jueves, 1 de julio de 2010

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Crítica de Air Doll

Pfffffffffff... 1 2 3 4 5
Escribe Marcial Moreno

Air doll

Una muñeca hinchable cobra vida y sabe a conocer mundo, y, aunque ella no lo sabe, a ayudar al prójimo. Hay que tener mucha confianza en uno mismo para afrontar semejante historia sin miedo al ridículo. Porque a partir de aquí, o fundas un universo o todo se viene abajo. Kore-Eda no es cualquiera. Sus obras anteriores dejaron la impronta de un cineasta más que interesante, si bien el planteamiento sobre el que se asentaban las últimas era bien distinto al establecido aquí: un realismo familiar deja paso ahora a una gran metáfora con tintes fantásticos que pretende insertarse en lo real a través del significado alegórico con el que se la pretende dotar.

Air dollPero una metáfora, que no deja de ser una idea, no resuelve por sí misma una película. Cuando todo debe girar alrededor de ella acaba tornándose en lo contrario de lo que representa, esto es, en un relato discursivo. Porque, en el fondo, una vez agotada la sorpresa, una vez amortizado el significado de la muñeca andarina y parlanchina, no quedan más que adherencias impostadas a una imagen cuyo recorrido es mucho menor de lo que se pretende. Las ideas están, pero no se engarzan con credibilidad con el referente narrativo. Decir que todos necesitamos completarnos, o presentar a la muñeca (vacía) como la artífice de semejante tarea, puede resultar ingenioso, pero su trascendencia en el relato artístico es más que limitada, y su desarrollo se torna reiterativo por lo pobre.


Tampoco el trasfondo de la anécdota está a la altura. Las historias paralelas a la principal deber dar entidad al discurso fílmico, y al mismo tiempo construir un marco de referencia que lo trascienda. Esa trascendencia justifica muchas veces una película. Es más, muchas películas adquieren su sentido en la medida en que sirven como excusa para construir el marco que las arropa. Pero para ello los personajes y las situaciones con las que se teje deben poseer una entidad que aquí no existe. Nunca llegan a interesar verdaderamente los avatares que vive la fauna humana con la que la muñeca entra en contacto. Se trata de personajes planos cuyo interés no trasciende el voluntarismo que pretende sostenerlos. Y ni siquiera el entorno urbano en el que la historia acontece es capaz de suscitar atención, por mucho que se eche mano del recurso enfático de planos como el de los bancos frente a los rascacielos.

Air dollEl final, a lo Frank Capra, es ridículo. Se obró el milagro. Alguien muere para que otros se salven. El amor conduce a la muerte, pero ésta (no se sabe demasiado bien por qué) es fuente de salvación. Las resonancias bíblicas no pueden ocultar lo forzado que resulta todo, forzado, gratuito y arbitrario. Como decíamos, un mero discurso sin entidad cinematográfica, por mucha cadencia tristona que lo acompañe.

Pero al menos algo bueno posee la película. A saber: la constatación del magnetismo que desprende la actriz coreana Du-na Bae, a la que ya pudimos admirar en la estimable The host, de su compatriota Joon-ho Bong. Es sin duda un talento a seguir. Deberemos seguir también a Kore-Eda, y perdonarle este desliz. Aún le queda mucho del crédito que ganó en Still Walking y otras obras anteriores.



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