viernes, 26 de marzo de 2010

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Crítica de Acantilado rojo

Estrategias coreografiadas 1 2 3 4 5
Escribe Ferran Ramírez

Cartel de Acantilado Rojo
Acantilado RojoPodríamos considerar que Acantilado rojo es a John Woo lo que Avatar ha supuesto para James Cameron, un fastuoso y muy elegante ejercicio de estilo que supone todo un festín para los sentidos. En primer lugar, el filme ha supuesto un celebrado regreso del realizador a sus tierras, donde rodó Hard boiled en 1992 para crear escuela y después dejarse acariciar por las mieles del cine norteamericano, que le proporcionó un exilio voluntario. Ahora, su bienvenida a casa se ha saldado como él quería: dirigiendo un supuesto fresco histórico, confirmando a la par el presupuesto más elevado de cualquier película procedente de China jamás realizada. En segundo lugar, lo que podemos apreciar es una versión reducida de dos horas y media, prácticamente todo su metraje está dedicado a la beligerancia mientras que su versión extendida ronda las cinco horas de metraje (en su país de origen se ha estrenado a modo de díptico). Para confirmar su espíritu megalómano, esta obra vierte un apabullante despliegue visual sobre el espectador, quien no puede sino rendirse a la vigorexia de sus imágenes.

Se trata de la adaptación de una de las obras fundamentales de la tradición de la cultura china, El romance de los tres Reinos, que narra cómo en la época de la Dinastía Han, en el siglo II, China estaba dividida en varios estados que luchaban entre sí sin atender las órdenes del emperador Han Xiandi. La debilidad del gobernante ayudó al primer ministro Cao Cao a declarar la guerra al reino de Xu, cuyo líder, Liu Bei, era tío del emperador. El objetivo de Cao Cao era dominar y unificar la nación bajo su poder. Su ejército verá su máximo obstáculo cuando se enfrente a los aliados en un característico enclave que goza de una situación privilegiada y que da título a la obra.

Acantilado rojo es una superproducción épica que opta por fusionar las texturas del cine bélico con la acción arrolladora; la deportividad de la batalla con un deliberado tono humorístico; las aventuras clásicas con el romance heroico y legendario, todo ello servido con una sucesión de secuencias que se erigen como inmensa coreografía de situaciones y personajes. Además, Woo despliega toda su elaborada armamentística para editar un montaje privilegiado e incluir en él todas las señas de identidad que le han venido marcando en los últimos años: ralentizaciones, duelos cara a cara con la muerte o asombrosos travellings, aunque aquí abandona la violencia enfermiza que le marcaba para marcarse un sutil vals que evita la sangre fácil y apuesta por la estilización de los recursos de los que dispone.

Acantilado Rojo
John Woo demuestra que es un maestro ejecutor de la cámara y su república. Movimientos poderosos, planos imposibles y secuencias malabaristas pueblan esta sinfonía visual, basada en un entretenimiento como el que puede proporcionar un juego de mesa. No en vano, Acantilado rojo bien podría ser la traslación cinematográfica de los célebres Stratego o Risk ya que Woo se las ha apañado para que todo espectador entienda de modo milimétrico las artimañas militares que se inventan los contendientes. Toda estrategia está narrada de una forma impecable, sin fisura alguna que deje camino a la confusión. En el otro lado de la balanza, encontramos unos diálogos poéticos, casi autoparódicos, de filosofía zen sobre el poder de los elementos y la naturaleza y surge una voz en off que intenta esbozar, demasiado erráticamente, las motivaciones bélicas. Por su parte, las relaciones interpersonales del conglomerado de personajes se quedan en simple anécdota y caen en un maniqueísmo un tanto banalizado. Llegados a este punto, la gran obra pierde su gran fuerza. Woo resuelve las situaciones íntimas de manera simple, demasiado gratuita, transmitiendo cierta frialdad que alejan al espectador de la empatía.

Es difícil intuir que es lo que nos estamos perdiendo de su versión completa aunque la que llega a los cines internacionales, supervisada por supuesto por su realizador, resulta sorprendentemente completa, aún siendo una propuesta imperfecta. Sabemos que se han eliminado detalles sobre algunos personajes y sus relaciones, como las motivaciones de Zhuge Liang para robar las 100.000 flechas, partes de la infiltración de Sung Shangxiang, o todas las secuencias que describían la caza del tigre. Lo que desconocemos es si su versión en DVD, sólo disponible en China en la totalidad de su minutaje, permitirá conocer algunas de esas secuencias que han sido amputadas. Sin embargo, la verdadera curiosidad radica aquí: una vez vista la obra y, a tenor de los datos que estamos manejando, surge una sensación dubitativa. La de estar delante de los vestigios, perfectamente orquestrados por otro lado, de una obra magna, muy superior a lo que se ha contemplado, que podría pasar a los anales de la historia del cine.
Acantilado Rojo

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