viernes, 11 de junio de 2010

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Crítica El retrato de Dorian Gray


Fútil adaptación de un clásico 1 2 3 4 5
Escribe Lucía Solaz Frasquet

El retrato de Dorian Gray

Hace algún tiempo me lamentaba en este mismo espacio sobre la banalidad de la adaptación cinematográfica de la novela de escritor británico Evelyn Waugh Retorno a Brideshead (Brideshead Revisited, Julian Jarrold, 2008). Decía que había obviado lo mejor del texto literario para centrarse en sus aspectos más superficiales y secundarios. Esto es precisamente lo que ocurre con la nueva adaptación a la pantalla de la única novela del autor irlandés Oscar Wilde.

En la fáustica El retrato de Dorian Gray (The Picture of Dorian Gray, 1891), Dorian es un joven huérfano, ingenuo e impresionable, heredero de una gran fortuna. Es también poseedor de una extraordinaria belleza física de la que no es consciente hasta que el pintor Basil Hallward se la muestra en su retrato. Al escuchar al cínico Lord Henry Wotton defendiendo que lo único que vale la pena en la vida es la belleza y la satisfacción de los sentidos, Dorian se da cuenta de que su belleza y juventud son efímeras y que él envejecerá mientras el retrato permanecerá siempre igual. Entristecido por este pensamiento, dice que renunciaría a su alma porque ocurriera al contrario. Fascinado por la visión del mundo que propone Lord Henry, Dorian se entrega con energía a una vida dedicada a la búsqueda del placer. No tarda en percatarse de que su deseo se ha cumplido y es el retrato el que acusa los efectos de su conducta licenciosa y la corrupción de su alma mientras él permanece eternamente joven y hermoso.

Actualmente considerada un clásico, una de las últimas obras del gótico de terror, el tono homoerótico y las ideas hedonistas propias del movimiento decadente o esteta expresadas en El retrato de Dorian Gray causaron revuelo en la puritana (e hipócrita) sociedad inglesa de la época. Esto llevó a Wilde a realizar varios cambios y a defenderse en el prefacio, alegando que el arte debe ser bello y no la expresión de ideas morales: “No existen los libros morales o inmorales. Los libros están bien escritos o mal escritos.” A pesar de esto, con su ingenio sin igual Oscar Wilde aborda infinidad de asuntos morales. Lord Henry está lleno de sentencias provocativas del tipo “es mejor ser hermoso que bueno” pero, como sospecha Basil, se trata sólo de una pose, pues Lord Henry “nunca dice nada moral y nunca hace nada malo”. ¿Qué ocurre cuando alguien sí se toma en serio las teorías de Lord Henry?

El retrato de Dorian GrayLord Henry representa el movimiento estético que, en contra del énfasis victoriano en el trabajo duro y en la responsabilidad social, aboga por el disfrute de las experiencias sensuales, por expresar los deseos en lugar de reprimirlos. Lord Henry convierte al joven Dorian, cuyas ideas sobre la vida todavía no están formadas, en su propio experimento. Intenta averiguar hasta dónde puede llegar su influencia, llevándolo a seguir los principios del hedonismo que él predica (pero no practica), con nefastas consecuencias. Lord Henry (como la imagen que Wilde creó de sí mismo) es brillante, ingenioso y cínico. Le gusta entretener a la gente con epigramas que utilizan paradojas para minar la moral convencional. En efecto, Oscar Wilde expresó que el personaje de Lord Henry retrataba el modo en el que lo veían los demás, Basil como se veía a sí mismo y Dorian como le gustaría ser visto.

Dorian Gray, 2009

En una sociedad donde reina la vanidad, donde se rinde culto a la belleza y a la juventud, donde los cirujanos estéticos, el botox y Photoshop han llegado a ser imprescindibles, la metáfora de la novela de Wilde sobre el precio que paga nuestra alma cuando perseguimos semejante ilusión es más pertinente que nunca. Qué pena que Oliver Parker haya elegido hacerlo de un modo tan literal, trivial y absolutamente decepcionante. A pesar de mis esfuerzos y buena voluntad, me ha resultado imposible ver lo que se esconde bajo la fastuosa superficie: no hay nada.

