro perdidos en un mar de vehículos que pitan y amenazan a unas criaturas que no son de ese mundo. Contraste de personajes: unos, inocentes perdedores condenados a ser víctimas de los otros, los antagonistas, que les impedirán vivir en un mundo de burócratas y pícaros sin otro valor moral que no sea la mera supervivencia. Hipólito, el rubio organillero, y el niño que le acompaña son los protagonistas de esta fábula en la que encarnan al leñador de La Fontaine. Su problema no es traslado de la leña sino conseguir su manubrio, tan necesario para hacer sonar la música y conseguir algunas monedas para ir tirando. En pocos minutos, Berlanga nos ha hecho llegar su opinión sobre las miserias e injusticias del ser humano en una sociedad inmoral en la que no hay libertad: la España franquista.

El resto de secuencias siguen el mismo tono de los filmes del neorrealismo italiano, al que tanto admiró Berlanga. El inspector de las oficinas de requisa (Agustín González) es una caricatura del funcionario casposo que pincha globos con forma alargada porque son “inmorales”, y no solamente no devuelve al pobre Hipólito su manivela, sino que le pone varias multas más. EL diálogo entre ambos adquiere tonos surrealistas, que evidencian lo absurdo de la situación y ridiculizan los valores sociopolíticos de una España sometida a la tiranía de la dictadura y a la estupidez:

- HIPÓLITO: Sin manivela no consigo dinero y sin dinero no podré pagar las multas para recuperar la manivela.
- FUNCIONARIO: ¿Qué quieres, un mundo sin leyes? [...] ¿qué harías tú sin su tutela, eh?
- HIPÓLITO: Pues lo de siempre, tocar el organillo...

Las secuencias siguientes se desarrollan en el Rastro y en la Feria. En ellas crecen las desventuras y desdichas del organillero por conseguir un manubrio. El infeliz Hipólito se pasea por una especie de corte de los milagros llena de desechos y miseria: los listillos que venden inventos imposibles, las monjas que sólo entienden la caridad para sí mismas, y toda una serie de pícaros que sobreviven como pueden.Todos engañan al organillero, que acaba perseguido y golpeado por las pelotas de un pim-pam-pum que se llama “Tiro español”. La nota caústica la pone Berlanga en boca de unos hombres que contemplan la escena desde la barra de un bar: “No le pegues, que hay extranjeros y luego dicen que somos unos salvajes” Sin comentarios.

Las cuatro verdades


Y la ternura no falta tampoco cuando la joven y bella Juliana le apaña un manubrio con retazos de hierros atados, aunque el desgraciado periplo de Hipólito continúa en las piscinas municipales. Allí se despacha Berlanga ironizando sobre la fanfarronería del españolito que presume sin motivo desde lo alto del trampolín, y con episodios de un humor surrealista como el del buzo emergiendo del agua, amén de otros más grotescos como el de las defecaciones del burro del organillo sobre la tortilla de los domingueros. Uno de los planos más conseguidos es el gran picado tomado desde lo alto del trampolín y que transforma la piscina en un inundado campo de plantas negras, cucarachas o gusanos. Este episodio finaliza con un plano insólito que representa el absurdo del mundo al revés: cuatro fornidos gimnastas llevando en brazos al burro y trotando a golpe de silbato.

Lo macabro del humor negro también tiene cabida en este manifiesto berlanguiano que sólo dura 20 minutos. Se trata de la secuencia del matadero con las reses girando colgadas de sus poleas rodantes, destino final del malogrado pollino. El final nos obsequia con una imagen del desgraciado Hipólito tirando de su organillo en un paisaje seco, árido, plano y estéril. Es un territorio sin plantas ni árboles donde la línea del horizonte sólo se rompe por solitarios postes de la luz. Allí tiene lugar la rendición de un solitario Hipólito que, impotente ante la adversidad, arroja el organillo a una hondonada y se dispone a colgarse de un poste metálico. Ése es el momento de la llamada a la Muerte, que en el disparatado pero coherente relato de Berlanga, está representada por un coche fúnebre guiado por caballos. Sus ocupantes ayudan a Hipólito a sacar el organillo del hoyo y a engancharlo al carruaje, pero aparece la Guardia Civil y se lo prohibe, con lo que vuelta al principio, a la soledad del caminante que arrastra su carga. Su figura se hace pequeña en la inmensidad del paisaje seco, estepario y desértico. En resumen, todo un fresco social y político más allá del análisis psicológico de los personajes. El protagonista de la versión fabulada de Berlanga no es el pobre organillero, remedo del leñador del cuento, sino la sociedad entera, representada a través de sus hiperbólicas miserias, transformadas por efecto de la mirada deformante del director en un paródico esperpento valleinclanesco.



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Crítica Andrés no quiere dormir la siesta

Andrés no quiere dormir la siesta 1 2 3 4 5
Escribe Gabriela Mársico

Cartel de Andrés no quiere dormir la siesta
Después de la muerte de su madre Nora (Celina Font), Andrés (Conrado Valenzuela) se va a vivir con su hermano Armando (Lautaro Puccia Sagardoy) a la casa de su abuela Olga (Norma Aleandro) y su padre Raúl (Fabio Aste) del que Nora ya estaba separada... La opera prima del santafesino Daniel Bustamante fue rodada en Buenos Aires, Santa Fe y San Luis, y ha obtenido varios premios entre los que se cuentan el Glauber Rocha al mejor filme latinoamericano recibido en el Festival du Monde de Montreal, además del especial del jurado, director, y público recibido en Trieste, Italia, y el premio Latinoamérica Primera Copia (Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana 2008).

El realizador Daniel Bustamante relató que al presenciar un documental sobre centros clandestinos de detención en su ciudad natal fue cautivado por el testimonio de una prisionera que en cuatro meses había perdido la noción del tiempo y del espacio, no sabía si era de día o de noche, y su manera de reconstruir el día era porque desde donde la tenían, que ella no sabía donde era, escuchaba cerca una escuela, chicos que salían a los recreos, el timbre, la campana... El director señaló: "Cuando esa mujer comentó la fecha en la que estuvo secuestrada a mí me impactó mucho, porque había estado encerrada en la Comisaría Cuarta de la ciudad de Santa Fé, frente a la escuela número 5: mi escuela primaria..."

