sábado, 24 de julio de 2010

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Cinema Jove: 25 aniversario (III)

Un festival de cine. Al encuentro con su historia

Por Adolfo Bellido López



Hacía los grandes horizontes

Aprendiendo a caminar

Sabín, en plena  acciónComo ha quedado dicho en la entrega anterior, Sillas irreparables fue la primera película (rodada en super 8) premiada en aquellos encuentros escolares, aquel inicio de Cinema Jove.

Sillas irreparables era una producción de la escuela municipal de cine de Puzol, que desde hacía poco venía dirigiendo en solitario Sabín. Un grupo de chicos/as (unos cuarenta) de aquella localidad venía participando con sus producciones, y recibiendo diversos premios, en el festival de cine infantil y juvenil de Gijón. Años atrás habían presentado películas en asociación con alumnos del cineclub COUL de Cheste, pero mi marcha de ese complejo educativo al C.E.P. (Centro de Profesores) de Valencia llevó a ir cerrando (allí) las actividades audiovisuales, que sirvieron de modelo imitativo a otros centros o entidades tanto de la Comunidad como de fuera de ella.

Cuando se inicia Cinema Jove, el alumnado que me había ayudado en los últimos años para desarrollar con eficacia la labor en el complejo educativo, tampoco se encuentra en Cheste, Sabín, quién desde los tiempos de estudiante ha sido mi mano derecha, está a tope de trabajo en Puzol, primero con ese invento de la escuela, luego con la televisión municipal que pone en funcionamiento. En Cheste sólo queda Rafa González, un director de colegio, que asumió diversas funciones dentro del cineclub sobre todo a nivel administrativo y que ahora, a pesar de su buena voluntad, poco puede hacer por mantener el ritmo de los viejos tiempos.

Casi conjuntamente ante la segunda edición de aquel primerizo Cinema Jove, desaparece tanto el cineclub de la Laboral como la revista (en papel) de Encadenados, auspiciada, posibilitada económicamente gracias al cineclub. En esa edición, y en las siguientes, sigue mandando en Cinema Jove, la escuela y la televisión municipal de Puzol.

La escuela de Puzol echó a andar en 1982. La persona que trabajaba en el ayuntamiento en servicios sociales, Teresa Román se puso en contacto telefónico conmigo en el mes de septiembre. Le habían hablado de la labor que realizábamos en la Laboral. Las conversaciones entre Teresa y el alcalde llevan a plantear que en la localidad debe existir un cineclub. Quieren contar, para ello, conmigo, para que lo ponga en marcha. Les respondo que la idea no me parece buena, que los cineclubs, de forma general, no tienen demasiado sentido (sí en grupos reducidos), pero que creo existen otras opciones. Quedamos en reunirnos allí en Puzol con Teresa, con el alcalde socialista que preside el consistorio, para ver lo que se puede hacer. De esa conversación (no me acuerdo si en esa primera toma de contacto estuvo presente Sabín, pero si sé que dije que él sería quién me acompañaría en esta empresa) surge el nacimiento de una escuela municipal de cine dirigida para alumnos de octavo de E.G.B. de esa localidad situada a unos 20 kilómetros de Valencia. Clases teórico–prácticas que tendrán lugar los viernes por la tarde y los sábados por la mañana. El último trimestre del curso se dedicaría específicamente a realizar (en grupos) películas en super 8.

Mis obligaciones debidas a otras actividades me van alejando de la dirección de la escuela de cine que poco a poco va siendo perfectamente asumida por Sabín. Su integración en la experiencia, prosigue, como ha quedado dicho, con la creación de la primera televisión local de la Comunidad, que dirigirá durante varios años. Actualmente la televisión sigue estando en manos de algunos de sus antiguos alumnos de la escuela. Sabín hace tiempo que dejó la dirección. En el momento actual es el coordinador en ese ayuntamiento del gabinete de comunicación… aparte de ser el subdirector de nuestro querido proyecto de Encadenados.

La escuela de cine de Puzol no sólo presentará películas en los primeros Cinema Jove. También llevará el peso de la grabación del certamen. Uno de los primeros años, aparte de emitir a través de una pantalla colocada en el Palau de la Música, en directo, los actos más relevante del certamen, prepara unos resumen que da, in situ, al final de cada día con entrevistas a jurados, público, participantes al tiempo que muestra lo más destacado del día.

