miércoles, 3 de febrero de 2010

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Crítica de Ricky


Mucho ruido y poco vuelo 1 2 3 4 5
Escribe Ferran Ramírez
Cartel de Ricky

RickyFrançois Ozon es un realizador todoterreno. Sus nuevos proyectos siempre consisten en una etapa rupturista frente a su anterior obra y sus repartos suelen contener nombres sobradamente conocidos del cine francés; la provocación parece ser una de sus señas de identidad y salta de género de género con asombrosa eficacia. Entre sus producciones podemos encontrar un atípico musical detectivesco (8 mujeres), la adaptación de una conocida fabula infantil en clave homicida(Los amantes criminales) o aquel complejo juego de identidades sobre la creación literaria con tintes de cine negro (La piscina).

Ahora estrena (tiene aún pendiente un segundo filme para este año) Ricky, con la presencia de nuestro internacional Sergi López y una sugerente Alexandra Lamy como madre coraje. Como no podía ser menos, se trata de otra obra modelada en lo extraño, aunque esta vez se enmarque en lo cotidiano. Además, Ozon, siempre interesado en redefinir el núcleo familiar y su estructura clásica, tiene aquí la oportunidad perfecta de maniobrar otra pirueta al respecto.
Katie, una madre soltera con dos hijos dará a uno de ellos en adopción por no poder mantener a ambos vástagos. Pero conseguirá rehacer su vida al lado de un hombre que conoce en su entorno laboral y engendrará un nuevo hijo con él. La llegada del pequeño desestabilizará a la pareja a la vez que demostrará unas peculiaridades en su comportamiento. Éstas culminarán con la aparición de unas protuberancias en su espalda a modo de alas que se le irán desarrollando a través de los días. La familia decidirá salvaguardar el fenómeno aunque no podrá evitar que el suceso salga a la luz pública.

La primera parte de la obra se revela como un melodrama sociofamiliar pero cuál es la sorpresa cuando el espectador comprueba a posteriori que el filme no se define por esos paramétros . Ozon desconcierta al introducir una vuelta de tuerca insólita, casi surrealista, que traviste la elocuencia dramática inicial en una fábula contenida y bizarra, que le servirá al realizador para desplegar toda su curiosidad entomológica. Es como si una criatura del universo de David Lynch despertara súbitamente en el seno de una familia de la clase obrera dentro de un filme de Ken Loach. Intrigantemente, el director opta por seguir filmando como si nada hubiera pasado, como si los personajes siguieran con sus mismas vidas a pesar del cambio de rumbo de los acontecimientos.


Ricky
Quizá es en esta distancia que toma Ozon de las circunstancias donde el filme no pueda elevarse más que a ras del suelo pese a contar con un buen par de alas. Si bien Ricky adolece de su propia historia, limitada por su condición de melodrama con suceso típico de sobremesa, Ozon sí sale airoso en otros menesteres. Demuestra un depurado retrato de sus personajes y vuelca todo un cúmulo de disyuntivas morales que hacen que el buen pulso narrativo mantenga un tímido, aunque correcto vuelo. Así, el realizador vuelve una vez más a revertir las convenciones sociales y finalmente, decide llevarnos a una extraña epifanía que supondrá la redención de los componentes del núcleo familiar.

Ricky

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