domingo, 22 de agosto de 2010

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Cinema Jove: 25 aniversario (VI)

Tras la pista de Budd Boetticher

Escribe Adolfo Bellido López


No se trató el tema de Budd Boetticher en Cinema Jove con un año de antelación (como se dice) pues fue a finales de octubre o primeros de noviembre de 1994, se trataba de contar con él para 1995. Ni doce, ni nueve, unos ocho meses desde la propuesta hasta la llegada del director, menos para que el libro esté a punto para la correspondiente edición del festival.

Budd Boetticher en Valencia, año 1995
Nadie pues, cuando se decide que sea Boetticher el director que venga a Valencia, tiene escrito ningún libro sobre su obra. En mí caso, como queda dicho, tenía diversos artículos escritos. Artículos que no fueron enviaos ni al director, ni a nadie para que diera el visto bueno para que el libro fuera escrito. No había materialmente tiempo para nada. Lo único que se le dijo al director, en un principio, por boca de Thomas, fue que un crítico, bueno dos, iban a escribir un libro sobre su obra. ¿Dos?

Propuse escribir el libro. Se aceptó. Pedí que Budd Boetticher si aceptaba venir a Valencia, confirmase también, con urgencia, su aceptación para que el libro se escribiese. A finales de noviembre nos llegó su conformidad. Entre medias había contactado con Sabín, del que he hablado en capítulos anteriores, para que colaborase conmigo en la escritura del libro. En el momento que Thomas comunicó que Budd Boetticher aceptaba la propuesta de Cinema Jove, ambos comenzamos a poner en marcha el plan de trabajo. El problema era nuestro trabajo cotidiano: el suyo en el Ayuntamiento de Puçol, el mío en el Centro de Profesores. Él, además, contaba con otra dificultad añadida: su mujer estaba embarazada. Su primer hijo nacería a finales de abril o primeros de mayo, justamente cuando el libro debería estar a punto de finalizarse. A pesar de los pesares y del poco tiempo con el que contamos, decidimos comprometernos, sacarlo adelante.

El contrato, nunca escrito, no era para saltar de alegría (nada de derechos de autor que recaían en la Filmoteca Valenciana, una única cantidad de doscientas mil pesetas, ningún refuerzo…), pero menos es nada. No hay que olvidar, como dijimos en el capítulo anterior, que en ese momento (ni siquiera por coordinar el apartado escolar), no recibía ni una sola peseta como gratificación por mi pequeña o grande contribución al festival (en la coordinación sobre todo del apartado escolar).

El dinero entregado por la escritura del libro era el total, que se repartiría entre ambos… aunque a la hora de la verdad algunos más se apuntaron al reparto. La razón era clara pues tuvimos que pedir ayuda a amigos para cubrir perfectamente un determinado área concerniente a buscar información, indagar en todo tipo de libros sobre la filmografía, sobre la vida, completar la bibliografía y filmografía de Budd Boetticher … De Sabín y mía fue la parte de análisis de películas, de la entrevista, de confrontar (tomar, rechazar) los datos que… desde Madrid investigaba y nos hacía llegar con una celeridad total otro ex-alumno de la laboral de Cheste, un gran amigo, experto montador de televisión española y un incansable ratón de bibliotecas. Él es Jesús Arranz, que también nos acompañaría en alguna otra aventura libresca.

Planteada la forma de trabajo, proponiéndonos plazos (tal cosa tiene que estar en tal fecha, en otra la siguiente….) procedimos Sabín y yo a redactar numerosas preguntas para que fueran contestadas por Budd Boetticher Fueron enviadas a Thomas para que hiciera participe de ellas al director y grabase sus respuestas. Eso sí, le pedimos que a primeros de febrero, como más tarde, debería estar la contestación en nuestro poder. Le hicimos otra petición: que nos hiciese llegar copia de algunas de las películas que teníamos problema para conseguir o que desconocíamos… como (cosa que así hizo) Arruza o My Kingom For…

Nos llegaron las películas, nos llegaban los datos que nos enviaba desde Madrid Jesús, principalmente, de la Filmoteca Nacional (también por nuestra parte procedíamos a investigar en la biblioteca de la filmoteca) y nos llegó la entrevista en directo y … en ingles del director. La maravillosa Dora Martí (actualmente trabaja en la Filmoteca Valenciana), entonces subdirectora de Cinema Jove, envió a traducir la entrevista… A primeros de marzo teníamos completa la traducción.

Cuando la escuchamos comprobamos que Budd Boetticher no sólo se alargaba enormemente en cada pregunta sino que además contestaba lo que le venía en gana. Casi nunca a lo que le preguntábamos. Eso sí, era muy dado a contar historietas, anécdotas. En sus palabras encontrábamos, lo que luego su presencia nos confirmaría: era una persona demasiado segura de sí misma, fuerte, engreída. Pose o no, pero en esa forma, está el creerse (convencido o no) alguien realmente importante.