Siendo esta la tercera adaptación de Wilde que realiza el irregular cineasta británico, tras la notable Un marido ideal (An Ideal Husband, 1999) y la menos notable La importancia de llamarse Ernesto (The Importance of Being Earnest, 2005), una se siente inclinada a pensar que se trata de un admirador del genial irlandés. Entonces, ¿cómo es posible que haya filmado un guión tan pobre, el primero de Toby Finlay, y que hace tan escasa justicia al texto original? El enorme potencial de la novela simplemente se desecha a un lado y esto, señores y señoras del público, debería considerarse un acto criminal.

El diseño de producción es atrayente (regresan con fuerza los Ealing Studios), con decorados de una decadencia gótica y ampulosos movimientos de cámara que nos llevan a pensar en una película de vampiros sin vampiros. El aspecto de la película, como el de Dorian, es bueno, pero ¿dónde está su alma?

El retrato de Dorian GrayLos temas que abordaba Wilde brillan por su ausencia, se toman licencias que no aportan nada y los actores resultan dolorosamente poco convincentes. Sería un milagro que lo fueran con semejante guión en el que (no) apoyarse. Todos los personajes sin excepción son superficiales y unidimensionales y las interpretaciones, sosas y poco inspiradas (con la excepción de Rachel Hurd-Wood y Rebecca Hall). A Ben Barnes, en su primer trabajo como protagonista, le viene un poco grande el papel de Dorian Gray. Guapo como es, carece del carisma y del atractivo sexual que requiere semejante personaje. Su química con las actrices mencionadas es nula y su relación muy poco creíble. Colin Firth podría sin duda haberle aportado mayor profundidad a Lord Henry de no haber sido creado de un modo tan plano.

El homoerotismo subyacente de la novela y las “perversiones” a las que Dorian se entrega, a las que se siempre hace una alusión velada, quedan explicitadas de un modo extrañamente poco erótico y perturbador en la película de Parker. En la novela, tanto Basil como Lord Henry se sienten atraídos hacia Dorian, algo que podríamos ver en Basil (Ben Chaplin), pero la tensión que se establece entre el artista y Lord Henry a la hora de competir por las atenciones de Dorian, desaparece en la película. De hecho, Lord Henry se aparta de Dorian cuando él pretende darle un abrazo. Se trata, en la novela, de una atracción intelectual y emocional, veladamente sexual. Basil sublima su amor por Dorian, canalizándolo hacia su arte. En la película, se nos muestra a Basil como una más de sus víctimas. En la novela se sugiere que los pecados de Dorian son de naturaleza sexual. Además del alcohol, el tabaco y el opio, en la película Dorian se entrega de modo explícito a todo tipo de prácticas supuestamente “perversas”: sexo en grupo, sadomasoquismo, homosexualidad, sexo con mujeres maduras,… y todo ello parece muy poco perverso.

Otro de los temas que aborda la novela, y que la película ignora, es la discusión filosófica sobre el contraste entre la vida y el arte. El arte es hermoso mientras la vida es fea. Lord Henry anima a Dorian a tratar su vida como si fuera una obra de arte: debe experimentarla por completo, pero conservando al mismo tiempo la distancia, como si fuera un espectador. Lord Henry es un conocedor y amante del arte que se rodea de objetos (y personas) hermosos. El sentido de la vida es, según él, contemplar la belleza, no exponer prejuicios morales. Estando en una de las partes más sórdidas de Londres, Dorian se encuentra casualmente en un sucio teatrucho donde Sibyl Vane, una actriz joven, hermosa y con talento, brilla inesperadamente en su interpretación de las heroínas de Shakespeare. Dorian, siguiendo los preceptos de Lord Henry, se enamora de ella o, más bien, de su arte. Sibyl es capaz de crear belleza en medio de la fealdad. Cuando Sibyl decide que prefiere la vida al arte y pierde interés en el teatro, pues encuentra el amor real más atrayente que el fingido, Dorian la rechaza. La crueldad con que Dorian la trata, y que la llevará al suicidio, provoca el primer cambio en el retrato. El joven ha fallado a la hora de encontrar el equilibrio entre la atracción artística y las exigencias del comportamiento ético. En la película, Dorian rompe su compromiso con ella simplemente porque piensa que es demasiado joven para tener hijos…

