miércoles, 17 de febrero de 2010

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Crítica de El hombre lobo

Matar al padre 1 2 3 4 5
Escribe Purilia

Cartel de El hombre lobo
Esta nueva versión del hombre lobo, a falta de una obra literaria canónica de inspiración que acapare la representación del mito del licántropo con verosimilitud, se apoya en un prototipo del mismo desarrollado para el cine hace siete décadas. La Universal revisa uno de sus títulos clásicos, revitalizando la figura de aquel monstruo de doble naturaleza, adaptado a los nuevos tiempos pero sin perder la esencia de la leyenda original.

Sinopsis

El hombre loboTras varios años de ausencia Lawrence Talbot vuelve a la mansión familiar en Blackmoor, para ayudar en la búsqueda de su hermano desaparecido, requerido por su prometida Gwen Conliffe. Para el joven la vuelta a la vieja mansión, de donde salió cuando aún era un niño, traumatizado por la trágica muerte de su madre, supone un reencuentro con su pasado y con su padre, sir John Talbot, un hombre desaseado, severo y distante que le acoge con frialdad.

La aparición del cadáver de su hermano asesinado de una forma brutal conduce sus pesquisas hacía un campamento gitano cercano, donde es atacado por una extraña fiera que le hiere gravemente. La gitana Maleva conocedora de la maldición cura sus heridas y Gwen le cuida durante su recuperación. A partir de ese momento, durante las noches de luna llena, Lawrence se transforma, de forma involuntaria, en una bestia salvaje, mitad lobo, mitad hombre, que amedrenta a la población.

Su padre, poseedor de la misma maldición, lejos de ayudarle, propicia que su hijo sea detenido y torturado en el manicomio para extirparle las alucinaciones licantrópicas. Pero ante el asombro y terror de la comunidad científica, Lawrence demuestra que su transformación es real y se escapa. El inspector Aberline, escéptico al principio se ve obligado a creer y perseguirle, por las calles de Londres. Gwen le protege sabiendo que su amor es imposible.

Lawrence regresa a Blackmoor para enfrentarse con su padre en una lucha a muerte que él gana. En su huída se encuentra con Gwen, en el bosque, que con amor consigue aplacar por unos instantes su instinto asesino, pero, está escrito que para liberarle de la maldición sólo existe una posibilidad.

Los antecedentes

Basada en la película The Wolf Man, dirigida por George Waggner para la Universal en 1941, esta revisión del mito le rinde homenaje y mantiene la fidelidad al espíritu de la original, pero haciendo ciertas aportaciones y dándole un toque moderno.

Las películas de la Universal, aunque no fueron las primeras, reescribieron para la pantalla el mito del licántropo estableciendo algunas constantes, que a falta de una obra literaria de referencia canónica (como ocurrió con el Drácula de Stocker o el Frankenstein de Mary Shelley), se mantuvieron inalterables en versiones posteriores.

El guión original de la cinta de referencia fue escrito por Curt Siodmak, después de un escrupuloso trabajo de investigación documental sobre el tema y su visión trágico-psicológica del monstruo está inspirada en la personalidad de su protagonista Lon Channey Jr.

Los personajes relevantes de la versión original se mantienen en esta revisión: Lawrence, su padre Sir John, su amada Gwen Conliffe y la gitana Maleva. En cuanto al inspector Aberline, hace las veces del inspector Paul Montford que en aquélla interpretara Ralph Bellamy.

Otras aportaciones suyas son: el famoso poema, recitado por Lawrence en esta versión, cuando llega al castillo, la vulnerabilidad a la plata de los hombre-lobo, la marca del pentáculo, el bastón con empuñadura de plata que reproduce una cabeza de lobo, etc.

También fue aportación del hombre-lobo de la Universal la caracterización híbrida del personaje, el caminar erecto como un hombre pero con pelo, dientes y garras de lobo y, en versiones posteriores, su transformación involuntaria bajo la luna llena.

Cambios sustanciales

El hombre loboRespetando el guión de Siodmak, los nuevos guionistas Andrew Walker y David Self han dado un mayor contenido a la historia al introducir la compleja relación padre-hijo y las causas que la provocan, además de dotar de una mayor profundidad psicológica a cada uno de ellos.

