jueves, 4 de marzo de 2010

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Crítica The lovely bones


Peter Jackson en las nubes 1 2 3 4 5
Escribe Ferran Ramírez

Cartel de The lovely bones
Después de su vanagloriada trilogía de El señor de los anillos y su megalómana versión de King Kong, Peter Jackson vuelve a la actualidad cinematográfica con esta adaptación de una más que notable novela best-seller de Alice Sebold, de título español Desde mi cielo. La complejidad de lo que contaba Sebold era difícil texto para su traslación a la gran pantalla aunque todo apuntaba a que la elección del realizador neozelandés haría una excelente labor, teniendo en cuenta que en su haber ya tenía filmes como Criaturas celestiales, formalmente cercano al producto que hoy nos ocupa. El resultado es una mezcla de géneros extraña y sugerente, aunque fallida, cuya máxima virtud reside en las capacidades inventivas de Jackson y en las interpretaciones de dos de sus protagonistas. Steven Spielberg se encuentra aquí tras la cortina como productor de la obra, aunque su mano de rey Midas tampoco parece haber encontrado el equilibrio de fuerzas para el filme.

The lovely bonesEl 6 de diciembre de 1973, Susie Salmon, una adolescente de 14 años de edad es asesinada (y violada en su texto original). Desde un paraíso que se encuentra en medio del cielo y la tierra, observará como los acontecimientos después de su fallecimiento se suceden en torno a su asesino y su familia. Susie descubrirá que el psicópata es un inteligente y calculador hombre que borra metódicamente todas las pistas que pueden condenarle mientras que su padre, con la ayuda de un detective, se obsesiona con encontrar a quien le ha arrebatado la vida de su hija.

El producto está plagado de toda la imaginería visual poderosísima de Peter Jackson pero adolece de unos cambios abruptos que hacen tambalear su narración constantemente entre la violencia sobrenatural y el sentimentalismo terrenal de bolsillo. Parece no saber encontrar un tono adecuado para moldear la experiencia mística que se pretende grandilocuente y ambiciosa para terminar siendo una banal pirueta fantástica sobre los poderes del más allá y su entramada república.

Jackson se muestra tan obsesionado por dotar a los pasajes fantásticos de su particular sello de fábrica que obstaculiza constantemente el desarrollo de sus personajes y consigue bloquear al espectador en la conexión emocional que debería establecerse con los mismos. Incluso se podría decir que desperdicia las habilidades de su reparto con las constantes intromisiones celestiales que no hacen otra cosa que entorpecer el relato. Algunas secuencias, además, muestran claros signos de incoherencia ya que parecen perderse entre tanta alusión efectista. Y es una verdadera lástima porque los prolegómenos de la película donde vemos a Susie crecer y desarrollar su vida antes de que le sea mermada contienen un lirismo especial donde Jackson exprime la verdadera emoción de lo que pretende relatar. En el momento en que el asesino ya tiene a su presa, el filme entra en un bucle de referencias, estilos, y maneras que provocan un magma de turbulencias que parecen echar a perder toda elegancia en su narración.

The lovely bones
No hay rastro de tensión o de lugares que hagan vibrar al espectador. Más bien se trata de una composición remilgada cuyos máximos puntos de interés recaen en Saoirse Ronan y el siempre excelente Stanley Tucci. Ronan ayuda con grandes meritos que su presencia eleve el tono general de lo que estamos viendo mientras que Tucci compone un personaje terrible, uno de los más difícilmente olvidables y perturbadores de los últimos años. Y merece especial atención una Susan Sarandon autoparódica que llena la pantalla a cada aparición que realiza. Mark Whalberg y Rachel Weisz, por el contrario, pasan más desapercibidos como los padres angustiados por al muerte de su hija.

The lovely bones tiene la apariencia de relato conmovedor sobrenatural que divaga sobre las circunstancias de la vida, y muy especialmente, de una vida truncada por el destino, pero acaba por devenir un pastiche bizarro que básicamente sirve para satisfacer los caprichos estéticos de su autor, mediante un colorista cielo new age que parece sacado de una exposición flower-power, y que narra, mediante secuencias redundantes y alargadas, y con continuos tropiezos, una historia que resulta mucho más trágica y dotada de una insólita alegría en su libro original.


Peter Jackson durante el rodaje The lovely bones


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