La narración del filme está dividida en las cuatro estaciones, cuatro capítulos en los que vemos al niño protagonista sufriendo los cambios, al igual que la naturaleza, pero al mismo tiempo adaptándose a los vaivenes del destino: la pérdida de su madre, y la nueva vida junto a su abuela y padre. Aunque también sufrirá la pérdida del amor y de la inocencia, pero llenará ese vacío con las valiosas y elocuentes lecciones de adaptación a la nueva realidad de la abuela Olga...

El punto de vista es el de Andrés, desde ese lugar de desamparo y desvalimiento nos es contada la historia que transcurre con gran fluidez narrativa y sin estridencias, salvo, claro, los momentos de tensión que se viven a través de los estallidos de furia y violencia de Raúl, una actuación precisa y ajustada de Fabio Aste, que interpreta a un padre frustrado por la pérdida de su ex mujer, madre de Andrés, y por la responsabilidad que debe asumir frente a dos vidas, las de sus dos hijos.

De eso no se habla...

Andrés no quiere dormir la siestaEl personaje central del filme es Olga la abuela de Andrés que sabe todo de todos, que es la depositaria del saber sobre la vida de todos los vecinos del barrio, y ese conocimiento sobre los miembros de la comunidad le da tanto poder dentro de su comunidad así como también dentro de su núcleo familiar...

En el barrio funciona un centro clandestino de detención, justo enfrente de donde vive Andrés, y nadie ignora su existencia aunque los vecinos se desentiendan de lo que ocurre puertas adentro. Uno de los siniestros personajes al frente del campo de detención es Sebastián (Marcelo Melingo) que siempre merodea la calle sobre la que se encuentra el campo y del que entran y salen hombres en los ya tristemente reconocidos falcon verde como íconos de aquel funesto período histórico. Sebastián entabla una relación amistosa con Andrés en la que prima el interés de Sebastián por obtener información sobre la familia de Andrés y sus vecinos. La clave de esta relación, y la de las demás, pero fundamentalmente la que existe entre la abuela Olga y Andrés, que resulta la más potente por la cercanía y la intimidad del vínculo, es el poder que se ejerce sobre otras personas a través de lo que se sabe de ellas, y sobre la decisión que se toma al respecto, es decir, qué se hace con lo que se sabe...

Una de las escenas más elocuentes e iluminadoras de la moral y las costumbres de aquellos años ocurre cuando una noche Andrés mira a través de su ventana cómo ingresan al campo de concentración a dos jóvenes encapuchados, y cómo son reducidos a golpes justamente por su amigo Sebastián. Olga, su abuela presencia junto con él la misma escena, pero al otro día niega que algo haya ocurrido, ya sea porque su abuela no está dispuesta a ver y a reconocer lo que sucede frente a sus propios ojos, o bien por conveniencia, poco importa el motivo, lo que importa es la voluntad de negación y la destructiva indiferencia, por eso convence a Andrés de que eso nunca ocurrió, que lo que Andrés cree que ocurrió, sólo es parte de un sueño, de una pesadilla, y que por supuesto nada de eso es real.

Derribando los muros del silencio

El gran filósofo alemán F. Nietzche escribió: todos le tememos a la verdad. Y eso es precisamente lo que ocurre en esa ciudad de Santa Fe entre los años 1977 y 1978. Todos los que viven allí le temen a la verdad. No quieren saber lo que ocurre frente a sus propios ojos. Con su complicidad y desinterés han construido un muro de silencio que los separa del horror que se esconde detrás. Andrés no quiere dormir la siesta no es un filme sobre la dictadura, como lo expresa el mismo director, sino sobre el funcionamiento de una familia, o más bien sobre la disfuncionalidad de esa familia y de una comunidad durante aquellos años. Asistimos así al desmontaje de esa disfuncionalidad en el seno de la familia de Andrés, de ese barrio, y a gran escala, de la Argentina de la dictadura, al poner al descubierto los mecanismos de autopreservación a través de la negación primero, luego de la destructiva indiferencia, y de la complicidad, después, por medio de la participación en esa realidad como testigos ciegos, mudos y sordos de una realidad intolerable.
Andrés no quiere dormir la siesta
La dictadura en el seno familiar

En toda dictadura, como en el fascismo, todo crimen es posible porque una persona, el dictador, se arroga a sí misma el derecho de destruir vida y bienes sin hacerse responsable. En este caso Olga, la abuela, y la cabeza de familia ocupa y cumple el rol de un dictador, decide lo que vale la pena, y deshecha o destruye lo que no lo vale. Con hilos muy sutiles y ejerciendo una violencia contenida y subrepticia expone a los miembros de la familia y sobre todo a Andrés, a esta violencia, provocando finalmente lo inevitable: la conversión de roles por parte de su hijo Raúl o del mismísimo Andrés de víctimas a victimarios...


viernes, 26 de febrero de 2010

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París-Tombuctú. Retorno a Calabuch

Escribe Marcial Moreno

París-TombuctúPodría establecerse un género fílmico que estuviera integrado por las últimas películas con vocación de serlo, es decir, esas películas que al final de la carrera de su autor proponen una recapitulación de su obra, una mirada, crítica o no, a lo que fue la vida creativa que toca a su fin, o, sin más, una despedida. Constituir tal género no sería una tarea exenta de dificultades. Una de esas dificultades emana de lo imprevisible que muchas veces resulta el final. Cuando uno aún se cree con fuerzas para seguir adelante puede acontecer lo irremediable, y lo que se creía un escalón más pasa a convertirse en el rellano final. También sucede a veces lo contrario, que no se acaba nunca de finalizar, y, de este modo, a una despedida le sigue otra, y cada recopilación queda comprendida en otra más amplia que la sucede. Hasta la última.