Durante ese tiempo el festival se encuentra itinerante buscando su ubicación definitiva que no encontrará hasta años más tarde. Será (después de Cheste) un hotel, luego el Palau de la Música los lugares que preceden a la ubicación prácticamente definitivamente del certamen en el Edificio Rialto (sede de la Filmoteca Valenciana) y en los salones del centro cultural Bancaja, cuyo salón de actos se utilizará para la inauguración y la clausura del certamen alternando con el Teatro Rialto. Los días del certamen pasan de tres a siete días o serán nueve, según se mire y explicaremos después.


Mario Viché director

Mario VichéComo cuenta Mario en su artículo del libro que ha publicado el festival como conmemoración del 25 aniversario, comentado ampliamente en el capítulo 1 de esta entrega, el primer año puede decirse que no existe un director, como tal, de la actividad. Simplemente el evento lo coordinamos él y yo. Al siguiente año, probablemente, tampoco exista un claro director del evento, aunque será Mario quien, desde su cargo en el instituto de Juventud dependiente de la Generalitat Valenciana, gobernada por los socialistas, tomó las riendas del certamen que, poco a poco, va creciendo. Enseguida será nombrado director.

Durante bastantes años, en C. J., existirán dos comités (o juntas) encargadas del cuidado y/o desarrollo de cada certamen: un comité de honor, el otro denominado como organizador. En el primero se encuentra Ricardo Muñoz Suay (director de la Filmoteca Valenciana), realizadores como Luis Garcia Berlanga, Fernando Trueba o Manuel Huerga, Andreu López (Conseller de Cultura), personalidades importantes tanto por sus trabajos en la Filmoteca Valenciana como en la Mostra de Cine Mediterraneo de Valencia, tales como Joan Alvarez, José Luis Forteza, José María Morera, sin olvidar a expertos en el campo de pedagogía de la imagen como Agustín García Matilla o, en fin, entre otros personas encargadas en televisión de áreas ligadas a la enseñanza como Blanca Alvárez o Alejandro Lavilla. El comité organizador, entre cuyos integrantes me encuentro, va acogiendo a expertos en diferentes ámbitos locales (Ayuntamiento, Universidad, Televisión, Filmoteca Valenciana, Fundación Municipal de Cine) tales como José Antonio Hurtado (desde prácticamente los inicios), Aurea Ortiz, Ángel San Martín (ambos incorporados en 1992). Posteriormente ambos comités darán paso al llamado asesor en el que se integran entre otros, a mitad de los años noventa, Iciar Bollaín, Vicente Tamarit, José Luis Forteza, José Antonio Ruiz Company, Miguel Agullo, Honorio Rancaño.

La presencia de ciertos realizadores de renombre para presentar películas, impartir conferencias, va dando crédito a un festival que crece año tras año. Por allí aparecen Monxo Armendáriz o Fernando Trueba, con el que contacté en 1990 en el Festival de cine de Alcalá, donde coincidí con él como jurado. Será Mario, director y alma mater de Cinema Jove, quien logrará que Fernando personalmente y a través de diversas amistades (directores jóvenes) se implique en el certamen.

No basta ya con las producciones escolares, debe irse más lejos, aunque estas también ayudan por la presencia de experiencias educativas de otros países, lo que nos lleva a realizar un intercambio de producciones como ocurrió con el certamen de Helsinki, a cuya ciudad me trasladé junto a Mario para dar a conocer nuestro certamen. Una inolvidable experiencia. Nos encontramos arropados por gente encantadora, que se desvivió para que nuestra estancia fuera agradable en un mayo cercano al inicio de los años 90. Nunca pensé que (recuerdo como entre aeropuerto y aeropuerto se urgía por megafonía mi presencia en uno de los mostradores del de Copenhague) la fría Finlandia fuera tan hospitalaria. Anécdotas curiosas como aquella del encuentro con un mexicano dedicado a dar clases de español (muy dados los naturales del país a aprender nuestro idioma), quien se enamoró (aparte de una nativa) de la inmensidad del sol del país (claro, llegó en pleno verano) pero cuyo invierno le sumió en una depresión. En aquel momento, con la inmediata puesta de largo del verano, volvía a renacer. Entrañables amigos aquellos que nos encontramos en la capital de Finlandia.