¿Qué hacer después de oír la entrevista? Simplemente darle la vuelta. Es decir procedimos a rehacer la entrevista a través de las respuestas o sea que las respuestas dieron pie a las preguntas, no, pues, como se había planteado. De esa forma las largas respuestas pudieron aligerarse en el texto. Así, las larguísimas respuestas del director se dividían en tres o más preguntas.

El libro tenía que estar en imprenta para su publicación un determinado día en mayo. Debíamos sacar todo el texto, que Sabín y yo hemos pacientemente releído. Habíamos quedado en ir a la imprenta al día siguiente. Era por la tarde. No puedo contar con Sabín que es quién domina eso de la informática. Soy en ello menos que un lego, Sabín dirá que he sido su maestro en no sé cuantas cosas, pero en esto él es, para mí, un sumo sacerdote. Sabín ha llamado a casa y ha hablado con mi mujer. Le ha dicho que es ya abuela. En parte es verdad, pues Sabín es como un hijo. Me alegro cuando vuelvo a casa y me dan la noticia del nacimiento de Carlos. Lo peor es que ha nacido en el momento más inoportuno cuando al libro le faltaba… tanto así. No tengo claro que hacer. Se tiene que realizar una conversación informática, espero sea posible a menos que mi torpeza haya borrado no uno, sino varios ficheros. Si es así, el libro se habrá ido al cuerno.

Se me ocurre una solución: José Manuel Soler. Si él no lo soluciona, nadie lo hará. Soler es un buen amigo que trabajo conmigo varios años en el C.E.P. y que sabe bastante de informática. Como siempre, independiente de donde esté, de lo que tiene entre manos, acude a mi llamada. Un plis-plas y todo solucionado. Siempre agradecido José Manuel.

Al día siguiente puedo llevar todo el material, clasificado en bloques, a la imprenta. Queda por elegir la foto de portada, que será siempre a gusto del maquetador, entre varias propuestas nuestras, así como las diversas fotos que acompañaran el texto y que Budd Boetticher nos ha ido proporcionando.


Despistes, erratas junto a otras menudencias

Budd Boetticher en Valencia, año 1995
Cuando el libro está terminado comprobamos algo que no nos gusta. Las notas pensadas a pie de página, no van en el libro así, sino al final de cada uno de los capítulos. ¿Por qué no lo dijisteis? Acaso no es evidente. Parece ser que no se puede hacer nada, sólo queda que aguantarnos. Toca ahora la fea tarea de cuadrar el índice onomástico y de títulos. En total el libro consta de 13 capítulos con 334 páginas y bastantes fotos. Estamos contentos. Es el primer libro que se publica en todo el mundo sobre la obra completa de Budd Boetticher. Todo lo editado sobre él se ha concentrado (crítica de sus películas aparte) hasta nuestro libro, en estudios referidos a sus más celebrados títulos: la serie de siete que interpretase Randolph Scott.

De todas maneras el libro no es tan completo como quisiéramos. Algunos de los filmes los hemos revisado demasiado rápidamente e incluso alguno de ellos es analizado desde la memoria de una visión distante en el tiempo al no poder verlos ahora. Tenemos, pues, que retrotraernos a una visión de tiempo atrás. Con el problema que ello lleva consigo. De todas formas creemos que es un trabajo aceptable, bueno incluso, como así se reconoce en los posteriores comentarios que sobre libros de cine aparecen en diferentes publicaciones especializadas o en periódicos.

La posibilidad de lograr ese punto de inflexión definitivo y profundo (en ese momento teníamos a nuestra disposición toda la filmografía del director, incluido el documental The fleet that came to stay, 1944, que rodó durante la II Guerra Mundial para la marina norteamericana) se produjo años después cuando se nos propone a través de una editorial especializada en libros de cine, que re-escribamos (más bien hagamos uno nuevo) un libro sobre Budd Boetticher. Nos ponemos a ello, pero… nos vamos dando cuenta de la dificultad del proyecto: tratar de dar una nueva dimensión, visión o incluso amplificar la existente sobre algo que ya está hecho por nosotros mismos. Además, claramente, nos negamos a reproducir lo publicado. Después de un tiempo, decidimos renunciar.

Cuando nos entregan los primeros ejemplares del libro, llevamos unos a la filmoteca, para que los pueda ver su director, el excelente Ricardo Muñoz Suay, pozo de sabiduría, de gran memoria. Acumula dentro de él, no solo la fílmica sino parte de la histórica del país. En el camino me quedo petrificado. Acabo de echar un vistazo (simplemente) al índice. Desde allí me sonríe la primera errata, que se me agranda a ojos vistas. Se refiere a una película sobre la que se habla en el texto. La alusión es tal como fue escrita. Ni cuando se escribió, ni en las correcciones caímos en el error. Se trata de la película Lassie come home (la primera de la perra Lassie). Nada menos que le hemos otorgado el título de estreno en España de La barrera invisible (una película de Kazan) y no el que tuvo en realidad, La cadena invisible. Vaya chasco… ¿Será la única errata? Pues no, existen más. De esas erratas sacaremos una conclusión: no se debe intentar releer, para corregir errores, nada aunque sea a dúo, sin tiempo para reposar lo que se ha escrito. Si no se hace así, se leerá lo que uno cree que ha puesto, no lo que realmente ha puesto.