A todo ello hay que añadir la pulsión necrófila que suelen cultivar los espectadores y los críticos, y que en este caso se traduce en la propensión a encontrar en las últimas obras, por el mero hecho de serlo, vestigios de una intención conclusiva que, en muchos casos, no estuvieron en la mente del creador.

Por todo ello no cabe sino reconocer que el género que proponíamos tendría las fronteras más bien difusas, y aunque el constructo teórico que lo legitimara estuviese claro, la aplicación sobre la realidad cinematográfica acabaría siendo, en muchos casos, más que problemática. Más de lo que todo ya de por sí resulta en cualquier género. Sin embargo, a pesar de todo, pocas discusiones habría sobre la pertinencia de asignar París-Tombuctú a su nómina. En un lugar destacado incluso: Se trata de la última película de Berlanga (dado su estado de salud no parece posible que haga ninguna más), y reúne las características que apuntábamos sobre el aire de despedida, con ajuste de cuentas incluido, de una época y una trayectoria vital.

El modo en que el maestro se enfrenta a ésta tarea, siempre hercúlea, es revisitando su obra Calabuch, y acentuando, bajo un esquema formal similar, la distancia que las separa. Entre una y otra el tiempo se materializa, los años se convierten en desengaños, y los desgarros asoman bajo la apariencia de lo inane. El joven Berlanga de Calabuch ya no existe. Su ácida mirada es ahora sulfúrica, demoledora. La alegría que siempre acompañaba a su crítica se convierte, al final de sus días, en un rictus, en una mueca.
Lo primero que salta a la vista es el distinto papel que juega el pueblo mediterráneo que titulaba la primera entrega. Mientras que Calabuch fue inicialmente un punto de refugio, un lugar en el que encontrar la felicidad, la protección, la calma, ahora es un sitio de paso. El protagonista también busca un refugio, pero su posibilidad se encuentra mucho más lejos. En África. A Calabuch llega por casualidad, sin proponérselo, y en ningún caso quiere hacer de él su destino final. La paz de antaño es ahora picaresca, disputa, falsedad. El lugar idílico que en su momento fue ha desaparecido, se ha convertido en una estación más de lo que nos impulsa a huir, en una ficción.

París-Tombuctú

El carácter ficticio es lo que mejor define la nueva situación: Nada es lo que parece. Tras las apariencias cabe descubrir siempre realidades mucho más sórdidas. El Cambalache con el que concluye la película y el siglo XX resume, a modo de coda, esta idea, idea que impregna de arriba abajo toda la película.

Siguiendo su guía podemos ver cómo los representantes de los futbolistas son unos estafadores que lo único que pretenden es engañar a otros no menos truhanes que ellos; los hijos de los toreros no lo son en realidad; los enanos no lo eran, sino que ejercían de tales; las monjas esconden ocultas perversiones; los curas son asesinos y peseteros; las alegrías y bailes familiares ocultan odios irreconciliables; la justicia es ridícula, cuando no inexistente; la televisión representa la quintaesencia de la falsedad; las ONG son bromas de mal gusto; y las utopías, el último refugio de la esperanza, resultan ser tan vacuas como todo lo que las rodea. Boronat, la dignidad cercada, el postrer reducto de autenticidad en medio de ese océano de ficción, acaba mostrando su auténtica cara de mequetrefe cuando corre a las faldas de su mujer. Todo su afán revolucionario queda reducido al incontenible deseo de vengar una infidelidad, tras lo cual emprende un reparador viaje al caribe con su señora, aunque con la idea siempre de dejarse caer por Chiapas, la eterna coartada. Y no sólo es Boronat quien acaba delatando su íntima condición de burgués incorregible: El mendigo al que Michel (Michel Piccoli) le compra la bicicleta olvida rápidamente su destino para lanzarse, una vez se ve con dinero, hacia Pigalle. Ahí suelen acabar las utopías.

Berlanga reduce todo este desolado paisaje a un elemento que lo representa adecuadamente: Anacleto, el muñeco parlanchín. Su intervención en el programa de televisión como si fuera un individuo más implorando la vuelta a casa del hermano huido lleva al extremo lo que es Calabuch. Su realidad no es otra cosa que el despliegue de Anacleto, de su mascarada. Por lo tanto, ninguna protección cabe esperar de Calabuch. Más bien lo que procede es seguir la huida hacia un paraíso más lejano.

Ahora bien, ¿de qué se huye? En ambos casos la respuesta podría ser similar. Se huye del mal. Pero el mal tampoco es lo que era. En tiempos remotos el mal lo era porque amenazaba a la colectividad, y lo hacía a través de lo más terrible que pueda haber, la bomba atómica. Esconderse, por tanto, era un modo de salvar al mundo, y quienes acuden en búsqueda del científico desaparecido lo que persiguen es reintegrarlo a sus funciones, restaurar el orden alterado y reavivar la amenaza.

Sin embargo el mal del que se huye ahora es más personal, privado, intrascendente. El problema que tiene Michel es su incapacidad de sentir placer, y su huida es una búsqueda de ese placer perdido. Es comprensible que nadie lo reclame, que su ausencia haya pasado desapercibida. Si bien tampoco del todo, tal como lo atestigua la llegada de su mujer a Calabuch, aunque en este caso, lejos de querer recuperarlo, lo que pretende es librarse definitivamente de él.
La miseria de sus intenciones corre pareja a la miseria de su persona. Michel es un cirujano plástico, es decir, alguien que se dedica a cambiar la apariencia de las personas, a mostrar una imagen falseada de la realidad, llegando incluso a ponerse al servicio de los delincuentes. Nada por tanto que desentone del entorno que Calabuch representa. La huida de su realidad, de este modo, ha de ser también la huida de Calabuch.

La mirada entristecida del médico a la ciudad que le acoge es la mirada del fracaso. El aparente jolgorio que lo envuelve no esconde la frescura que en otros tiempos contenía, sino la degradación que se intenta mantener oculta. Y ni siquiera el suicidio puede constituirse en una salida digna. Estamos condenados a suportar lo insoportable, toda vez que se constata que la escapatoria, en bicicleta y por el Atlas, no pasa de ser una quimera.

