viernes, 13 de agosto de 2010

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Crítica La vida en tiempos de guerra

Bienvenidos a la casa de Solondz  1  2  3  4  5 

Escribe Ferran Ramírez


La vida en tiempos de guerra


Recordemos tan sólo dos de las obras por las que recordamos esencialmente a Todd Solondz. Éstas son Bienvenidos a la casa de muñecas y Happiness. Ahora se estrena su nueva obra, La vida en tiempos de guerra. En ella asistimos a las miserias y penurias que ya había retratado Solondz. Un particular universo, marca de la casa, donde parece no existir la felicidad, ni la moralidad, ni la esperanza. Más bien su mundo se ve compulsivamente llevado a la desesperación existencial, al desasosiego más rebelde y severo.

Y es que La vida en tiempos de guerra es una especie de pseudo-secuela de Happiness, filme incómodo donde los haya, donde unos personajes caricaturizados y profundamente patéticos paseaban sus (des)gracias por doquier. Aquí repetimos el mismo esquema y eso... ¿es bueno o malo? Pues dependerá de quien gozara de la irritación de esa obra primigenia, de la que ya han pasado doce años, o de quien la detestara, que también hubieron unos cuantos.

Para quien esto suscribe, que nunca fue un gran admirador del susodicho germen anti-felicidad, poco sentido tiene esta falsa secuela que pretende una puesta al día para, simplemente, decirnos que aquel grupo de personajes caídos en desgracia no podrá nunca levantar la cabeza del barro. No hay redención posible porque Solondz tampoco la pretende. Esta es, visto su nuevo trabajo, la conclusión que se puede obtener para volver a insuflar vida a aquellos dramatis personae cosecha del 98.

Con todo, y ahora viene la parte redentora en la que Solondz parece no creer ni querer creer, posiblemente La vida en tiempos de guerra podría considerarse la mejor obra del realizador hasta la fecha, la más madura, la más completa. Como ya sucediera con aquella Happiness, asistimos a unas interpretaciones impecables, que indagan en el lado más tremebundo de los vínculos afectivo-familiares. Bien parece que todos los personajes sean alter-egos de su creador, quien no escatima en condescendencias con él mismo para volver a encontrar algo que decir en el panorama actual.

Solondz realiza una obra provocadora que recorre las peligrosas esquinas de la voluntad y la desdicha humanas y lanza dardos envenenados contra la hipocresía y las convenciones éticas de una sociedad que se derrumba por momentos. Lo que cuenta es trágico e inmediato, sin concesiones, haciendo de la comedia negra su propio, aunque decadente, arte de vanguardia. Algunas secuencias, incluso, apuntan el afán de pretender renovar su propio cine, que venía años dando síntomas de agonía. Imposible de ser tragada con liviandad, susceptible de ser engullida con fervor, La vida en tiempos de guerra es otro compendio de indigencias y vergüenzas personales que, si bien repite el esquema de su predecesora, parece hacerlo con un mayor realce, aunque Solondz se empeñe en reiterar mensajes y en seguir sin ofrecernos una verdadera gran obra. Aunque ésta bien podría haberlo sido.


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