domingo, 12 de septiembre de 2010

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Claude Chabrol (1930 - 2010)

Adiós al irónico cineaste fustigador de la burguesía

Escribe Mister Arkadin


Nos ha sorprendido la muerte de Claude Chabrol, en este domingo 12 de septiembre de 2010. Por inesperada.

Dentro de un mes, más o menos, la Seminci vallisoletana iba a entregar una Espiga de Oro por toda su labor al gran realizador parisino. Pondrían algunas de sus películas y se publicaría un libro en el que se analizaría su fecunda obra.

Esperamos que ese homenaje no se pare ante su fallecimiento. Su obra, varias de sus extraordinarias (otras no tanto) películas, estarán allí presentes, vivas como seguirán estando en el futuro. Obras eternas e inmortales de hombre mortales.

Casos como el suyo, un festival preparando un homenaje a un director que fallece antes que se lleve a cabo, han ocurrido en el pasado. Por ejemplo, aquí mismo en Valencia, Cinema Jove hace unos años, iba a homenajear a George Sidney, pero el realizador murió antes de viajar a Valencia.


Claude Chabrol


Sus primeros pasos

Chabrol nació en París en junio de 1930. Sus padres eran farmacéuticos. Estudió Letras y Farmacia, pero su destino iba por otro lado. Le gustaba el cine. Su madre le aconsejaba que no se metiera en ese oficio que era propio de homosexuales. Un consejo rotundo procedente de una mente pequeña burguesa que le llevó, sin duda, junto a otras cosas vividas, a disparar dardos envenenados contra esa (hipócrita) clase que tan bien conocía.

A lo largo de su carrera ni siquiera la Academia de cine francés le ha concedido un César. Pero eso sí, han concedido varios a películas que jamás aparecerán en ninguna historia del cine. Problema de los galardones, de los premios. Tampoco su querido Alfred Hitchcock, del que escribió (junto a Rohmer) un apasionado análisis de su obra, recibió nunca un Óscar oficial como realizador (sólo una de sus películas, no la mejor, Rebeca recibiría una serie de Óscar, pero no a quién la había realizado). Sólo cuando la Academia de Hollywood comprobó que le quedaba poco de vida, decidió concederle un Óscar honorífico por toda su obra. Sí, Chabrol ganaría premios en dos certámenes, tampoco por sus mejores obras: Los primos (una de sus primeros filmes) en Berlín, No va más (ya al final de los años noventa) en San Sebastián.

No estudió en ninguna escuela de cine. Su escuela eran las salas de cine. Las decenas y decenas de películas que veía y comentaba de forma exhaustiva con una serie de compañeros críticos como él de una publicación que sería mítica: Cahiers du cinema. Allí estaban Godard (por cierto el próximo Óscar honorífico de la Academia), Truffaut, Rohmer, Rivette…

Una herencia afortunada le abrió, como a Truffaut, las puertas del cine. Primero produjo y colaboró en el guión del cortometraje de Rivette, Le coup de berger (1956). Luego inició, dos años después, su carrera como director con El bello Sergio (1959). Al parecer en aquel rodaje tenía escasas nociones técnicas pero si poseía muchas ideas. Como sus compañeros. Se cuenta que cuando llegó al plató y le entregaron —en el primer día de rodaje— un visor, preguntó que por dónde ser miraba. La técnica era lo de menos, se aprendía. Como él lo hizo, estupendamente, a lo largo de más de cincuentas años en los que dirigió cerca de 80 películas, varias de ellas para televisión, escribió más de cincuenta guiones y apareció como actor (secundario, simple presencia) en otras cincuenta y tantas.

Sus primeras películas hablan de la juventud burguesa. Títulos como el citado El bello Sergio, Los primos (1959) o Las bellas mujeres (1960) son filmes de tesis, con una cierta ironía, propia del realizador, pero en los que aún ni ha adquirido un estilo personal, ni sus garras son afiladas.


Hacía la madurez

Landrú, casi un filme imposible de hacer teniendo en cuenta que una de las obras maestras de Chaplin ha presentado a ese personaje (Monsieur Verdoux), deja abiertas nuevas posibilidades a su cine, abriéndolo hacía el policial.

