lunes, 27 de julio de 2009

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James Gray y la política de autor

No sabemos el porqué pero hay un deseo en la crítica cinematográfica por encontrar nuevos directores a los que inmediatamente se les califica de autores respetables. Parece que una o dos películas bastan en estos tiempos de rapidez consumista para encumbrar la figura del director. En este contexto sus obras son aplaudidas o denostadas por una parte de la crítica. Un personaje que encaja como un guante en este modelo es James Gray (Nueva York, 1969), guionista, director y productor norteamericano, estudió en la School of Cinematic Arts, un instituto cinematográfico dependiente de la University of Southern California (que cuenta entre sus ex alumnos a gente del cine como George Lucas o Ron Howard).

En 1994, con 25 años, debuta en la dirección con Little Odessa (en España se estrenó con el título Causa de sangre). En este filme, del que Gray es también autor del guión, asistimos a la historia de un asesino a sueldo (Tim Roth) que debe volver a su ciudad natal para realizar un “trabajo”. El problema es que hace años tuvo que huir por problemas con la mafia local y ahora ese regreso significa exponerse a una situación de riesgo. El asesino tendrá que enfrentarse no sólo a los peligros de su pasado sino que también deberá hacer frente a problemas familiares (su madre agoniza víctima de un tumor y deberá cuidar de su hermano). Mafia, violencia y familia son los temas principales de este filme ambientado en el barrio ruso de Nueva York y que el director conoce bien pues es de ascendencia rusa. Por debajo de la estructura que marca el thriller, el filme introduce y desarrolla el drama familiar de los protagonistas.

En su siguiente obra, Gray insiste con un filme de temática similar, La otra cara del crimen (2000). En este caso, un hombre que ha salido de la cárcel intenta retomar su vida apostando por la honradez pero el entorno criminal en que se mueve la familia no es el camino más adecuada. Una vez más la familia se constituye en el marco referencial donde encaja el argumento. La otra cara del crimen es la película donde ya podemos observar las pautas temáticas que guían el trabajo artístico de James Gray: un personaje masculino que debe luchar contra su entorno y donde el peso familiar se convierte en el detonante de situaciones trágicas. Pero junto a aspectos temáticos comunes también encontramos una tendencia a la inverosimilitud de los argumentos que termina desacreditando el resultado final, un hecho que en el caso de James Gray es más punible pues él es el autor de todos sus guiones. El problema principal es que el filme se ve correctamente pero conforme se va desplegando la historia el espectador percibe las grietas de la narración.

El ejemplo más claro de este problema lo podemos apreciar es su obra más reconocida, La noche es nuestra (2008). Otra vez un thriller que ambientado en las disputas entre la policía y la mafia, donde un hermano pertenece al cuerpo de la policía siguiendo la tradición paterna (Mark Wahlberg) y otro está implicado en el entorno criminal (Joaquin Phoenix). Al final, como en todos sus filmes, aparece la figura del hijo pródigo que se ve en la obligación de retornar al hogar para salvar el honor familiar. En La noche es nuestra, la falta de coherencia en el guión es ya palpable y resulta muy difícil de entender cómo es posible que un personaje pueda estar integrado en la mafia sin que los criminales sepan que su familia (hermano y padre) pertenecen a la policía como oficiales destacados.



Tras La noche es nuestra, su siguiente película es Two lovers. Estrenada este año en el festival de Cannes, el filme aun no ha visto la luz en las salas de España. Esta vez, Gray abandona el género negro para realizar un drama amoroso con su actor fetiche (Joaquin Phoenix) y volver a poner en primer plano un análisis de la familia (un hijo con problemas psicológicos que vive en la casa familiar) y donde, otra vez, el hijo deberá sacrificarse para llevar adelante aquello a lo que está predestinado. Como en anteriores obras el guión deja a los personajes desubicados y no justifica sus acciones.

Por lo visto hasta el momento se puede reconocer una temática común en sus películas (con cierto tufillo conservador) y una inexplicable falta de verosimilitud en los argumentos. De momento, parece que estamos lejos de ese descubrimiento que parte de la crítica quiere ver en la figura de este director.





James Gray en Encadenados

3 comentarios:

  1. Uno de los directores polemícos del actual cine norteamericano. Para unos, desde siempre, ha sido un genio(joven) para otros un valor inflado. Eso si moralizante como él sólo. Defensor de los valores tradiccionales. La noche es nuestra desde el punto de vista ideológico es... No estaría mal comparar esta película con la última de Lumet. Ambas tienen cosas parecidas. Desde luego por K.O. gana Lumet a Gray.
    ¿Creador Gray? Habrá que esperar más títulos suyos. Su sentido de impostura fílmica es equivalente a la de Shymalan. Otro que gusta mucho a algunos críticos. Ambos son dos pedicadores natos.

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  2. Comparación odiosa. Shyamalan es muy molesto. Empieza sus filmes como peliculas de género acaba con blandenguerías insoportables. Como predicador, vendería biblias en teletiendas a a las cuatro de la mañana.
    Gray cuenta buenas historias, los tres primeros filmes tienen un gustoso sabor a clásico. ¿Moralizante? Ni actuo según los mensajes fílmicos, ni calan en mi conciencia. Si lo ven como un predicador, sus sermones son en una gran iglesia los domingos a las 10 acompañado de un coro gospel.
    Sin embargo, sin haberla visto, me da la sensación que en Two lovers, al perder su caracter de thriller, la película va a ser ideal para despues de una comida copiosa.

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  3. A mi no me parece que la trayectoria sea tan mala. Lo que no acaba de entender es porqué no se estrena Two lovers, que incluso se llegó a vender como una comedia de triángulo amoroso.

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