Interesantes fueron también mis varias visitas a lugares del Perigueux francés (especialmente a la bonita ciudad de Sarlat) donde asistimos también a encuentros escolares (alternando las proyecciones con interminables comidas en las que se unía, a veces, la del mediodía con la de la tarde: casi siempre pato, preparado de mil maneras). Imposible olvidar que el primero de esos encuentros, donde conocí a tanta gente estupenda, tuvo lugar en noviembre de 1989; lo sé, porque en la televisión del hotel donde me encontraba asistí asombrado y emocionado a la caída del muro de Berlín. Cine, comilonas y cultura (por la zona se desparrama el poderío de los castillos medievales con las variadas muestras artística de los primeros dibujos de nuestros antepasados) se aunaron en unos días maravillosos. Lo peor, o más ridículo, tuvo lugar en el viaje de vuelta de unos de esos viajes (siempre en coche) ante la actitud incalificablemente infantil de uno de los acompañantes simplemente porque no se cumplían, en esa vuelta, contra el parecer del resto, sus deseos. Por si aún no lo tenía claro esa actitud que nunca pensé de tal persona, me sirvió para reafirme en que cada uno de nosotros no es un único señor Hyde sino varios, uno, quizá para cada persona y para ocasión. Algo de eso también se refleja en el libro de marras sobre el 25 aniversario cuando algunos hablan de otros. Su descripción, sus palabras no coinciden ni siquiera con la que varios podemos tener de las variadas personas que se citan.

Mario a través de diferentes contactos, procurados gracias a sus trabajos en animación socio–cultural tanto fuera como dentro de España, fue tejiendo una importante red en diferentes lugares. La de Francia fue gracias a Jean Duplass de la liga francesa de la enseñanza. Una extraordinaria persona.

En 1991 editó el Certamen su primer catálogo, que reproducía en su inicio el cartel anunciador del festival, impactante para muchos jóvenes (como indica Rafael Maluenda en uno de sus artículos del libro editado al socaire de los 25 años de Cinema Jove): el dibujo de varios famosos directores (Buñuel, Welles, Hitch, Allen, Fellini… ) arropando a un jovencito (un futurible realizador).

La presencia de algunos curiosos cortos españoles va a propiciar desde ese momento una total relación de colaboración–amistad con el certamen. Inició este desfile Pablo Llorens y/o Juanma Bajo Ulloa. Después por Cinema Jove, por su sección de cortos, aparecerán Paco Plaza (nunca, como asegura, ganaría ningún premio pero es el más veterano, al menos, de todos ellos pues incluso presentaría producciones escolares visionadas en los primeros años del certamen), Alex de la Iglesia, Santiago Segura…

Será el buen realizador de cine de animación Pablo Llorens (varias veces premiado con el Goya al mejor corto de animación) quién se encargue, a partir de 1992, tanto del cartel del certamen como de la realización de unos divertidos spot anunciadores del evento con destino a cines y televisión.


Creciendo (1989-1996)

antiguo logo de Cinema JoveEn 1989 el certamen no sólo acoge experiencias (películas realizadas en centros educativos) docentes. Cuenta, en esos momentos ya con una sección de cortometrajes (en formato cine) y otra de vídeos nacionales.

1990 acoge además una serie de secciones especiales. La sección oficial de largometrajes se inicia en 1992. En 1995 se incluye una sección de videocreación grafismo electrónico e infografía y se abre el mercado del corto.

Naturalmente los colaboradores aumentan. Como secretario técnico se va a contar con Criso Renovel, como Jefe de Prensa Manuel Romo, mientras que Dora Martí aparece (en 1994) como subdirectora. A su vez Angela Molina se encarga del Certamen de vídeo, sobre todo del emergente de videocreación, mientras que la coordinación del mercado del corto corre a cargo de Piluca Baquero.


Sí, pero…

Circuito de F1 de ValenciaEl festival crece pero el impacto en la ciudad no es el esperado. Sí, en los jóvenes que llegan a presentar sus películas (y que al igual que aquellos que presentan las producciones escolares son invitados del festival lo que posibilita encuentros, intercambio con la gente), pero no en una proporción considerable. Se buscan soluciones pero no se detecta con exactitud donde gravita el problema. Se barajan, desde entonces, y se siguen barajando aún, varias alternativas, incluido el cambio de fecha, el propio reclamo del festival o, incluso, el cambio de nombre.