París-Tombuctú“Tengo miedo”, se despide Berlanga. Al menos esa confesión demuestra que está vivo, que reconoce el carácter amenazante de la situación en la que se encuentra, que sabe de la existencia de un peligro encubierto. Un miedo, por extraño que pueda parecer, más justificado que el que se desprendía de los delirios atómicos que la vieja Calabuch nos mostraba, en tanto que más inmediato, más sutil y más irremediable. Tanto es así que ni siquiera se manifiesta en muchos de nosotros. Y es justamente en esa falta de miedo donde reside el verdadero drama.


Afortunadamente siempre quedará la lucidez de genios como Berlanga para advertírnoslo.

jueves, 25 de febrero de 2010

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`Un Profeta´: estreno en España

web de la película
Estreno en España: 26 febrero





Actualmente, en Francia, cuando se quiere hacer una película de ambiente carcelario, surgen dos obstáculos: el documental con vertiente social, cosa que no me interesaba, y la influencia de la imagen de la prisión derivada de las series americanas, con arquetipos que no nos pertenecen.
[…]
No me planteaba hacer un análisis sociológico, sino hablar de ambientes mafiosos surgidos en centros carcelarios, cerrados. Además, me apetecía hacer una historia con lenguas distintas (el corso y el árabe) que hacen más cerrados los grupos, dándoles un aspecto misterioso. Teníamos la idea de hablar de un ambiente criminal en el que se enfrentaran los viejos y los nuevos, con sus distintas culturas. El personaje del profeta encarna a este nuevo tipo de criminal: no es un psicópata, sino inteligente y casi angelical... Lo que me interesaba era tratar la prisión como una metáfora de la sociedad. En un instante, el interior y el exterior de la cárcel se convierten en la misma cosa, y lo que aprendes dentro te sirve fuera. Quería crear un personaje que no tuviera otra solución que aprender en prisión algo de lo que pudiera aprovecharse fuera
”.

Jacques Audiard

leer más en www.altafilms.com

www.un-prophete.com



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Málaga (17 - 24 abr.): Retrospectiva Julio Medem

web Festival
web Festival
13º Festival de Málaga

Cine Español


17 – 24 de abril

www.festivaldemalaga.com


Una vez seleccionado el Cartel, realizado por Bart Futura, la 13ª edición del Festival de Málaga comienza a concretar contenidos.


Premio Retrospectiva (MÁLAGA HOY)
    Julio Medem
Habitacion en RomaEl homenaje incluirá la programación completa de su filmografía, incluyendo el estreno de Habitación en Roma, en la Gala de Clausura. Asimismo, el Festival, en colaboración con la Editorial Cátedra, publicará un libro sobre el director escrito por Zigor Etxebeste.



Película de Oro
    Malvaloca, de Benito Perojo.
Película de 1926, “cuenta con la singularidad de ser una de las primeras películas rodadas en Málaga, y que está protagonizada por Lidia Gutiérrez, Manuel San Germán, Javier de Rivera y Erna Becker ”.
La proyección de la película, cuya copia ha sido cedida por la Filmoteca Española, contará con el acompañamiento musical de la Orquesta Filarmónica de Málaga, dirigida por la batuta de Ángel San Bartolomé. Previamente, se proyectará el cortometraje Espectadores al tren. Los orígenes de Málaga en el cine, de Francisco Griñán y Domi del Postigo.


Congreso de la Crítica

En colaboración con la Universidad de Málaga (www.uma.es) y la revista Cahiers du Cinéma (www.caimanediciones.es), Universidad de Málagacríticos como Jordi Costa y Carlos Losilla, y directores como Daniel Monzón y Vicente Molina Foix, “reflexionarán sobre el paso de la crítica a la profesión cinematográfica”.

16 — 17 de abril
en la UMA


El Festival continuará con sus habituales secciones:
    Sección Oficial de Largometrajes
    Zonazine
    Estrenos
    Cortometrajes
    Muestra de Cine Latinoamericano
    Documentales




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Crítica de I'm not there


El poeta es un fingidor 1 2 3 4 5
Escribe Juan Ramón Gabriel
Cartel de I'm not there
A mitad de camino entre el homenaje y la impostura, discurre esta original y sorprendente aproximación a la figura del cantante Bob Dylan, este viaje cinematográfico por la trayectoria de uno de los iconos artísticos y musicales más resbaladizos de las últimas cinco décadas, presente su estela todavía en el panorama actual.

Tal como señala la secuencia inicial, se trata de llevar a cabo la autopsia figurada de un cadáver muy vivo, así como de la época histórica por la que deambuló. Cronológicamente, la acción se desenvuelve entre el final de los idealizados años cincuenta, en las postrimerías de la administración Eisenhower (1959), y el epicentro de la administración de Ronald Reagan (1984). Esta vivisección persigue mediante la prosopografía del personaje, a través de los datos históricos y de toda la proyección mediática generada en torno a él, alcanzar la etopeya, el núcleo último y basamento prístino interior sobre el que se ha erigido el pedestal de su fama.

En paralelo al personaje, transcurren los avatares históricos donde germinó su semilla musical, la bandera y el país en cuyas estrellas brilló refulgentemente el aura de un mito musical al que se le quiso revestir de mesianismo.

I'm not thereEl periplo del personaje se convertirá en símbolo de una búsqueda indagatoria, en el requerimiento de un viaje interior hacia los entresijos últimos del venero de la creación artística, hacia las fuentes primigenias de donde ha de brotar, inmaculado y epifánico, el impulso de la poesía, desprendido de toda la ganga que su ulterior hallazgo acarrea: corrupción y desbaratamiento. Así pues, Bob Dylan sirve de compendio del artista per se, de pretexto para una reflexión o ensayo sobre el papel del artista en la modernidad. Afortunadamente, el director se salva de la hoguera a la que parecía condenado tamaño empeño, a saber, la solemnidad afectada y el engolamiento, gracias a cierta ironía y al asentimiento que solicita del espectador, aprovechándose de la admiración que suscita el personaje retratado. Hemos de aceptar el juego de sincera falsedad, las cartas marcadas que se nos reparten, para entrar en la partida. De lo contrario, seremos expulsados de la timba.

