domingo, 25 de noviembre de 2012

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José Luis Borau, adios a un clásico


En mi vida no he hecho más que leer y ver películas
(José Luis Borau)
Este pasado 23 de noviembre de 2012 murió el director de cine José Luis Borau. En realidad el término director apunta únicamente a una parte de su actividad pues Borau fue guionista, productor, actor, crítico, profesor, novelista y ejercicio su labor en instituciones como la Academia del Cine, de la que fue su presidente entre 1994 y 1998, o miembro de la Real Academia de la Lengua (ocupaba la silla B de la RAE).

Nacido en 1929 y perteneciente a la generación de directores que comenzaron a dirigir sobre el año 1960 (Patino, Saura, Picazo, Camús, etc.) y que se englobaron bajo el término de nuevo cine español, Borau siguió un camino independiente, propio y alejado de modas (similar a Patino) que, tras su cortometraje para la práctica de fin de curso, En el río (1960), comienza con una adscripción al cine de género, el western en Brandy (1965) y el policiaco en Crimen de doble filo (1964), quizá por su pasión por las estructuras clásicas del cine nortemericano.
Hay que matar a B

Con Hay que matar a B (1973), una producción llena de dificultades, daría el salta a la internalización (coproducción, actores extranjeros, rodaje en diferentes países, etc.) para crear un producto atípico en nuestro cine.  La coproducción la ensayaría también con La sabina (1976) y con Río abajo (On the line, 1984). En este filme quiso contratar a Orson Welles para rendirle  homenaje por Sed de mal, finalmente los innumerables problemas de producción lo impedirían, pero esos problemas de producción y postproducción de Río abajo quizá fueron el mejor homenaje a Welles.

Furtivos (1975), rodada en el quicio de la España de la dictadura de Franco y la España democrática que se avistaba ya en el horizonte, fue su mayor éxito. Es el momento en que la trayectoria del cineasta y el momento histórico coinciden, convirtiéndose en una obra clave en el cine de la transición. El  bosque donde transcurre la película venía a simbolizar nuestra España metaforizada en un guión coescrito por Manuel Gutierrez Aragón.


Tras la experiencia fallida de La sabina y la caotica producción de Río abajo, Borau retornaría al primer plano de la actualidad cinematográfica con Tata mía (1986), trabajaría en televisión con la serie Celia y terminaría dirigiendo dos películas que pasaron un tanto desapercibidas, Niño nadie (1997) y Leo (2000).

La semana pasada se presentaba el libro de Bernardo Sánchez con un título que la reciente muerte de Borau se ha encargado de certificar José Luis Borau. La vida no da para más. Para quien desee profundizar en la obra de Borau nosotros recomendamos el libro escrito por Carlos F. Heredero,  José Luis Borau. Teoría y práctica de un cineasta, editado por la Filmoteca de España en 1990, y donde se repasa minuciosamente toda la trayectoria como director pero también todos sus trabajos como guionista, actor, productor, director de publicidad, crítico, etc.

Borau y sus manos blancas durante los Goya de 1998

Se ha ido un grande de nuestro cine y de nuestra cultura, un autor imbricado en todas las parcelas cinematográficas y una persona que se guiaba bajo los parámetros de la independencia, el compromiso y su fidelidad al cine clásico.

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