Cuando se lo cuento a Ricardo sonríe, no os preocupéis por eso. Existen libros que indican cuantas erratas existen en los libros. Las erratas están en función del número de páginas. Una de ellas (el cambio de un pie de foto) será la última que se nos señale: lo hará Budd Boetticher cuando nos encontremos días después con él en Valencia.

Las erratas, no demasiadas, bien es verdad, las encontramos en… la entrevista. Ciertos nombres de actores, que no quedaban claros en el texto sonoro, que no había manera de preguntarle, aclararle, al entrevistado, se adecuaron a lo que nos parecía más correcto. Que terminó siendo lo incorrecto.

Boetticher vería el libro por primera vez cuando, en pleno festival, llegó a Valencia. Fuimos, en una cena, los encargados de entregárselo. Su alegría era enorme mientras repasaba sus páginas: Esto es mío, de mis películas… Que bueno.


Presentación en dos tiempos

Budd Boetticher en Valencia, año 1995
Se decidió, como hacían y siguen haciendo otros festivales, realizar una presentación del festival en Madrid. Se invitaría a los diferentes medios (diarios, semanales, radio, televisión, generales, especializados) para darles cuenta del festival, de la estancia del Boetticher en Valencia al tiempo que se les entregaba el libro que habíamos escrito. Por motivos de trabajo Sabín no podía desplazarse. Me trasladaría junto a Mario y Manuel Romo a Madrid.

El libro está fresco… sólo hace tres días que nos entregaron los primeros ejemplares (ni siquiera la mitad de la edición total). El viaje lo efectuaríamos en el coche de Mario. Saldríamos por la mañana. La presentación se haría en la FNAC situada en la Plaza de Callao.

Me acerqué a la sede del Instituto de Juventud desde donde iniciaríamos la marcha. Desesperación. El viaje quedaba aplazado. Al menos de momento. E.T.A. había puesto una bomba en el edificio del popular centro. Por fortuna, sólo se habían producido daños materiales. Lógicamente allí no se puede celebrar el acto. De momento se procede a aplazarlo sin lugar… ni fecha. De todas maneras, en tiempo record, en unas horas, se logra realizar un cambio, que supone un traslado de lugar, de hora pero no de día.

Será a las ocho de la tarde en uno de los salones de actos del Museo Reina Sofía cuando tiene lugar la presentación. Allí estamos, en esa tarde, juntos antiguos amigos de mis tiempos madrileños, medios, gente que desconozco. Abrazos, flashes, entrevistas… No están todos los que, en un principio, iban a estar. No ha habido tiempo de avisar del cambio a todos los que se convocó en un principio.

A los asistentes, eso de la llegada del vaquero-torero Boetticher parece gustarles. Hace mucho que nada se sabía de él. No se entiende (ni entonces, ni ahora) porque su figura va arropada de una cierta mítica aureola. Quizá el haber sido vaquero y también torero —¡un torero norteamericano!— ayuda. Es sobradamente conocido, además de por La ley del hampa, por algunos de sus westerns, por sus (conocidas y desconocidas) frustradas o interesantes, películas taurinas, por su intento de poner en pie un (imposible) documental sobre su amigo Arruza, por sus mujeres (Debra Paget, Karen Steele…). Una vida la suya que, como su cine, es una aventura sin fin.

Se han puesto los cimientos para su llegada, para que entremos en contacto personal con él. Eso será posible poco después, durante Cinema Jove 1995. En Valencia estará varios días. Cenaremos, pasearemos con él y con su mujer, la rubísima Mary. Visitará en la Plaza de Toros de Valencia la escuela de tauromaquia, se presentará a los jóvenes asistentes al festival en una multitudinaria mesa redonda en la que presentaremos su libro. Contará cosas de su vida, algunas de las cuales las clasificará de top secret, que también contará a los demás o que nos volverá a repetir al día siguiente; sus secretos a voces.

Nos transmitirá en aquellos días de estancia su ansia de vida en pos de un una película (una especie de western moderno o un llanto por un género desaparecido) que piensa rodar… en España. Una ilusión que, sin duda, le mantiene vivo. Budd Boetticher es sin duda Budd Boetticher. Eso sí, lo primero que nos dirá cuando le conozcamos es: mi apellido se pronuncia «Botiker», que quede claro…

Sobre esa llegada, estancia y otras cosas… daremos cuenta en la próxima entrega.

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