jueves, 28 de mayo de 2009

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¿Vendetta o incompetencia?

Escribe Harry Lime

ACTO PRIMERO

El sol del membrillo, de Víctor Erice

Podemos viajar en el túnel del tiempo hacía antiguos festivales de cine y, aterrizar, por ejemplo en Cannes 92. Allí España está representada por El sol del membrillo de Víctor Erice. Una gran película como todas (las pocas) que ha hecho. También un filme distinto, novedoso que exige un análisis en profundidad. Si alguien se queda en la periferia o en el cine como divertimento o espectáculo será imposible comprender lo que allí se expone. Entre los personajes que deambulan por el festival, hay comentaristas, gacetilleros, críticos ponderaros, escritores embadurnadores de letras o, simplemente, gente a la que le gusta darse la buena vida ―al tiempo que presumen de una ideología ligh progresista―, se encuentra alguien que, convertido en sí mismo en un verdadero espectáculo, empieza a dar que hablar (y a tener fans y detractores) como es Carlos Boyero. Es de Salamanca, a la que siempre que puede dice despreciar, lo cuál quiere decir muy poco. Ya se sabe, lo que la naturaleza no da… Pues bien tal personaje, en aquel festival, muestra su aburrimiento y su desprecio hacia la película de Erice. Y de paso también hacía los intelectualillos que alaban al autor. No se da cuenta que en sus palabras, sin aporte crítico alguno, únicamente expresando una opinión personal, la misma que puede dar cualquier turista que atesora el sol en la costa francesa, se retrata a sí mismo, convirtiéndose en un personaje esperpéntico propio de este show celtibérico en el que tantos viven medrando por medio de la desfachatez, del insulto o de la mayor de las ignorancias.

Carlos Boyero es el espejo de muchos inútiles que prefieren vivir a costa de los demás, intentado llegar siempre más arriba en una cucaña resbaladiza. Podría escribir de cualquier cosa con tal de estar en la primera fila del banquete, de ser venerado con papanatismo por quienes ven en él un reflejo de su misma nulidad o incapacidad. Su crítica y ataque proseguido contra Erice, sería el mismo que, en su momento, hubiera podido realizar contra maestros del cine como Buñuel, Bergman, Murnau, Dreyer,,, Era la punta de un iceberg que se llevaría tras de sí, en su engreimiento despectivo, a todo lo que realmente sonara a novedoso o distinto en el cine.

Tal escribiente, mezclador de letras, es incapaz de hacer una crítica de cine. Lo mismo le daría ser un comentarista deportivo, que contarnos el seguimiento de candidatos en unas determinadas elecciones o, a lo mejor, hasta (aunque sería demasiado) de pasear su palmito de reportero en algún que otro hecho sonado. En la línea, en cine, de Carlos Pumares, en el mismo sentido peleón de grandes faltones de la radio o de la televisión que van, y de forma diversa, de Sánchez Dragó a Jimenez `Lozanitos´ pasando por José María García, rellena artículos personales (o escritos por otros) repletos de adjetivos y de falsa progresía.



ACTO SEGUNDO

El País

De escribir en El mundo pasa a escribir en El País. Dos diarios aparentemente muy distintos pero que a veces parecen hermanarse en la destrucción de la cultura, la imparcialidad y el sentido crítico. De hecho El País, desde hace tiempo ya parece dispuesto a demostrar que el cine (y acaso la cultura) no le interesan demasiado. Tuvo un buen crítico como fue Ángel Fernández Santos. A veces los diarios han tenido, o tienen (a lo mejor causalidad) un buen crítico de cine, es decir alguien que ayuda a los lectores a comprender las película a través de un análisis (más o menos profundos) de las películas. Por ejemplo en diarios escribieron gente tan interesante como Gómez Redondo o José Luis Guarner. Y en prensa también estuvo haciendo crítica gente como Diego Galán, Fernando Lara, Mirito Torreiro, Manuel Hidalgo… y más, pero también en muchos diarios la crítica de cine se pone en manos del último que llega. Claro, cualquiera puede escribir de cine, aunque sea de oído o de oídas.

Cuando Prisa tiene una productora de cine y también participa de la exhibición de filmes hay que leer con mucho cuidado lo que en su apartado crítico, o lo que sea, se dice de esas películas con intereses en la casa. El negocio es lo primero. El negocio también es contratar a voceros que mantengan un cierto tono bronco en sus artículos. No importa lo que se diga y sí mantener un cierto tono de pugilato constante con lenguaje verbenero.

Podría pasar que ese sentido proclive a la indiferencia, a la vacuidad, dentro de la poca importancia que en la prensa se da a los apartados culturales, se esponjase en la sección televisiva donde los resbalones de El País fueron sonados (el catalogar de horrible La carrera del siglo o convertir Sin Salida en un remake de Más allá de la duda, entre otros muchos lamentables errores), pero no es así se ha extendido también al cine. Leer últimamente las criticas de los estrenos es triste, bien porque tal critica se reduce a diez líneas, bien porque el maestro del comentario de una página es el tal Boyero.

Si su prepotencia, su engreimiento o su falta de profesionalidad eran manifiestas, decidió en el pasado festival de Venecia dar un paso más. A ver hasta donde podía llegar en su papel de inquisidor sin que nadie le dijese nada. Daba igual que afirmase que se salía de una película de (un tal) Kiarostami, que explicará que lo mejor de un festival de un cine no son las películas sino (después de ir varios años) el saber donde se come maravillosamente. Claro no sólo del cine, como es natural, hay que vivir, Pero lo que un crítico, o lo que sea, no puede olvidar es que se le paga para informar a los lectores sobre lo que se proyecta.