Lo primero, el cambio de fechas, se baraja en cuento el certamen cada dos años debe competir con campeonatos de fútbol (bien europeos o mundiales), algo que se agravará a partir de 2010 (pero eso aún ni se vislumbra en la lejanía de los años 90) con la competición de Formula 1, que tiene lugar en la propia ciudad de Valencia, lo cuál no perjudica en cuanto a una escasamente probable (en este caso) competencia, sino (sobre todo) por los problemas que se generan debido al alojamiento de las personas que acudan (invitados o no) al certamen: aumento de precio en los hoteles o falta de plazas hoteleras.

La forma de publicitar el certamen tanto en la ciudad como fuera, es otra cosa. Nada fácil. Hay que estar en los medios, intentar que se produzca una cierta colaboración, en los primeros años, con R.T.V.V., lo que posibilita que al menos la radio y la televisión autonómica se preocupen del festival. Incluso durante algunos años a la puerta del centro cultural de Bancaja, a donde se trasladan esos días las oficinas del certamen (secretarias, gabinete de prensa…), se instala un chiringuito de la radio autonómica para dar a conocer en directo diariamente a ciertas horas el latir del certamen. Por allí pasan los directores que presentan las obras, los colegios, se entrevista a invitados, se charla con los responsables de las diferentes secciones, se pide la valoración del director… El hecho de que en ciertos años actúen como presentadores de los momentos más destacables del certamen —incluidas las sesiones de inauguración y clausura—, Palomares y Rovira también es un referente a la hora de lograr que estemos presentes en R.T.V.V. Rovira, por fortuna para nosotros, quizá no para la audiencia que hubiéramos tenido si eso se dieses, no es aún el presentador de los inefables programas de cotilleo del ente.

En pocos sitios más tenemos lugar privilegiado. Tampoco lo tiene la Mostra a pesar de los años. Y es que aunque soñemos en ello, no somos ni el Festival de San Sebastián, ni el de Valladolid. La distancia con ellos aparece como insalvable. De todas maneras otros festivales de segunda o tercera fila comienzan a estar presentes en los medios. Nosotros, como máximo, alcanzamos pequeñas referencias en la prensa local que, poco a poco, se va ampliando, en algunos momentos, a la prensa nacional (con la presencia de realizadores importantes homenajeados). Siempre dominará, desgraciadamente, el mínimo espacio escrito. El gabinete de prensa se mueve sin parar para lograr que estemos en los medios. Con poca efectividad. Uno de los problemas es que los jefes de prensa del certamen (algo parecido ocurrirá con posteridad con la secretaria técnica) cambian prácticamente cada año por lo que resulta muy difícil lograr lo pretendido. Casi siempre debe comenzarse de cero. Por allí pasan entre otros el ya citado Manuel Romo, Jorge Castillejo, Jimmi Entraiguas, Eduardo Guillot…, mientras que como secretario técnico se logra contar nada menos que con Sigfrid Monleón.

En realidad los medios nacionales, en general, y no digamos las revistas especializadas de cine, no suelen enviar las plumas destacadas a certámenes que no sean de primera categoría. El nuestro no lo es. Si escriben, las revistas especializadas, algo será aprovechando que cuentan con una especie de corresponsales (o no) que tienen en la ciudad. ¿Y si poniendo en sus páginas publicidad del certamen podemos contar con qué se acuerden de nosotros? ¿No se puede llegar a un acuerdo con las revistas que suponga el yo te doy, tú me das? Parece ser que no, de todas formas poco a poco se iba hablando de nosotros... Y que aunque sea para mal siempre es importante la referencia. Todo menos el silencio.

Las carteleras de la ciudad en principio, también, nos dieron la espalda. Con la Turia se llegó a un acuerdo: publicar un amplio cuadernillo sobre el festival (programación, filmes destacados, secciones…) pagado por nosotros, pero que con ello nos abría la posibilidad de que al término del certamen aparecieran uno o dos artículos (cortos) en los que se pasaba revista a todo lo que en la semana de duración había acontecido y que normalmente se debían al hombre de los festivales de la publicación (por todos a los que acude), Antonio Llorens.


¿Qué pasa con el encuentro escolar?

