sábado, 19 de junio de 2010

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Crítica de Robin Hood


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Escribe Ángel Vallejo


Robin Hood

La última epopeya del antaño grande Ridley Scott no parece haber despertado mucho entusiasmo. Ni la crítica ni el público deben estar satisfechos con esta desproporcionada película, que parece más bien querer reverdecer los viejos laureles romanos del gladiador Máximo desde el bosque de Nottingham, sin conseguirlo.

Robin HoodY es que, en efecto, este Robin Hood puede ofrecer poco más que una revisión de aquella igualmente inane Gladiator, sin contar además con la originalidad de planteamiento de aquella… todo aquí es copia desleída, refrito aceitoso, basto conglomerado que pretende no se sabe bien si emular u homenajear a películas más exitosas: ¿acaso no se atreve a trocar el desembarco de Normandía del soldado Ryan en la llegada del rey francés por el Canal de la Mancha?¿Son casuales las escenas submarinas de flechas atravesando el agua?¿A nadie le vino a la mente el asedio de la fortaleza de El retorno del Rey cuando vuelan la puerta con algo demasiado parecido a la pólvora, aún no descubierta?¿No pretende acaso posicionarse junto a la grandiosa Robin y Marian de Lester con su poco amable retrato de Ricardo Corazón de León? Aún más… ¿Cómo no recordar las cámaras de gas de los nazis cuando los franceses (malísimos todos) en un alarde de refinamiento optan no por quemar las chozas, sino por ahumarlas con gente dentro?

Todo ello, maniqueísmo sonrojante incluido, no produciría demasiada vergüenza de no ser por que la película falla además en lo relevante: pretende construirse sobre los mimbres de una intriga política de baratillo, unos personajes completamente insulsos (quizá para no hacer sombra al más insulso de todos, el propio Robin Hood) y un sustrato ideológico incomprensible precisamente por su simpleza ¿Alguien puede pretender que precisamente en la época de la acumulación originaria de capital, los campesinos y aún los nobles se alzaran en armas frente al rey reclamando algo demasiado parecido al comunismo?

No, todo está sobredimensionado en esta película, desde la estolidez de su argumento hasta su inacabable metraje, pasando por la corpulencia de Crowe. Y lo peor es que en nada favorece eso al antaño grande Ridley Scott, por mucho que se empeñe en reivindicar de ese modo su grandeza.

Ridley Scott fue, o estuvo destinado a ser un grande mientras supo dotar a su cine de originalidad y ambientes opresivos, como en el caso de Alien (cuya quinta secuela amenaza con realizar) o Blade runner. Pero ahora peca demasiado, quizá desde Thelma y Louise, de abusar de los espacios abiertos, y ahí es donde su complejo de gran cineasta le pierde… lleva con ese complejo cinemascópico cuatro películas clónicas (1492, Gladiator y El reino de los cielos, además de Robin Hood) en las que cree haber encontrado el secreto del éxito, consistente en superponer épocas míticas en colosales escenarios con trasfondo ideológico contemporáneo. Sin querer descabalgarlo demasiado bruscamente de su idea, puesto que hay algunos clones más entretenidos y resultones que otros, le rogaríamos al menos que prescindiera del reiteradísimo acompañamiento de Russell Crowe, un actor que si bien no es repulsivo, resulta demasiado parecido ya a un recortable: el mismo muñeco con diferentes ropajes. Por no cambiar, ni siquiera cambia de peinado de una película a otra.

Robin HoodSólo American Gangster parece haber resultado ilesa de la colaboración de ambos sujetos, constituyéndose además en una película agradable. Cuan equivocados estábamos al suponer que Scott había retomado la senda del éxito.

Robin Hood es poco más que un despropósito, que cumple peor que mejor con su objetivo de entretener al respetable, siempre y cuando el respetable no haya visto la misma película, del mismo director con el mismo protagonista al menos en dos ocasiones distintas.

Puede salvarla de la quema una cierta simpatía ideológica: el descabellado retrato de la monarquía realizado por un inglés, su grosera pero noble reivindicación de la libertad frente a la tiranía, en una época en la que parece resurgir la barbarie en forma de opresión económica, además de algunas actuaciones notables: el siempre entrañable Max von Sydow (aunque apenas aparezca) y el cada vez más inquietante Mark Strong, aunque sin duda sea más recomendable contemplarlo en Kick Ass.

Robin Hood. El director, con los actores principales

Del resto apenas señalar sus deliciosos exteriores, la nunca negada habilidad de Scott para realizar escenas de acción (aunque en esto también pierde fuelle) y el aporte de algún personaje como el cura, cuya arma secreta resulta de la más efectiva colaboración del hombre y las bestias.

Esperemos, en fin, que Scott y Crowe no sigan haciéndose daño el uno al otro con colaboraciones equivocadas.



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