jueves, 13 de mayo de 2010

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Crítica de Canino


Juegos con el lenguaje 1 2 3 4 5
Escribe Daniela T. Montoya


¿Qué correlación existe entre el mundo y el lenguaje que utilizamos para aprehenderlo? Si Ludwing Wittgenstein levantase la cabeza, con los espeluznantes cambios conceptuales que se han producido en medio siglo, seguro tendría que reformular una tercera interpretación. Universos expandidos, simultáneos o virtuales eran inconcebibles décadas atrás. Y, sin embargo, no por ello dejaban de ser posibles.

Canino
Hacer mundos

El director griego Yorgos Lanthimos irrumpió en el Festival de Cannes del año pasado con Canino(Kynodontas, 2009). Incómoda (muy incómoda) historia de una familia aparentemente feliz, la película se alzó con el preciado premio “Un Certain Regard” en dicho festival. Y eso que, a simple vista, deleitarse con el apacible devenir de una familia en su residencia familiar parece ser tan insustancial como contemplar al final del día la lentitud con que cae el sol sobre el horizonte. Pero ya sabemos que las apariencias engañan.

CaninoHabrá quienes tiendan más a desconfiar de nuestros sentidos. Mientras que otros prefieran dudar de “la realidad” de lo que se nos muestra (ya sea mediatizada por terceros o presentada ante nuestras narices). Pero lo que no suele ser habitual es poner en cuestión la construcción conceptual que hacemos del mundo. Esto es, cómo articulamos palabras que, a su vez, implican conceptos sobre la realidad (material o abstracta) y que, en conjunto, nos sirven para elaborar cosmogonías. Sólo así, siendo plenamente conscientes de que ―siguiendo con la hipótesis de Salir-Whorf― todo lenguaje implica una forma de concebir el mundo, se puede realizar un juicio verdaderamente crítico a las instancias emisoras de discursos. (Éstas, fácilmente las identificamos en algunos medios de comunicación, pero tampoco hay que olvidar los altos ejecutivos de las finanzas, del orden moral y del cultural). Porque, al fin y al cabo, qué implicaciones tiene que los gatos sean definidos como “depredadores sanguinarios” o que el sexo sea concebido como una función corporal más. No son meras palabras. Denotan relaciones de poder.

Canino
Palabras como herramientas

Obviamente, no es el momento para embarullarse en las teorías, réplicas y contrarréplicas de la filosofía del lenguaje. Pero para poder abordar Canino sin espanto es inevitable recordar, por lo menos a Wittgenstein y J. L. Austin. El primero fue quien recuperó la metáfora agustiniana que comparaba el lenguaje con una caja de herramientas. Lo cual, no deja de tener una vertiente lúdica. Mientras que el inglés reclamaba matizar esta metáfora dado que es preciso, también, tener presente los distintos usos lingüísticos. Esto es, darnos cuenta de la posible arbitrariedad e inadecuación de las palabras que usamos para expresarnos. Visto así, puede resultarnos muy gracioso que el padre de familia de Canino, al poner un disco de Frank Sinatra cantando en inglés, les explique a sus tres hijos que se trata del abuelo. ¡Menuda forma más original de completar un árbol familiar imaginario! Sin embargo, lo que a los espectadores nos puede parecer divertido, provoca emoción, nostalgia y curiosidad en los hijos. Observadas desde fuera, las cosas del mundo no tienen el mismo sentido que para los hijos que viven aislados en el chalet familiar. ¿Recluidos o protegidos? Como afirma Austin, los significados derivan de las necesidades prácticas de la vida cotidiana. En Canino es el padre, en connivencia de la madre, quien tiene la autoridad para reformular la aprehensión del mundo. Y, mientras, Lanthimos se divierte jugando con la caja de herramientas…

CaninoEncuadres en apariencia descuidados, largos planos fijos que en un film común caerían en la banalidad, en manos de Lanthimos se convierten en pura dinamita. La placidez de los días soleados y sin molestias externas se asemejan por momentos al paraíso infantil que recogió Celina Murga en Una semana solos (2008). Vidas cercadas, el bien y el mal se reorganiza en función del orden interno. Pero si lo que en la película de la argentina era el despertar de la adolescencia en el contexto clasista de las urbanizaciones de lujo en medio de un país en bancarrota, en Canino la lectura es universal y atemporal. No en vano, Lanthimos ni siquiera dota de nombres a sus personajes. Abstraídos de todo atributo cultural, los integrantes del grupo-familia quedan reducidos a un “padre”, una “madre”, un “hijo” y dos “hijas” (la “mayor” y la “pequeña”) que viven en un chalet con jardín y piscina que bien podría ubicarse en casi cualquier país soleado occidental. Todos ellos, a excepción del padre, viven exclusivamente en el interior de la casa. Éste, por medio del teléfono oculto que usa su esposa, planifica las interpretaciones que darán a sus hijos respecto a las novedades del día. Los hijos, aislados totalmente del mundo, absorberán sus explicaciones sin cuestionarlas. Porque el padre es quien tiene el don de conocer lo desconocido, lo que hay más allá del muro. Él es quien se encarga de su sustentar a la familia, de cuidarlos, protegerlos, formarlos… De adiestrarlos física y psicológicamente. Por tanto, ley y moral quedan regidas por su criterio.

Canino
La vida es bella

Antonio Campos ya apuntó en Afterschool lo incómodo que resulta aceptar la crítica. Cuando se puede componer un buen vídeo conmemorativo, aderezado con una canción de cuna, qué necesidad hay de ser juicioso con los excesos que provocaron la muerte de dos jovencitas. Quizás porque sólo abstrayéndose del caso concreto se puedan llegar a extrapolar las causas que provocaron el accidente. ¿Fue un “accidente” la planificación de una doble vida (real) por parte del Monstruo de Austria? Para digerirlo ¿es suficiente con quitarlo de la vista de los comunes tras engullir un melodrama reduccionista? Frank Sinatra puede ser reconceptualizado como el abuelo de la familia, así como el sexo ser reducido a una mera función fisiológica. Pero, en la articulación del lenguaje como medio para aprehender la realidad, no es lo mismo hablar de estrellas matutinas y vespertinas, que de relaciones de parentesco, sexo y tabú. Unos usos del lenguaje nos ayudan a organizar el conocimiento, mientras que otros usos sirven para organizar la convivencia social. Con Canino, Lanthimos no hace más que recordárnoslo. Y ante todo esto, ¿en qué queda la definición del ser humano? Autoritas, niños o zombies. Puede ser terrorífico si empezamos por aceptar «gato» como depredador sanguinario.

Canino

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