Los argumentos con que se nos gana son los siguientes: partiendo del presupuesto posmoderno de la imposibilidad de un relato otorgador de un sentido unívoco e omnímodo, abraza como mecanismo de representación una perspectiva poliédrica, coherente con el retrato del sujeto fragmentado con que perfila a la persona Dylan. Al modo de los heterónimos pessoanos, esboza toda una serie de máscaras que intentan esbozar los perfiles del artista quebrado, de sus múltiples astillas, de su plural vida. Para ello, recurre a un hexaedro actoral: seis diferentes actores interpretarán seis diferentes etapas, posturas o manifestaciones por las que ha atravesado el genio creador de Dylan. En última instancia, se persigue, mediante tal fragmentación, preservar la pureza originaria del discurso artístico, meta última que guía el quehacer poético del vate Dylan. Antes que pervertir su música, prefiere mudar la epidermis que envuelve al personaje, aun a riesgo de crear el desconcierto entre sus acomodaticios seguidores, renuentes a los constantes cambios que se operan en el resbaladizo cantante, mudanzas que arrastran en su labilidad la propia estabilidad de la persona, siempre paseándose por el filo de la navaja o por la atracción del abismo.

El director ancla el argumento en tres líneas de sentido: por un lado, la historia de Robbie (Heath Ledger), un joven actor que encarna, en el mundo del celuloide, los ideales que la música de Dylan expresa; que deviene una traslación al universo cinematográfico y a su ecosistema del malestar y de las ansias de autenticidad que destilan las letras de Dylan. Esta subtrama escenifica todo el ambientillo de la bohemia del Village neoyorkino, todas las esperanzas de una generación que se vieron identificados con la figura del presidente Kennedy. He aquí el retrato de la izquierda norteamericana, de sus ideales y de su intrahistoria cotidiana, de su fracaso y de su pérdida de la inocencia. La guerra de Vietnam es su seña de identidad.

Por otro, una especie de juicio sumarísimo, a la manera de las comparecencias ante la comisión Macarthy, a una especie de Arthur Rimbaud redivivo, epítome de l´infant terrible a la par que origen de la imagen de creador moderno: Je est un autre se convertirá en el lema del problema de la identidad en la poesía y, por extensión, en el arte moderno. Su interrogatorio da pie a toda una reflexión sobre el concepto del arte y sobre el problema de la Autenticidad.

Por último, las diferentes máscaras-personas-actores que encarnan las diferentes facetas de la trayectoria artística del mutable Dylan: desde un niño negro seguidor del agonizante maestro de Dylan, muestra de las raíces “negras” y folclóricas de su música, niño que nos retrotrae a secuencias representativas de la época de la Gran Depresión, a un cine deudor de la novela social de Steinbeck, con sus vagabundos y sus vagones de trenes de mercancías que transportan a los excluidos sociales (niño que será un simulacro falso más, pues simplemente se ha escapado de un orfanato); el arma de este personaje para “matar fascistas” la guarda en su funda: la guitarra (“La poesía es un arma cargada de futuro” que decía aquél…)

I'm not there



Jack (Christian Bale), la primera imagen icónica del joven Dylan, nuevo trovador o juglar de los valores periclitados de una América popular, máscara del cantante o cantautor tradicional, de la canción protesta, que desatará el fervor entre toda una nueva generación de norteamericanos que lo adoptarán como estandarte de causas políticas y sociales, hasta provocar el hartazgo y el deseo de metamorfosis en el idolatrado Dylan. Jude Quinn (Cate Blanchet) es la máscara sesentera, la entrada en el territorio de las drogas, la huida de los EEUU para refugiarse en el Londres fabuloso de los sesenta, donde podrá “dialogar” con los Beatles y Los Rollings. Este apartado es todo un homenaje a la época dorada del pop inglés y a la ebullición artística que se fraguó en esos efervescentes años: la psicodelia, el arte abstracto, la moda y el diseño…y el vacío y el bluf. Hay un explícito homenaje al Richard Lester de ¡Qué noche la de aquel día¡ El guión se recrea en esta etapa mediante la introducción de un antagonista, una especie de encarnación del Mister Jones (canción de Dylan): el hombre burgués, mediocre, biempensante e hipócrita, que reprime sus tendencias sexuales en aras de una moral obsoleta. Este Jude Quinn acabará sus días de predicador en California, en mitad de la revolución neoconservadora del reaganismo.

Y, finalmente, Billy, álter ego de Billy el niño, nuevo guiño ahora al filme de Peckinpah en el que participó Bob Dylan. Billy vive apartado del mundanal ruido, refugiado en su pueblo de adopción: “Acertijo”, del que había escapado el joven negro del principio. Así pues, el círculo se cierra. Pero Biily será expulsado de allí por la avaricia especulativa de Pat Garret y sus hombres, subiendo a un tren en marcha. El tren circular del principio del filme.

Un concierto en medio de la plaza de “Acertijo” le sirve al director para rendir un nuevo homenaje a los Beatles, en concreto a la portada de su psicodélico disco Sargent Peppers. De un modo onírico, surrealista y descabellado desfilan toda una serie de personajes, personas y animales (jirafas y avestruces), metáforas de una Norteamérica derrotada, vencida y moribunda, a la que sólo resta la indignación.