Ángel San MartínAunque en estos años, con Mario en la dirección, coordino el apartado escolar, que siempre se tuvo claro era una parte del certamen, no algo ni aparte ni distinto, también me implico en la organización del resto del certamen. La verdad es que la mayor parte del equipo responsable nos involucramos en todo el desarrollos del mismo. La parte conforma el todo. Ese es uno de los grandes logros de Mario Viché durante los años en que dirigió el certamen. Digamos que se trata de aplicar al desarrollo del mismo unos claros planteamientos didácticos. El que ambos estemos dedicados a tareas docentes hace posible que se imprima al festival un especial carácter, ese que sobrevuela sobre los organizadores del festival y que les lleva a formar una piña. No se da un sólo paso importante adelante sin llegar antes a un consenso. Un ejemplo de este funcionamiento son, en los últimos años en los que Mario es director, las reuniones que tienen lugar todas las mañanas a primerísima hora (después de habernos acostado a las mil y una, todos estamos en nuestros puestos a las 8:30) para estudiar lo previsto para ese día: todo debe quedar perfectamente atado. Analizamos los más mínimos detalles, incluyendo salidas y llegadas de los invitados, cuál será el papel de cada uno a lo largo de la jornada… No sé si esa forma se siguió o sigue usando en las posteriores direcciones pues a partir de la llegada de los dos siguientes directores José Luis Rado, en parte, y de Rafael Maluenda, sobre todo, el festival funciona en departamentos estancos, independientes. Al menos ese parece ser el destino del apartado escolar. Es como si se le ninguneara, se le arrojara a los abismos siderales. Me refiero, claro, a los tiempos en los que permanecí en C.J. coordinando el apartado escolar, del resto poco puedo decir al menos directamente. Sólo por lo que me cuentan y observo. Lo cuál tampoco resulta satisfactorio: el apartado de grupos escolares (grupos audiovisuales de video) ni es conocido por los medios, ni por la mayoría de los asistentes, ni se trata de hacer realidad esa idea que se tuvo en los viejos tiempos: relacionar–integrar a los jóvenes escolares con los realizadores que presentaban sus largos y sus cortos en las S.O.

Esa integración la conseguimos, que recuerde, algunos años (tanto con Marío como con José Luis), al llevar a cabo, por ejemplo, unas mesas redondas entre escolares y cortometrajistas con proyecciones de ambos grupos y la posterior confrontación/debate de sus respectivas obras o en abrir estos los ojos a aquellos sobre la labor del cine profesional o, en definitiva, poder contar los escolares con especialistas traídos al certamen para realizar una serie de actividades como ocurrió con algunos talleres de animación. De todas formas nunca se logró una integración al cien por cien entre el encuentro escolar y el resto de Cinema Jove. Quizá porque alguno de los directores desconocieron y desconocen cuál era, es, debe ser, la verdadera función, sentido del apartado escolar más allá de haber sido la semilla creadora del certamen.

El certamen escolar, con todo, ocupó (no sé si aún) un lugar de privilegio, como lo demuestra el hecho de que durante años el recuento (suma) TOTAL de los asistentes que asistían a las distintas sesiones del encuentro superaba en número a los espectadores del resto de las otras secciones de Cinema Jove. Y eso que eran tres/cuatro días frente a siete.

Mientras Cinema Jove se iban agrandando con nuevas y nuevas secciones, el apartado escolar se desbordaba con una gran participación procedente de cualquier punto de España. Junto a las proyecciones escolares, había debates, actividades paralelas. Por él pasaron expertos/estudiosos teóricos y prácticos de aquí y de allá, profesores que trabajaban en la UNED intensamente el tema (Matilla, Aparici), los directores de los programas audiovisuales que existían o trataban de implantarse en los departamentos de educación de las distintas comunidades autónomas (uno de ellos, el que llevaba el programa de Canarias, César Yllera seguirá, desde su primer encuentro con el apartado escolar, acudiendo todos los años a Valencia para estar presente en el encuentro), los grupos que dentro de España o fuera estaban involucrados en ello… Hubo propuestas interesantes, discusiones al borde de una pelea más allá de las palabras…

