viernes, 22 de octubre de 2010

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Ignasi Guardans, director de cinematografía, destituido

El hombre del (negativo) consenso



El mismo día que el Ministerio de Cultura sufre un importante revés al considerar el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE) que la ley del canon digital, uno de los proyectos fuertes del organismo, está fuera de la legislación, se suma al ruido mediático el cese de Ignasi Guardans como director general del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA). Guardans desembarcaba en abril de 2009 para desbloquear la ley del cine español, escollo que le costó el puesto a su antecesor, Fernando Lara. Tras este año en el puesto Guardans se va, cesado, debido a la perdida de confianza de la persona que le nombro, la ministra González-Sinde.

Ignasi Guardans, venía avalado por su excelente trayectoria como diputado de Convergència i Unió (CiU) en el Parlamento Europeo y parecía la persona capaz de sacar adelante la tarea encomendada. Aportaba, además, un perfil independiente y era un conocedor de las nuevas tecnologías, contaba con su blog y él mismo ha comunicado su cesa a través de su Twitter.

Pero nada más tomar posesión empezaron los problemas con el desarrollo legal que iba conformando sobre la ley del cine español (publicada en el año 2007). El principal problema fue el eterno tema de las subvenciones pues, constatando que hay una parte de producciones subvencionadas que no llegan al espectador, se apostó por el fomento de un tipo de cine de mayor presupuesto, entendiendo que esta clase de películas sí llegan al espectador. Publicada la orden ministerial a finales de octubre de 2009, Guardans consiguió algo insólito en el cine español: estableció un consenso. Eso sí, consenso negativo pues todos los implicados, desde productores a profesionales, estaban en desacuerdo con la normativa.


Además, para los productores fue un momento angustioso pues las ayudas terminaron en noviembre de 2009 en l aComisión Europea para su revisión, lo que significó una paralización durante un tiempo de las subvenciones. Tampoco gustó a gran parte de los realizadores que agrupados bajo el nombre de Cineastas contra la Orden ejercieron todo su poder contra Guardans y la Ministra (fueron los que recurrieron a Europa para ver la legalidad o no del texto) por entender que se primaba el cine comercial frente a las obras más arriesgadas o personales. Tras un par de meses en el dique seco, las ayudas fueron desbloquedas al considerar la Comisión Europea que eran compatibles con el régimen de ayudas comunitario. Pero la escisión ya estaba creada en el seno de los profesionales del cine. La inclusión de otros detalles como la discriminación positiva hacia las mujeres cineastas no contó ni con la aprobación de las propias mujeres, creando una polémica que terminó por perjudicar a todo el sector.

Ahora, esas diferencias con la responsable del Ministerio de Cultura provocan la caída de quien venía para apaciguar el sector y ordenarlo mediante el desarrollo legislativo de la ley del cine. No parece que la tarea esté cumplida,. Y mientras tanto el cine español acuciado por el recorte presupuestario, el acoso de la tecnología (piratería, digitalización de las salas de cine), la falta de sintonía con el espectador, etc. Si se echa la vista para atrás, nada nuevo.

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