Coherente con este juego de espejos, con este desfile de máscaras, con esta fragmentación ontológica, la estructura se articula de manera discontinua, rota y quebrada. Las diferentes sub-tramas se sobreponen unas sobre otras, en una especie de puzle que el espectador debe ordenar. Superposición que también afecta a la disolución de los límites entre realidad y falsa ficción documental: hay toda una serie de personajes entrevistados que expresan su opinión y la relación que mantuvieron con Dylan. Destaca Julian Moore como máscara de Joan Báez. Por supuesto, que también aparece la realidad real a través de portadas de periódicos y de imágenes televisivas (Kennedy, Nixon, Vietnam, el napalm…)

Como no podía ser menos, las canciones y la música de Dylan pautan diegéticamente la narración, siendo un elemento fundamental, el armazón, el canzoniere vital y artístico que en última instancia ha de dotar de poesía a la simulación que las imágenes nos ofrecen. Y la dota, eso sí, siempre y cuando se acepte el juego de guiños, los reflejos especulares, las intertextualidades culturalistas, el código compartido o al menos consentido, la broma intelectual, todo aquello que impide una trabazón dramática, que supere la estética de video-clip. El filme hubiese ganado con treinta minutos menos de metraje, pero aun así resulta entretenido, ilustrativo. Los actores, los reales, están muy bien. En particular Cate Blanchet, Charlotte Gainsbourg, Heath Ledguer (desnudo frontal incluido), Richard Gere… El narcisismo que destila la historia no es asfixiante. Es epocal. Lo que hay.


I'm not there

miércoles, 24 de febrero de 2010

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Un Dios cinematográfico: Berlanga

Escribe Jesús de la Peñá


Luis García-Berlanga Martí, ácido, sarcástico y muy real, nacido en Valencia el 12 de junio de 1921, en el seno de una familia aburguesada cuyas costumbres retrata posteriormente en sus películas. Su padre, diputado de Unión Republicana en tiempos de la Segunda República, decidió que estudiase con los jesuitas e incluso lo internó en un refinado colegio suizo.

Se inclinó por la carrera de Derecho y la de Filosofía y Letras, pero abandonó los estudios para enrolarse en la División Azul, no sólo para evitar represiones políticas por el cargo que había desempeñado su padre sino a cambio de medidas de gracia para éste. Combatió en el frente ruso un año, y cuando se licenció decidió dedicarse al cine. Marchó a Madrid con una carta de recomendación de su tío dirigida a Vicente Casanova, un alto directivo de la productora Cifesa, y finalmente, en 1947, ingresa en la primera promoción del Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid, junto a José Luis Borau y Juan Antonio Bardem.




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Mecal (BCN): Videoconcierto LandEscape + Warhol

web MECAL
12º MECAL

Festival Internacional de Cortometrajes de Barcelona



Miércoles 24

Videoconcierto de Landescape sobre Warhol


19:30h. en el Espai Cultural Caja Madrid (BCN)

Entrada gratuita

Con motivo de la inauguración de la exposición Mistaken identity, de los Milton Brothers, se proyectarán algunas de las piezas experimentales del padre del Pop Art, Andy Warhol, como Kiss (1963) y algunos de sus famosos Screentests (1964-66). Todo ello con el acompañamiento sonoro en directo a cargo de LandEscape. “LandEscape es el nuevo proyecto de Maxi Ruiz. Entre el 2000 y el 2008 Maxi formó parte, junto con Fra Soler, de Ferenc, los DJ residentes de Nitsa Club en la sala Apolo. La formación se caracterizaba por pinchar techno de inspiración germánica con pinceladas de trance, apuntes de minimal y algún que otro guiño nostálgico a los balearic beats, convirtiéndose en una de las formaciones electrónicas barcelonesas con mayor proyección internacional”.

Ruiz Pantaleón en myspace



web MECAL
9 – 18 de abril
Barcelona

www.mecalbcn.org


Mecal se mantiene y evoluciona a la vez, buscando siempre lo mejor y más novedoso en el campo del cortometraje. Este año ha recibido más cortometrajes que nunca, cerca de 3.500 y ha hecho la mejor selección para el festival”.

El Festival contará con las habituales Secciones Oficiales a concurso: Internacional, Documental y Oblicua. Y, entre los profesionales que comienzan a concretarse entre el Jurado Internacional, figuran nombres como el crítico Quim Casas, el realizador belga Nicolas Provost y el showman Miqui Puig
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Secciones Paralelas:

País invitado Bélgica, permitirá ver los cortometrajes realizados por los alumnes de las prestigiosas escuelas de animación `La Chambre´ y `Kask´.

Retrospectiva Éric Rohmer.

Selección Publicidad y Videoclips.

Las secciones fantásticas Vampiro, Ovni y Zombies.

Back to the Future , a través de la que “sabremos como imaginaban el futuro los cortometrajes del pasado”.

OK computer, “sesión de cortometrajes hechos con la tecnología motion graphics”.

Green, de temática ecológica, y Green Porno, incluyendo tres temporadas de la serie de Isabella Rossellini sobre “el comportamiento sexual de los animales con una puesta en escena original y gráfica, pero con rigor científico”.

Infantil, sesiones matinales para los más pequeños.

Womart, “una sección que reflexiona sobre el universo femenino”.

Catalunya, que mostrará algunos cortometrajes realizados en ésta Comunidad Autónoma.


Oferta Abono Mecal
en Atrápalo (web)
15 € (40% descuento)
(hasta el 1 de marzo)

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12º FEC (24 - 27 feb. Cambrils / 3 - 6 mar. Reus)

web Festival
FEC Cambrils - Reus

XII Festival Europeo de Cortometrajes


Cambrils: 24 – 27 de febrero
Reus: 3 – 6 de marzo

www.fecfestival.com


Festival dedicado a cortometrajes europeos y videocreación contemporánea. El Proyecto FEC entiende el cortometraje como medio y no como destino, de ésta manera da cabida no sólo a cineastas, sino también a artistas visuales o plásticos que utilizan el cine como lenguaje expresivo”.


SELECCIÓN

9 (Madrid, 2008), de Peña Sánchez.

¿Qué será de Baby Grace (Mallorca, 2009), de Armand Rovira.

75 metros (Madrid, 2009), de Daniel Castro.


9, ¿Qué será de Baby Grace?, 75 metros





Chocolate frío (Madrid, 2009), de Pedro Loro.