Ante la avalancha de centros que querían presentar su obra en el certamen, tuve que echar mano de expertos que me ayudaran, se integraran de una forma u otra en el encuentro escolar. La persona elegida fue Ángel San Martín. Primero participando de la selección de películas (eran tantas las que recibíamos que era imposible proyectar todas) después acompañándome en la coordinación del encuentro escolar. Eso sí, durante años, nadie se preocupo de darnos, ni siquiera, una pequeña gratificación por nuestro trabajo. Algunos de fuera del certamen pensaron que el que llevara la coordinación del encuentro escolar se debía a que era el asesor de medios audiovisuales en el centro de profesores de Valencia. Uno y otro (inicio de Cinema Jove, apertura del C.E.P.) prácticamente coincidieron en el tiempo por lo que la deducción parecía lógica, pero no era así el encuentro escolar de Cinema Jove no tenía ninguna relación con el centro de profesores, salvo que yo me encontraba en ambos sitios en uno coordinando el encuentro, en el otro como formador de profesores en el marco del audiovisual. Tal duda llevo a ciertas personas no demasiado agradable (y no todas competentes en el campo audiovisual) a realizar un (abortado) intento de tomar al asalto el encuentro escolar cuando dejé el centro de profesores en 1998.

El encuentro escolar comenzó y siguió siempre fiel a la misma duración: tres días en los que eran invitados a estar en Valencia unos 3 o 4 alumnos/as por cada una de las películas que seleccionábamos ¿Qué hacer para no perder identidad, pero al mismo tiempo para no perder comba; es decir para que todo el mundo que venía a Cinema Jove supiera que existía un apartado centrado en las producciones escolares?

Lo primero consistió en realizar el encuentro antes del certamen general, de forma que su final coincidiera con el inicio de las secciones oficiales o no oficiales del certamen. Es decir el pistoletazo de salida de uno lo hicimos coincidir con el final del otro. ¿Por qué? Muy simple: en el acto (gala) inaugural de Cinema Jove se entregaban los premios escolares. De esa forma los medios, los asistentes conocían la existencia de una sección donde participaban niños y jóvenes que realizaban sus producciones en las aulas.

Años después decidimos que el encuentro formará parte, propiamente dicho, de Cinema Jove. Nuestra apuesta fue la siguiente: integrar el encuentro con la sección oficial, de tal manera que pudieran realizarse sesiones conjuntas entre ambos grupos, de esa forma cineastas profesionales podrían debatir con los escolares, estos incluso podrían participar en alguna de las actividades generales o los responsables de diferentes talleres que se impartieran en el certamen (especialmente, de animación) podrían dirigirse también a los escolares.

Se logró tímidamente, como quedó dicho durante… poco tiempo. También he comentado cómo evolucionó de un director a otro. Actualmente, pienso, aunque puedo equivocarme, que no existe relación alguna entre el encuentro audiovisual de jóvenes y el resto del certamen. Prueba de ello es que pocos de los que viven el certamen conocen de la existencia de ese encuentro. Una lástima.

Los escolares se sienten perdidos en la gran marabunta que suponen las múltiples actividades del festival. En vez de formar parte del gran espectáculo son como unos desheredados que reclaman su puesto desde la sección creadora del certamen. El hijo se está merendando al padre.


Avance para el próximo capítulo

Budd Boeticher, en Valencia1992. En el comité organizador se piensa en crear una nueva sección dedicada a homenajear a un autor consagrado: una especie de ejemplo para los jóvenes realizadores. Se barajan varios nombres. Defiendo la figura de Roger Corman como figura iniciática en este apartado. Y se me atiende. Se va a exigir que esta sección tenga en cuenta:
    • la obligada presencia in situ del correspondiente realizador durante la celebración del certamen; y • la proyección de prácticamente toda su filmografía, de lo que se encargará hacer realidad, desde ese momento, la filmoteca valenciana.

En el festival de 1993 pudimos contar, pues, con la presencia de Corman y su familia en Cinema Jove.

En 1994, a última hora nos encontramos con la imposibilidad de contar con Peter Bogdanovich, director en el que se pensaba para el siguiente año. En su lugar, se logra traer a Ben Gazzara, que trabajó con el director en la excelente Saint Jack (1979).

Noviembre 1994. Entre los directores finalistas para ser homenajeados en Valencia se encuentra otro de los directores propuestos por mí, Budd Boetticher. Existen ciertas reticencias porque se piensa que no es demasiado conocido, aparte de realizar demasiados western. Le une a Corman un cierto regusto por los rodajes rápidos, propios de un cierto cine serie B. Al final se aprueba que así sea: Boetticher será el elegido. Se plantea la posibilidad de escribir un libro sobre su obra. Me ofrezco a ello. Lo escribiré junto a Sabín en un tiempo record: más o menos cuatro meses. A Boetticher le enviaremos, a través de Thomas de la Cal, que era algo así como el representante del festival en Estados Unidos, una serie de preguntas para confeccionar una larga entrevista con el realizador norteamericano. El libro es el primero que se escribe sobre la obra completa de este director. Actualmente no sé si ha salido otro. Más allá de los años 2000 Cátedra entra en tratos para escribir un libro adecuado a su serie de directores. Avanzado el proyecto me veo obligado a abandonarlo: no me siento con fuerzas para volver sobre la obra del realizador.

