miércoles, 27 de enero de 2010

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Crítica de Capitalismo: una historia de amor


Demagogia barata 1 2 3 4 5
Escribe Gloria Benito


Cartel de Capitalismo de Michael Moore
Desde Roger & me, aquella descarada, irreverente y fresca denuncia de la devastación social y económica producida por la multinacional General Motors en la población de Flint (Michigan) al trasladar su producción a México en aras del sagrado principio de los beneficios a toda costa, ha llovido bastante. Entonces, las conciencias del espectador de cine, sensibles a los excesos del capitalismo salvaje y depredador, agradecieron que hubiera una mirada como la de Michael Moore, que pusiera en imágenes la injusticia económica fruto de las argucias macroempresariales de una eufemística "deslocalización" y diera voz a la desesperada situación de los más desfavorecidos. Y así siguió este paladín de las clases trabajadoras denunciando la avaricia de los inversores neoliberales y conservadores del sistema financiero, que rige la economía estadounidense como paradigma de un sistema mundial y globalizado. Esta especie de "robinhood" del cine documental gozó de ciertas simpatías entre el público más progresista, que admitía como un mal necesario la superficialidad de sus análisis en aras de la sintética brevedad del lenguaje cinematográfico. También se entendió como un valor el hecho de que Michael Moore fuera capaz de acercar el género documental al gran público, con una amenidad y desfachatez hasta entonces desconocidas. En fin, se le toleraba porque sus producciones resultaban simpáticas y además necesarias, ya que estaba bien que alguien dijera al mundo aquellas verdades como puños, y que lo hiciera de una forma clara y divertida. Así se producía cierta catarsis colectiva, ya que liberaba a los espectadores -cómodamente sentados en sus butacas- de la responsabilidad de denunciar las consabidas injusticias de los depredadores financieros y empresariales. Y encima salían del cine con una sonrisa y tema de conversación para sus tertulias. Pero el talento de Moore se agotó en 2002 con Bowling for Columbine, acertada exposición de la violencia causada por la defensa del uso de las armas en EEUU, propiciada por la Asociación Nacional del Rifle. Desde entonces, la prolija producción cinematográfica de este director ha caído en picado


Capitalismo: una historia de amor
En 2007, el estreno de Sicko, filme que pretendía denunciar la precaria situación de los servicios sanitarios estadounidenses y los abusos de las compañías de seguros, ilustró la falta de imaginación de un director poco riguroso con la información y demasiado interesado en ofrecer un producto deformado por una selección de hechos simplista y manipulada, mediante la cual se dirigía de forma burda y grosera a un espectador al que se privaba de la libertad de pensar por sí mismo. Más de lo mismo en su último documental sobre la crisis financiera y las hipotecas sub-prime, Capitalismo: una historia de amor. Moore nos ofrece un batiburrillo de secuencias mal articuladas sobre el sufrimiento de los pobres ciudadanos a los que los bancos embargan sus viviendas y despiden sus avariciosos jefes, de tal manera que no sabemos si estamos contemplando un reality show propio de la televisión basura o una lacrimosa telenovela. Las descaradas alabanzas a los civiles que se rebelan y a las autoridades que los apoyan, junto a las infructuosas incursiones del director - megáfono en vano- en los templos financieros de Wall Street destilan un tufo notablemente demagógico, propio de un mensaje exclusivamente dirigido a las vísceras de un espectador al que se supone estúpido e ignorante. Lamentamos que Michael Moore haya optado por lo más fácil: ofrecer un producto enlatado y listo para el consumo, dirigido a unos destinatarios emocionalmente dependientes, que no necesitan pensar, pues están habituados a los mensajes sensibleros de algunos programas televisivos más interesados en excitar los sentimientos que en estimular el pensamiento crítico. Porque lo más lamentable de este filme es que no se explican con claridad las causas de la crisis y los fallos del sistema capitalista. Sólo se muestran, y además de una forma incoherente y caótica, las consecuencias de la crisis económica mediante una serie de secuencias lacrimosas claramente insuficientes. Ya sabemos que el género documental no es totalmente objetivo, pues la selección de las imágenes filmadas y su montaje posterior no son inocentes. La creación y la personal mirada del director conllevan una necesaria manipulación del material fílmico tanto en los géneros ficcionales como en los documentales. Pero tanta y tan grosera demagogia es intolerable.

Michael Moore, Capitalismo: una historia de amor

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