sábado, 27 de febrero de 2010

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Crítica Andrés no quiere dormir la siesta

Andrés no quiere dormir la siesta 1 2 3 4 5
Escribe Gabriela Mársico

Cartel de Andrés no quiere dormir la siesta
Después de la muerte de su madre Nora (Celina Font), Andrés (Conrado Valenzuela) se va a vivir con su hermano Armando (Lautaro Puccia Sagardoy) a la casa de su abuela Olga (Norma Aleandro) y su padre Raúl (Fabio Aste) del que Nora ya estaba separada... La opera prima del santafesino Daniel Bustamante fue rodada en Buenos Aires, Santa Fe y San Luis, y ha obtenido varios premios entre los que se cuentan el Glauber Rocha al mejor filme latinoamericano recibido en el Festival du Monde de Montreal, además del especial del jurado, director, y público recibido en Trieste, Italia, y el premio Latinoamérica Primera Copia (Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana 2008).

El realizador Daniel Bustamante relató que al presenciar un documental sobre centros clandestinos de detención en su ciudad natal fue cautivado por el testimonio de una prisionera que en cuatro meses había perdido la noción del tiempo y del espacio, no sabía si era de día o de noche, y su manera de reconstruir el día era porque desde donde la tenían, que ella no sabía donde era, escuchaba cerca una escuela, chicos que salían a los recreos, el timbre, la campana... El director señaló: "Cuando esa mujer comentó la fecha en la que estuvo secuestrada a mí me impactó mucho, porque había estado encerrada en la Comisaría Cuarta de la ciudad de Santa Fé, frente a la escuela número 5: mi escuela primaria..."

La narración del filme está dividida en las cuatro estaciones, cuatro capítulos en los que vemos al niño protagonista sufriendo los cambios, al igual que la naturaleza, pero al mismo tiempo adaptándose a los vaivenes del destino: la pérdida de su madre, y la nueva vida junto a su abuela y padre. Aunque también sufrirá la pérdida del amor y de la inocencia, pero llenará ese vacío con las valiosas y elocuentes lecciones de adaptación a la nueva realidad de la abuela Olga...

El punto de vista es el de Andrés, desde ese lugar de desamparo y desvalimiento nos es contada la historia que transcurre con gran fluidez narrativa y sin estridencias, salvo, claro, los momentos de tensión que se viven a través de los estallidos de furia y violencia de Raúl, una actuación precisa y ajustada de Fabio Aste, que interpreta a un padre frustrado por la pérdida de su ex mujer, madre de Andrés, y por la responsabilidad que debe asumir frente a dos vidas, las de sus dos hijos.

De eso no se habla...

Andrés no quiere dormir la siestaEl personaje central del filme es Olga la abuela de Andrés que sabe todo de todos, que es la depositaria del saber sobre la vida de todos los vecinos del barrio, y ese conocimiento sobre los miembros de la comunidad le da tanto poder dentro de su comunidad así como también dentro de su núcleo familiar...

En el barrio funciona un centro clandestino de detención, justo enfrente de donde vive Andrés, y nadie ignora su existencia aunque los vecinos se desentiendan de lo que ocurre puertas adentro. Uno de los siniestros personajes al frente del campo de detención es Sebastián (Marcelo Melingo) que siempre merodea la calle sobre la que se encuentra el campo y del que entran y salen hombres en los ya tristemente reconocidos falcon verde como íconos de aquel funesto período histórico. Sebastián entabla una relación amistosa con Andrés en la que prima el interés de Sebastián por obtener información sobre la familia de Andrés y sus vecinos. La clave de esta relación, y la de las demás, pero fundamentalmente la que existe entre la abuela Olga y Andrés, que resulta la más potente por la cercanía y la intimidad del vínculo, es el poder que se ejerce sobre otras personas a través de lo que se sabe de ellas, y sobre la decisión que se toma al respecto, es decir, qué se hace con lo que se sabe...

Una de las escenas más elocuentes e iluminadoras de la moral y las costumbres de aquellos años ocurre cuando una noche Andrés mira a través de su ventana cómo ingresan al campo de concentración a dos jóvenes encapuchados, y cómo son reducidos a golpes justamente por su amigo Sebastián. Olga, su abuela presencia junto con él la misma escena, pero al otro día niega que algo haya ocurrido, ya sea porque su abuela no está dispuesta a ver y a reconocer lo que sucede frente a sus propios ojos, o bien por conveniencia, poco importa el motivo, lo que importa es la voluntad de negación y la destructiva indiferencia, por eso convence a Andrés de que eso nunca ocurrió, que lo que Andrés cree que ocurrió, sólo es parte de un sueño, de una pesadilla, y que por supuesto nada de eso es real.

Derribando los muros del silencio

El gran filósofo alemán F. Nietzche escribió: todos le tememos a la verdad. Y eso es precisamente lo que ocurre en esa ciudad de Santa Fe entre los años 1977 y 1978. Todos los que viven allí le temen a la verdad. No quieren saber lo que ocurre frente a sus propios ojos. Con su complicidad y desinterés han construido un muro de silencio que los separa del horror que se esconde detrás. Andrés no quiere dormir la siesta no es un filme sobre la dictadura, como lo expresa el mismo director, sino sobre el funcionamiento de una familia, o más bien sobre la disfuncionalidad de esa familia y de una comunidad durante aquellos años. Asistimos así al desmontaje de esa disfuncionalidad en el seno de la familia de Andrés, de ese barrio, y a gran escala, de la Argentina de la dictadura, al poner al descubierto los mecanismos de autopreservación a través de la negación primero, luego de la destructiva indiferencia, y de la complicidad, después, por medio de la participación en esa realidad como testigos ciegos, mudos y sordos de una realidad intolerable.
Andrés no quiere dormir la siesta
La dictadura en el seno familiar

En toda dictadura, como en el fascismo, todo crimen es posible porque una persona, el dictador, se arroga a sí misma el derecho de destruir vida y bienes sin hacerse responsable. En este caso Olga, la abuela, y la cabeza de familia ocupa y cumple el rol de un dictador, decide lo que vale la pena, y deshecha o destruye lo que no lo vale. Con hilos muy sutiles y ejerciendo una violencia contenida y subrepticia expone a los miembros de la familia y sobre todo a Andrés, a esta violencia, provocando finalmente lo inevitable: la conversión de roles por parte de su hijo Raúl o del mismísimo Andrés de víctimas a victimarios...


1 comentario:

  1. la pelicula es genial me encantaron desde los personajes hasta el titulo
    }esta muy buena realmente la recomiendo

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