Al año siguiente las miras del certamen se quedan en España. Se trata de homenajear a uno de los directores más jóvenes e innovadores de nuestro cine: Basilio Martín Patino. De escribir un libro sobre su cine también me encargaré personalmente. El tiempo de escritura supone un record respecto al anterior: tres meses. Patino, estoy casi seguro de ello, accede a que se escriba ese libro porque piensa que no seré capaz de escribirlo en tal corto espacio de tiempo. Se equivoca. El libro sale a tiempo, incluso, para ser presentado antes del comienzo del certamen.

En el año 2000 publico en Paidós, pero no para el festival, un completo análisis del filme de Billy Wilder El crepúsculo de los dioses, en su colección películas.

Dos años antes había dejado el C.E.P., entonces C.E.F.I.R.E., al tiempo que iniciaba con varios ex–alumnos de Cheste la aventura de hacer revivir la revista Encadenados, ahora en formato digital. Tres años después me despediré de Cinema Jove en cuanto coordinador del encuentro escolar. Pienso que ha llegado el momento de dejar la puerta abierta a otras personas que acompañen a Ángel San Martín en los próximos años.

Parte de lo indicado en este apartado lo trataré en los próximos capítulos de este serial sobre la historia de Cinema Jove. No de toda, sólo de la mía, de esa historia que corresponde a los años en que estuve y formé parte del latir anual del certamen.

1 comentario:

  1. UN VIEJO AMIGO SE SUMA A ESTE HOMENAJE

    Tras haber leído el interesante artículo de Adolfo Bellido, pionero impulsor de Cinema Jove, deseo aportar con este comentario mi granito de arena a esta conmemoración. Tanto Adolfo, como Marío Viché, como Ángel San Martín, o el propio Sabín, citado también por el autor de este artículo, han dado continuidad a una experiencia imprescindible.

    Aún recuerdo la experiencia de la Oficina de Pedagogía de la Imagen (OPPI) creada al amparo del Certamen de Cine Infantil y Juvenil de Gijón. Esa experiencia, previa a Cinema Jove, sirvió para que muchos amantes del cine y de la imagen como herramienta educomunicativa, nos reuniéramos anualmente y discutiéramos sobre la necesidad de incorporar la enseñanza de los medios en la escuela. No se trataba sólo de enseñar el Lenguaje de la Imagen, se trataba también de promover la libre expresión de niños y jóvenes. Cinema Jove recogió el guante y gracias a personas como Mario, Adolfo o Sabin Cinema Jove se convirtió en un referente. Muchos colaboramos desinteresadamente en esa iniciativa que ahora cumple la bonita cifra de 25 años. Unos y otros hemos seguido peleando porque la educomunicación tuviera un lugar en los diferentes niveles educativos. Sin embargo, en todos estos años no hemos llegado a conseguir que el sistema educativo asuma la verdadera importancia de contribuir a crear espctadores críticos y ciudadanos creativos, concienciados de promover una comunicación crítica y participativa.

    En estos momentos vivimos sin inmutarnos el desmantelamiento de la televisión pública y la protección a la, siempre en construcción, industria del audiovisual español no acaba de creer en el potencial aducativo de los medios de comunicación. Hoy más que nunca se hace imprescindible mantener, apoyar y desarrollar experiencias como Cinema Jove y evitar que nuestros jóvenes sean sometidos a los procesos de hipnósis de quienes pretenden mantener una sociedad anestesiada e insensible. Ojalá Cinema Jove tuviera la competencia en el futuro de otras múltiples experiencias germinales en toda España. Levanto mi copa para celebrar este aniversario, no sólo con Adolfo, Mario, Ángel o Sabín, también con todas aquellas personas que mantienen su convencimiento de que la comunicación audiovisual nos ayuda a mantenernos alertas en el ejercicio de un pensami ento crítico. Salud y un abrazo.

    Agustín García Matilla
    Catedrático de Comunicación Audivisual
    Universidad de Valladolid, Campus de Segovia

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