Con el viento (Sevilla, 2008), de Manolo Muñoz.

Dime que yo (Madrid, 2008), de Mateo Gil.

Chocolate frío, Con el viento, Dime que yo





Die Schneider Krankheit (Madrid, 2008), de Javier Chillón.

Esto no es amor (Madrid, 2009), de Javier San Román.

Eva Boom o la explosión plástica (Barcelona, 2008), de Àlex Marín.


Die Schneider Krankheit, Esto no es amor, Eva Boom o la explosión plástica





La rubia de Pinos Puente (Madrid, 2009), de Vicente Villanueva.

Metrópolis ferry (Madrid, 2009), de Juan Gautier.

Padre modelo (Barcelona, 2009), de Alejandro Marzoa.

La rubia de Pinos Puente, Metrópolis ferry, Padre modelo





Primer contacte (Barcelona, 2009), de Pau Escribano.

Protopartículas (Elche, 2009), de Chema Garcia.

Runners (Barcelona, 2008), de Marc Reixach.


Primer contacte, Protopartículas, Runners





Socarrat (Madrid, 2009), de David Moreno.

Tachaaan! (Madrid, 2009), de Rafael Cano, Carlos Olmo, Miguel Angel Bellot.

The end (Madrid, 2009), de Eduardo Chapero-Jackson.

Socarrat, Tachaaan!, The end





The way to Macondo (Ciudad Real, 2009), de Chico Pereira.

Uyuni (EE.UU., Madrid, 2009), de Zac&Mac .

Ver (Madrid, 2008), de Antonio Galeano.


The way to Macondo, Uyuni, Ver






ver fichas completas

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Xarrades en Curt: Premiados

web Xarrades

II Xarrades en Curt







De entre los 22 cortometrajes finalistas, las obras premiadas han sido:


Les sabatilles de LauraSección Oficial obras Valencianas
    Les sabatilles de Laura
    de Óscar Bernácer






Yanindara Sección Oficial obras Nacionales
    Yanindara
    de Lluis Quilez






Te quieroPremio del Público
    Te quiero
    de Sergi Portabella


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Crítica de Tiana y el sapo

De camarera a princesa pero antes sapo 1 2 3 4 5
Escribe Eva Cortés


Cartel de Tiana y el sapo
Nominada a varios Oscar entre ellos a mejor canción original con Almost There y Down in New Orleáns, Tiana y el sapo, la nueva película de Disney, compite con Up en la categoría de mejor película animada.

Han tenido que pasar seis años para volver a ver una película Disney en 2D. Es cierto que en aquellos años, Disney perdió calidad en sus últimas películas, principalmente por abandonar los guiones con personajes trabajados. Vacas, vaqueras zafarrancho en el rancho fue un filme muy criticado.

Al unirse a Pixar parecía que Disney había abandonado por completo los dibujos en lápiz y papel rindiéndose a los pies de las nuevas tecnologías.

Pero con este estreno que cuenta como director con Ron Clements Disney, da un golpe en la mesa imponiendo su autoridad en el mundo de la animación, recordando que en el cine también existen las modas que van y vienen.

Tiana y el sapoY así nos encontramos de nuevo con una historia al más puro estilo Disney. Una historia de princesas y príncipes, de amistad, amor y aventuras, donde los personajes secundarios son fundamentales.

Como escenario Disney eligió Nueva Orleáns y como ya ha hecho en otras, nos acerca con pequeños detalles a su cultura y gastronomía.

Tiana es una jovencita trabajadora y responsable que sueña con abrir su propio y lujoso restaurante tal y como le prometió a su padre. En la fiesta de su amiga, vestida con un traje de su amiga que es princesa, se encuentre con un sapo. Éste no es otro que el Principe de Maldonia que aburrido de su situación se ha dejado hechizar por un loco del vudú, el Dr. Facilier. Como Tiana no es princesa el hechizo no se rompe y ahora nos encontramos ante una parejita de simpáticos sapos.

Juntos deciden recorren el pantano del bosque para encontrar a Mama Odie para que deshaga el hechizo. Por el camino vivirán pequeñas aventuras y harán dos amigos. Louis, un caimán amante del jazz que sueña con poder tocar al lado de los humanos sin que se asusten y Ray, una luciérnaga extra – romántica enamorada de una estrella.

Tiana y el sapo

Viaje en el tiempo

Con estos ingredientes se forma el cóctel. Un cóctel que sin brillar como lo hicieron antaño grandes clásicos como La Sirenita, El Rey león o La Bella y la bestia, entretiene y maravilla por su riqueza visual recordándonos el arte de Disney con el 2D.

Quizás uno de los problemas por los que la historia no cuaja es por la poca credibilidad de la historia de amor entre ambos sapos. Ya hace tiempo que pasaron de moda los príncipes y princesas, pero es que además este es un mujeriego que de la noche a la mañana se enamora perdidamente. Y para eso tiene que ser sapo… ojo al dato.

Y bueno tampoco ayuda mucho el volver a ver la historia de siempre. De la chica pobre que conoce al príncipe y se convierte en princesa y vivieron felices etc. Ni que el difícil camino lleno de peligros hasta llegar a casa de Mama Odie se quede en unos ridículos cazadores. Claro que no olvidemos que el filme va dirigido al público infantil y tampoco es necesario que sufran de más.
Además, por suerte para salvar el guión los secundarios con sus toques de humor en unos casos y de malicia en otros, mejoran estos fallos aportando ritmo a la historia.

También es cierto que para los fans de Disney las canciones en este caso de Randy Newman no sean tan pegadizas como lo fueron en su momento Bajo el mar, Bella y Bestia o Acuna Matata, pero la realidad es que dos de ellas están nominadas a los Oscar, lo que significa que para la Academia las canciones dan la talla. Claro que esto no quita para que en suma resulten demasiadas y en ocasiones no bien ligadas a la situación; me hace pensar que han sido introducidas únicamente con el objetivo de alargar el metraje.