El retrato de Dorian GrayEn términos del psicoanálisis freudiano, Lord Henry sería partidario del reino del id sobre el superego, de los impulsos y deseos sobre la moral, la conciencia y las reglas sociales. Lord Henry aboga por ceder a los sentidos y concederse todos los caprichos, no por ellos mismos, sino en una búsqueda consciente de la belleza. Como hemos dicho, se trata de una teoría que él mismo no se atreve a llevar a la práctica. Prefiere, por lo contrario, empujar a Dorian a hacerlo por él, convirtiéndose en un espectador que obtiene un placer vicario. Dorian, como Henry, se rodea de objetos hermosos, perfumes exóticos, instrumentos musicales y piedras preciosas. Sin embargo, lo que Lord Henry no había previsto es que, al seguir sus preceptos, Dorian acabará convertido en un monstruo, pues nunca ha tenido la oportunidad de desarrollar el sentido moral necesario para equilibrar su amor por las experiencias sensuales. ¿Tiene alguna dimensión moral la película de Parker? Difícil de decir, cuando los pobres personajes no saben si vienen o si van y la supuesta lucha de Dorian con su conciencia es tan de cartón-piedra como el resto del filme.

El retrato de Dorian GrayLa novela de Wilde recurre al mito del doppelgänger, un doble siniestro que aparece en otra gran novela gótica, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson. Uno de ellos se entrega a todo tipo de excesos sin pensar en las consecuencias, el otro vive reprimido por las reglas de la sociedad y atormentado por las acciones del primero. El mensaje moral de Wilde es que el exceso, tanto como la renuncia total a los deseos, conlleva su propio castigo. Cuando Dorian, después de haber vivido una vida entregado a las meras sensaciones y placeres, trata de matar la conciencia, se mata a sí mismo. Pese a que Dorian encuentra efectivamente “el final que merece”, sentimos que Wilde está de su parte, que se identifica con él, y el lector lamenta la decadencia moral a la que se deja arrastrar. En la película, por el contrario, Dorian es simplemente vano, tanto en el sentido de vanidoso como de frívolo, ligero, insustancial y superficial. Justo como la película misma. No hay nada que lo redima y a nosotros no nos importa gran cosa lo que le pase. Hay un intento risible en la innecesaria introducción de un nuevo personaje, la hija de Lord Henry, un muy poco creíble último interés romántico que intenta salvar su alma y que no aporta nada. Igualmente ridículas y superfluas resultan las referencias a un supuesto pasado de malos tratos.

En El retrato de Dorian Gray el estado del cuadro manifiesta la degradación del alma de Dorian y su fealdad le atormenta hasta el punto en que no puede soportar mirarlo. Si bien la existencia de la censura es deplorable, uno de los males de nuestro cine es que, ya que puede mostrarlo todo, lo hace. Mucho mejor adaptación fue la película escrita y dirigida por Albert Lewin en 1945 El retrato de Dorian Gray (The Picture of Dorian Gray), donde brillaba el maravillosamente cínico George Sanders como Lord Henry y una jovencita Angela Lansbury como Sibyl Vane. Donde allí se sugería (dejando a nuestra muy efectiva imaginación los pecados y perversidades cometidos por Dorian), aquí se trata de hacer literal la decadencia moral y el horror, perdiendo así efectividad. Parker muestra el retrato y su descomposición de modo excesivo, apelando a los efectos propios de un cine de terror adolescente. ¿Se hace esto en busca de nuevas audiencias? Francamente, creo que las nuevas audiencias, y Oscar Wilde, se merecen algo mucho mejor. De igual modo que Dorian traiciona a Basil (visto aquí con el fácil simbolismo de la rosa amarilla) Parker traiciona una magnífica obra del gótico de terror.



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