Los personajes de la antigua versión son menos complejos, no hay rencor ni resentimiento en ellos por el distanciamiento sufrido y existe en el padre un sentimiento protector hacía su hijo. En ésta la separación es fruto de un oscuro secreto y el padre un opresor despiadado.

Otros cambios sustanciales son: la ambientación gótica de la película, que gana en misterio, terror y credibilidad, pasando de los años cuarenta del siglo XX a la Inglaterra victoriana de finales del siglo XIX; y el aspecto del monstruo y su transformación que gana en verosimilitud gracias a la perfecta combinación de maquillaje y efectos especiales.

Matar al padre

La gran aportación dramática de esta nueva versión es el desarrollo de la traumática relación paterno-filial. El padre es un maltratador y un asesino y además goza con ello. La hostilidad de su hijo hacía él procede del dolor reprimido y del conocimiento de su culpabilidad por la muerte de su madre. El hijo que conoce la verdad, traumatizado e incapaz de asimilar en su mente infantil el horror, es torturado por el padre para que olvide y expulsado del hogar familiar.

Para el padre, los hijos son sus rivales naturales, pero Lawrence es además un enemigo. El enfrentamiento es inevitable cuando el niño crece y el hombre vuelve para ajustar cuentas con su pasado y con el deseo reprimido desde la infancia. Ahora es capaz de ver a su padre como lo que es, un monstruo despiadado y enloquecido y matarlo es mucho más que una metáfora psicoanalítica, es una obligación, una necesidad.

No es casual que Lawrence esté interpretando a Hamlet en el teatro. Mientras en Edipo la fantasía se materializa, Hamlet representa la represión del deseo de matar al padre y la supresión del deseo sexual hacía la mujer amada.

Un amor prohibido
El hombre lobo
La relación entre Lawrence y Gwen no es una historia de amor humana, no sólo porque él sea una fiera; es una historia de amor prohibido, imposible, precisamente por la representación que ella asume.

Gwen es la nueva versión de la madre en la que ambos hermanos vierten el amor que sentían por aquélla, al serles arrebatada. No sabemos nada de cómo Ben ha vivido su infancia y juventud, pero intuimos que tampoco él ha hecho bien la transferencia de sus deseos infantiles hacia la madre, porque ha buscado una novia parecida a ella.

Lawrence repite el comportamiento de su hermano. Traumatizado por el desamparo materno se ha quedado anclado en aquella fase de su desarrollo en el que el complejo de Edipo predominaba, sin poder desviar sus impulsos se ella. Ahora conoce a Gwen y ambos se enamoran pero en su amor subyace el poso de lo que realmente representan el uno para el otro.

No es sólo Lawrence el que la siente otra, también ella actúa como si fuera esa otra que él recuerda. Cuando es atacado por la bestia, Gwen vuelve a Blackmoor para cuidarle (como lo haría una madre) y entonces la relación entre ambos se estrecha. Después le pide que se marche para no dañarla ni física ni emocionalmente, pero vuelve a ella para que le esconda/proteja cuando es perseguido por la ciudad (como haría un niño que busca la protección materna).

Finalmente, ella corre a su encuentro presintiendo la tragedia y en una prueba de amor infinito, toma la iniciativa y actúa, de nuevo, como sólo lo haría una madre, sacrificando su amor y la vida del ser amado a cambio de la paz de su alma.

Conclusión

Comparada con la obra de referencia a la que rinde homenaje (de apenas setenta minutos y en B/N) esta versión, en color, es más larga, profunda y poética, con una trama más elaborada (la relación paterno-filial y entre los enamorados da prestancia al producto), más rica en matices (aunque con alguna secuencia absurda), mejor ambientada (el clima gótico tenebroso da credibilidad a la historia), más misteriosa y terrorífica (siempre de agradecer). Gana también en espectacularidad, (gracias al elaborado maquillaje y a los efectos especiales), violencia gratuita (demasiada casquería innecesaria) e intensidad psicológica e interpretativa.

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