En aquel festival saltaron chispas. Algunos importantes directores y críticos (a los que Boyero procedió a despreciar ante su minoritario respaldo o conocimiento) lanzaron un manifiesto que encendió en parte el fuego en el inmediatamente posterior festival de San Sebastián, donde Boyero empezó aminorando el sentido destructivo de sus artículos en función de una traca final a su gusto y manera.



ACTO TERCERO

Carlos Bollero

No contento con sus artículos semanales, aparecen también en El País algunos artículos en una columna de televisión en el apartado cultural de los sábados. Además cuenta con un foro semanalmente donde (a lo mejor él o a lo mejor alguien encargado de duplicar su imagen) da rienda suelta a su egocentrismo y pedantería. Foro, como todos los existentes, donde sólo se filtra aquello que el contestador desea. De esa forma, para que se crea en la democracia del sistema empleado, se deja pasar la fobia o el pataleo de algún internauta cabreado con el incienso de los que promueven su endiosamiento. Algo que agradece hablando de cantantes, de su odio al teatro, de sus novias o de cómo las películas con tal actriz “buenorra” le gustan más.

En estas se ha ido a Cannes, varios años después de sus pedradas contra Erice. No ha ido sólo, se ha ido en compañía de un amiguito del alma con el que ha podido comentar sobre lo que ambos veían al tiempo que en el colmo de la estupidez decidieron (como demostración de lo fácil que es rodar algo) grabar comentarios de unos tres minutos de duración sobre cada una de las jornadas del festival. Unas horteradas comparecencias propias de un juego infantil realizadas con un teléfono móvil.

Lo sorprendente es que su compañero se permite crear un blog de estúpido título que parece salido de una película de Mariano Ozones. Y que quien lo crea es un tal Borja Hermoso que en unas de sus “bonitas” crónicas se permite atacar, al estilo Boyero, a Almodóvar sin que venga o no a cuento. Curiosamente uno y otro (¿por qué será?) al que más parecen respetar de los tres representantes españoles es a Amenábar. A Isabel Coixet, Boyero, le da un buen repaso. Pero los furibundos ataques de uno y otro se producen contra el director manchego. ¿Se trata de una provocación más de Boyero? Tan ridícula, por falta de contenido, como las anteriores. Está en su perfecto derecho él y el tal Borja de no sentir aprecio ni por el cine del director manchego, ni por Los abrazos rotos. Pero, que nos digan las razones por las que es un filme malo o bueno. No es “me ha aburrido” o “me he dormido” o “me ha salido”. Eso lo dice cualquiera persona normal que paga su entrada pero no es lo que debe decir alguien que cobra por escribir sobre cine.

Todo ese ataque orquestado (con partes entresacadas de críticas negativas aparecidas en tres periódicos franceses) suena a vendetta mezquina. Máxime cuando nos enteramos de muchas cosas como por ejemplo que el tal compañero de Boyero, chistoso él, es nada menos que su jefe en el periódico o séase como quien dice el director de la parte cultural del periódico. ¿Es posible o es otra broma de la pareja? Al parecer es una realidad, una triste realidad que muestra en que manos está la sección de cultura de un periódico que durante tanto tiempo ha sido un referente para tantos como amamos la cultura.

No ha quedado hoy la cosa. Pueden seguir la polémica. Lógicamente Pedro Almodóvar ha explicado en su blog lo que piensa de este asunto. Como lo ha sentido. En la polémica también ha entrado una web satírica elgarrofer. Una crónica, sin desperdició, que realiza una crónica del vivir diario de Boyero y Hermoso en Cannes, y su regreso triunfal a Madrid como si volvieran (convertidos en héroes) de una guerra donde se supone que los enemigos eran los cineastas… Más o menos. Una crónica irónica que curiosamente ha sido recogida (¿cómo suya?) por El blog donde escribía Borja. La sorpresa es grande porque o bien los que hacen el blog del periódico son unos cachondos o unos inútiles tales que no se enteran que el otro blog les está tomando el pelo.

Si quieren divertirse accedan a las polémicas y a los distintos artículos de unos y otros blogs y no se pierdan los comentarios de aquellos que han querido dar su opinión. Una diversión que en el fondo tiene un fondo de tristeza al comprobar que la cultura (y los artículos de cine de un periódico que debía ser ejemplar) se encuentran en manos de unos malos clowns. Si quieren comprobar lo listos que son a veces en El País por lo que se refiere a cine, basta echar una ojeada a la foto que aparece en el artículo de nuestro blog en el que hablamos del palmares de Cannes. Esa foto errónea (o errada) emitida por EFE fue colgada en la página digital de El País. Desapareció horas después cuando alguien se dio cuenta del desatino. El daño, sin embargo, ya estaba hecho.



2 comentarios:

  1. El señor Boyero como el señor Hermoso proceden de El mundo. Para ellos, parece, no hay ideólogia, tan sólo dinero y buena vida. Eso si, se las dan de progres.
    ¿en que manos culturales estamos?
    Alfonso

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  2. Pero qué cándidos sois. Vosotros airead la polémica, que ellos ya se encargan de vender periódicos.

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