Las posteriores y juguetonas, una manera de aprender a dominar la técnica, El tigre (1964), Marie Chantal contra el doctor Kha (1965) y El tigre se perfuma con dinamita (1965) abrirán el telón a una obra más sólida, critica, irónica sobre una burguesía que se dispone a realizar sus malas acciones en familia, sin que salga fuera de su entorno o hundiéndose se absurdos problemas de (mala) conciencia. Juegos sobre la hipocresía burguesa que se acomodan a veces a autores de serie negra (desde Simenon —Los fantasmas del sombrerero, 1962— a Patricia Highsmisth —El grito de la lechuza, 1987—. Desde ese momento en todos sus filmes se encontrará una clara (pero matizada) referencia al amado cine de don Alfredo.

El final de los años sesenta realiza una serie de importantes obras interpretadas la mayoría por la que en aquellos momentos era su mujer, Stéphane Audran. Se trata de La mujer infiel (1969), El carnicero (1970), La ruptura (1970), Al anochecer (1971). En La década prodigiosa (1971), inspirada en una novela de Ellery Queen, podrá tener como actor a otro de sus ídolos, Orson Welles. Los títulos de algunas de sus películas dejan claras sus intenciones: Relaciones sangrientas (1973), Inocentes con manos sucias (1976), Locuras de un matrimonio burgués (1976).

Ácido, critico, defensor de mujeres indefensas, fustigadores de las malas conciencias burguesas, Chabrol realiza películas tan militantes como Violette Nozière (donde trabajará con Isabelle Huppert, actriz que intervendrá en seis películas suyas), Asunto de mujeres (1988), Madame Bovary (1991), El infierno (1994) o La ceremonia (1995).

En sus últimos años es capaz aún de darnos filmes tan notables como Gracias por el chocolate (2000), La flor del mal (2003), La dama de honor (2004), Borrachera de poder (2006). De 2009, aún sin estrenar en España, es Bellarmi, con Depardieu como protagonista. Su despedida del cine.


¿Qué nos queda de la nouvelle vague?

Con Chabrol desaparece otra figura de la nouvelle vague. Tan solo Rivette (al que también, junto a otros compañeros, produjo la casi inacabable —por el tiempo que tardó en rodarse— París nos pertenece), Godard, Agnes Varda… permanecen vivos. Personas de un movimiento que supuso al final de los años cincuenta una ventana abierta al aire fresco de la renovación. Puede ser que se equivocaran en muchas cosas. Que lo hicieron, como en la defensa a ultranza de la (poco consistente) política de autor. Pero sus logros, sus ideas revolucionarios, su novedosa visión del cine, fueron tan importantes que hacen olvidar cualquiera de sus errores. Quien no los comete.

Amante del buen cine, de la buena comida (se dice que buscaba lugares para rodar sus películas donde sabía existían excelentes restaurantes), del vino, de las mujeres y de la vida, el cine de Chabrol es un ejemplo, como su existencia, de vitalidad.

4 comentarios:

  1. Era un bueb director...cuando le apetecía. Trabajo con grandes actrices. Crítico, tocado por el cine de Hitchcock, irreverente... A veces genial. Una gran perdida para el cine

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  2. En una mordaz crítica de los "pecados" burgueses convendría también recordar Accidente sin huella, realizada en un momnento en el que su cine resplandecía (los años 70). Título español que no decía todo lo que indicaba su título original, Que la bête meure. Estaba inspirada en la obra de un autor de novela policiaca, Nicholas Blake.Un mordaz pélícula sobre los usos burgueses....

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  3. Al hablar de la nouvelle vague no estaría mal recordar a alguien que aunque venía de "otros mundos" (realizar cortos, por ejemplo)es unaa de las grandes figuras del movimiento francés. Y aún que sepa, está vivo. Es Alain Resnais. Uno de los grandes realizadores, e innovadores (no tanto como Godard) del cine ´moderno francés

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  4. Se va una generación que conocía y amaba el cine clásico y que supo innovar partiendo precisamente deese conocimiento y de ese amor por el cine.

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