Dejando los peros a un lado, y salvando comparaciones con La sirenita, donde surgió la idea de los hechizos para cumplir sueños pagando con destrezas – en aquel caso la voz, en este la sangre del príncipe –, Tiana y el sapo cuenta con un despliegue visual impresionante y recupera el aspecto musical de los clásicos. Por ejemplo la escena romántica en el lago iluminada con la luz de las luciérnagas es preciosa.

Y como en todos los filmes de Disney en este tampoco podía faltar la moralina. Esta vez lo que se pretende inculcar a los peques de la casa es que los sueños se cumplen y que la felicidad empieza por quererse a uno mismo y por dar prioridad a las cosas importantes. Solo de esta manera los jóvenes enamorados Tiana y el príncipe Naveen logran encontrar su camino, aunque como ya he dicho para ello tenga que pasar un tiempo siendo sapos.

Tiana y el sapo

martes, 23 de febrero de 2010

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Berlinale: premios

web Berlinale


El Jurado Internacional, compuesto por Werner Herzog, Francesca Comencini, Nuruddin Farah, Cornelio Froboess, José María Morales, Yu Nan y Renée Zellweger, entregaron los premios de la Sección Oficial a:...


viernes, 19 de febrero de 2010

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Berlinale: haciendo quinielas

web Berlinale


No es mala idea eso de organizar la programación repartiendo en cada jornada tres películas de distinto tono. Así que, de nuevo, nos encontramos con algo que vale la pena, la gran producción (que ya vienen al festival con la distribución bien asegurada), y una tercera, simplemente, por completar el cartel.



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Crítica de Todo incluído

Terapia en Bora Bora 1 2 3 4 5
Escribe Eva Cortés
Cartel de Todo incluído
El actor Peter Billingsley se ha pasado detrás de la cámara y nos presentó hace algunas semanas su película Todo incluido. En ella también cuenta con una pequeña actuación.

La historia nos cuenta como cuatro parejas viajan hasta el complejo hotelero Eden situado en la isla de Bora Bora (Tahití) movidas por una de ellas que está pasando una crisis.

La película que es absolutamente predecible y está a falta de humor creativo intenta ahondar en las relaciones de estas cuatro parejas, donde cada una representa un tópico social. Lo que pretende ser una comedia de amistad, amor y problemas de parejas a las cuarenta se convierte en una falsa representación de roles sociales.
Por un lado Dave (Vince Vaughn, de quien además fue la idea del guión original) y Cynthia (Kristen Bell) representan a las típica pareja que tiene una relación sólida y han formado una familia, se compenetran y han aprendido a convivir juntos. Pero siempre existen cosas que cambiar del otro.

Todo incluídoJason (Jason Bateman) y Ronnie (Malin Akerman) forman la pareja en crisis. Son perfeccionistas y metódicos y no aceptan que su relación tenga flecos. Por Internet encuentran esta oferta para grupos donde las actividades se alternan con terapias matrimoniales y deciden convencerles para ir usando su talento para las ventas.

Joel (Jon Favreau, coguionista de la película) y Lucy (Kristin Davis) llevan juntos de la universidad. No han conocido otra pareja que la de toda la vida y tienen una hija adolescente fruto de la noche de pasión que vivieron en el baile de fin de carrera. Han caído en la rutina y están a punto de separarse porque apenas se dirigen la palabra.

Faizon Love (Shane) lleva un tiempo separado de su mujer pero no ha conseguido olvidarla. Ha vivido siempre mangoneado por ella ahora se dedica a vivir la vida. Está de rollete con Trudy (Kali Hawk) a la que le saca veinte años. A Shane le cuesta seguir su ritmo porque aunque como dicen, en el amor no importa la edad, veinte son muchos años de diferencia.

Pero a pesar de que el guión intenta marcar mucho las diferentes personalidades y nos los presenta como diferentes en el fondo a estos chicos se le ve el plumero. Aunque son ellos quienes pretenden llevar el poder, en realidad son ellas las que llevan la sartén por el mango.

Con esta situación las parejas llegan al resort. Allí para su decepción descubren que no todo va a ser diversión y que el viaje está enfocado fundamentalmente a salvar sus respectivas relaciones y que todos deberán asistir a la terapia de Marcel (Jean Reno) a no ser que prefieran volverse a su casa.
A partir de ahí se suceden gags y escenas que pretenden ser cómicas pero que muchas veces se quedan en ridículas como es el caso de cuando se tienen que quedar en bañador en su primera terapia y Shane no lleva.

Es una lastima que para el elenco de actores con los que cuenta la película, la mayoría con experiencia en el género, Peter no haya sabido sacarle ese jugo a la historia.

Con un final totalmente predecible como decía e inverosímil, pues hasta aparece la ex de Shane de forma totalmente casual deseando hacer las paces con su ex–marido, la comedia me recuerda un poco, aunque a la americana, a la española Al final del camino.

Trucos de terapia y soluciones imposibles que hacen que el espectador se aburra y sienta que le han tomado el pelo, pues lo que prometía ser una divertida comedia ha resultado una historia llena de tópicos y chistes fáciles.

Por rescatar algo divertido, decir que la escena de la clase de yoga es, de las casi dos horas que dura el filme, la escena en la que más te ríes, aunque no deja de ser también una situación típica en este tipo de películas.

Sin pena ni gloria Todo incluido pasará al olvido y se confundirá con otras semejantes y con el paso del tiempo no recordaremos si la hemos o no visto.
Todo incluído

jueves, 18 de febrero de 2010

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Berlinale: ¡Esos cines `periféricos´!

web Berlinale


¿Podría provocar un escándalo que el Oso de Oro recayese en la única película sudamericana a concurso? Incuso se podría dejar en evidencia, rayando el ridículo, a tantas producciones noreuropeas que fueron elegidas para optar a concurso. Y ya seria el colmo si, además, nos acordáramos que el año pasado, en similares condiciones porcentuales, La teta asustada de Claudia Llosa arrasó frente a títulos que se presentaban con soberbia. ¡Sería buenísimo!


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